martes, 8 de diciembre de 2009

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE ESTÁ EN LA INOPIA, GRACIAS A DIOS

A Benito Acosta, con todo mi cariño.

Cuando me doy cuenta de que mis motivos de charla nada tienen que ver con las conversaciones de la mayoría, con lo que se habla ordinariamente en los supermercados, mesas contiguas de un restaurante, autobuses y colas de cualquier índole, llego a la conclusión de que debo vivir en la inopia. Y puede que sea cierto, aunque no es lo mismo estar conscientemente en la inopia que sufrirla. Y además, vivir entre la inopia y Las Batuecas nada tiene de malo, todo lo contrario, de la soledad del hombre nace su propio conocimiento.

Oír los temas de diálogo en una peluquería me ha llevado a tener el pelo muy largo. Entrar en una mercería bien llena se me ha vuelto insufrible (bien que lo hice durante muchos años, aunque casi siempre llevé a la clientela a mi terreno). Hoy nadie parece saber lo que quiere. Nada puedo aportar a una conversación sobre la televisión, no hay un programa que se salve de la quema, -bueno, algún concurso, Cifras y letras o Pasa palabra, que a veces vemos porque es la hora de la cena, antes o después de las noticias y la información sobre el tiempo-.

Y es que, por lo demás, no me importa absolutamente nada de la tele y mucho menos los programas de cotilleos, esos que sacan al aire la vida privada de alguien que su única hazaña haya sido bajarse los pantalones. No soporto el distinguido tratamiento que se da a esos dementes ni a los que viven de airearlos y criticar sus intimidades. Me asquea el tratamiento que se les da haciendo de ellos famosos líderes a tener en cuenta por nuestra juventud, objetos de imitación, que bien se ganan la vida sin coscarse. Cada día me cuesta más ir a la compra, al dentista, a la consulta de un médico…

Y es que no echo de menos nada porque la inopia en donde estoy es un terreno fértil y creativo. En ella se confunden Dios y el silencio, mi alma y mi conciencia, la soledad más nítida, porque anda más cerca del eremita que del excomulgado y tiene más voz y más música de la que en palabras pudiera traducir. La búsqueda interior necesita de la inopia, estado al que se llega por decisión propia y por caminos claramente marcados por filosofía o doctrina. Vivir con escasos recursos, con lo preciso, más cerca de las piedras y de los árboles, con pocas necesidades creadas, no es difícil. Sólo hay que tener un par de zapatos, ropa para el frío, agua, pan, aceite, luz del día, de Dios y del hombre, algunos libros precisos, sal, lápiz, papel, jabón, una cama, una mesa, una silla, un corazón lleno de amor y el canto de los pájaros. Y, clamando justicia, sufrir por quienes no lo tienen, o rezar por quienes no lo saben apreciar.

La soledad es imprescindible. Vivir con mesura, recomendable. Austeridad, paz interior y que vengan los días y sus sorpresas, que el cuerpo andará así dispuesto al sacrificio y el alma a su divino misterio.
Feliz Adviento, amigos, y a ver si llueve. Que tan deseada es la llegada de Dios hecho lluvia como hecho niño.

Con la cabeza más ida que venida, pero con el corazón más abierto que nunca, desde El Garitón, Mariví Verdú