domingo, 29 de junio de 2008

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN NOCHE DE INSOMNIO, A MORENO GALVÁN

A Francisco Moreno Galván, allá en los cielos.

Preámbulo absurdo e inoportuno: Tendría que estar contenta, orgullosa y muchas más cosas porque me han dado el Premio Moreno Galván de Letra Flamenca, en la Puebla de Cazalla, y de verdad que lo estoy, por el nombre que ostenta dicho premio y porque el dinerillo no viene mal a los poetas o parias del flamenco, pero tanto o más contenta me he puesto al ver cómo con sudores y con el maravilloso invento del riego a goteo han crecido unos tomates buenísimos en mi pequeña huerta y hoy me han dado la oportunidad de invitar con ellos a mis consuegros a un picadillo que nos ha sabido a gloria. Un botijo que hace el agua muy fresquita presidía la mesa. Mi hijo ha traído un plato de jamón cortadito, sólo para comer, excelentemente; mi nuera, una tarta de manzana con caramelo y unos medallones de solomillo que mi compañero a puesto en una barbacoa que hizo mi padre con sus manos y que este mediodía he puesto a punto con rastrojos y leños propios. Y ustedes dirán que porqué cuento esto, si a nadie le importa, si el que más y el que menos hoy ha disfrutado con iguales y mejores atractivos el día. Pues por eso lo cuento. Porque no había hielo en las gasolineras, porque vivimos una vida de lujo hasta en las familias humildes, porque no ha cesado el grifo de la parcela de arriba llenando su piscina y dos casas más abajo han tenido una fiesta, en la piscina, con tal jaleo que no nos han permitido dar ni una cabezada. Muchas horas de martirio musical han desembocado en meditación sobre el agua, el respeto y la vida. Lo que me asombra es que ambos propietarios pertenezcan activamente a grupos políticos opuestos, de los que nos quieren dar ejemplos diestros y siniestros. Y tengo una rabia…Nada, que no se puede ser feliz en silencio ni sin piscina. África parece que queda lejos pero los nuevos ricos están a la vuelta de la esquina. Andamos apañados.


Meditación.-

Meditando y transcribiendo en noche de insomnio, con María La Veleña en mi conciencia como una rosa fragante, me doy a la descritura del alma porque así me lo pide el cuerpo

Cuando abrimos un grifo y sale agua, imagino que habrá mucha gente que, como yo, agradezca el ciclo de las aguas: cielo, mar, nube, lluvia, rocío…, que se acuerde del zahorí, del artesano del barro que hace botijos, del constructor de las presas y pantanos, del mundo romano y sus acueductos, de Tomás Gryll, inventor del mecanismo, y de tanta comodidad como brinda la sociedad actual. Por tanto, imagino que, como yo, mucha gente también dará las gracias a todos ellos por el deleite de una ducha o de un trago de agua, por la suerte de las coordenadas donde vino al mundo y, si es creyente, alabará al Dios de la Creación y al segundo de sus días hábiles. Vaya, que si no se piensa y agradece cuando se abre un grifo, debería de salir arena por él, sólo entonces miraríamos al cielo y, ante el miedo, agacharíamos la cabeza y nos meteríamos la altanería en donde nos cupiera. Seguro que comenzaríamos a pensar en todo el proceso que nos ha llevado a este maravilloso estado en el que vivimos por aquí, por esta parte privilegiada del mundo. No estaba equivocado el que llamó a esta tierra Ciudad del Paraíso, ni pizca de loco estaba este Vicente.


Cuando empiezas a aceptar la época del año que vives y acoges el calor con la misma mansedumbre que el frío, la hoja nueva igual que la caída y arrastrada por el viento; cuando el lenguaje común se torna ajeno al vocabulario que te es propio, cuando no te reconoces ante el espejo y eres más feliz con el silencio que con la gente, es síntoma de que dejas de pertenecer al mundo para empezar a ser tú, a ser la soledad misma, o sea, más nada y por tanto más cosmos y más luz. Vaya, que no sé porqué nos cuesta tantas lágrimas y tantos años alcanzar la conquista que debiera ser el estado natural de los seres humanos: Ser.

Cuando el estado de un alma es reposo o acción precisa, observación y creación, cuando tus ojos presencian cada amanecer confundidos en la luz, siendo parte necesaria de la sombra y por tanto de la belleza del mundo, cuando la paz llega a través de lo cotidiano, de lo insignificante, o lo que es lo mismo, de lo infinito y milagroso; cuando el placer lo proporciona el contacto con los verdes positivos de las pimenteras, con la menuda flor amarilla del tomate, con la inmaculada de la patata y los golpes de cólera vienen provocados por la fecundidad inútil y contaminante del árbol de los dioses, o del mirlo, usurpador y descarado, podemos decir que estamos rozando la gracia plena, el don de los dones, la vida y la conciencia de que te posee.

Cuando los vínculos son cada vez más estrechos con la tierra y menos con la carne, cuando hijos y sangre propia dejan de ser lazos de horca para ser vuelo conjunto, afinidad, amistad y compañía en el viaje; cuando el sexo dice adiós al fuego, a la pira nupcial donde se quema el amor, y dejan de ser la grasa y las feromonas capitanes de tu nave; cuando sientes ajenos los hábitos sociales y, ante el miedo que este injusto mundo provoca, prefieres refugiarte en Talión como único entendedor del mundo y sus habitantes – yo prefería al Cristo, pero el no es ideal para esta sociedad indolente y maleducada, que a Cristo le llama tonto porque ama-; cuando te das cuenta que en tus brazos podrán hacer nido los pájaros en sólo cuestión de segundos, entonces, me siento, y escribo.


Conclusión.-
Porque escribir es mi única forma de decir gracias. Describir y desnudarse en una misma y perfecta simbiosis con el alma. Una cita a ciegas con vuestros corazones. Un momento de magia y comunión contigo, lector, que has llegado hasta aquí y no has cerrado ni mi boca ni tus ojos. Y encima sin hacer ruido ninguno de los dos. Gracias.

Intentaremos dormir un rato. Málaga reluce relajada sobre la bahía en un espejismo de luces de colores. Me gusta así. Es bellísima.

Desde la falda del Jabalcuza, de madrugada, Mariví Verdú