jueves, 12 de enero de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN EL RETORNO DEL ALMENDRO

Son las cinco y cuarenta y nueve, hora oscura de una mañana en la que ya no sé dónde se ha metido la primera luna llena del año. Anteayer era un pan de oro. Ayer, bajo un sol propio de septiembre, se me descubrió el almendro con sus brotones ya cuajados en flor, en capullitos satinados de un rosa palidísimo. Hoy dedico al retorno del almendro mis palabras en la hora del insomnio, hora en la que puedo oír cómo mi sangre da golpes por mis sienes como si quisiera salir a buscar no sé qué vena exterior, qué arteria próxima y tranquila donde descansar de viajes al dolor, de autoexigencias y humillaciones, como si la hubieran marcado con el hierro de la inmolación.

Mi conciencia, que parece más una enemiga que una compañera de viaje: en todo me tortura, me critica, me pone a prueba. Se mete en discusiones conmigo misma en que si Dios o la Naturaleza; en que si la vida o la muerte; si la democracia o la falacia; en que si somos o no dueños de nosotros mismos. Y no sé si es un mal propio o común entre los seres humanos. De ser cuestión de todos ¿por qué no reaccionamos y nos disponemos en conjunto a buscar soluciones?

Ayer ví en la portada de un periódico gratuito de Málaga una carta que representaba al rey de oros de la baraja española. Estaba partida en tres trozos asimétricos e ilustraba un balance de los sueldos de la casa real. Lo leí. Y, en un silencio cargado de resignación, cogí una fregona y limpié el trozo del hogar de jubilados que quedaba por limpiar, aunque mi cometido allí es el de presidenta -cargo no remunerado-, mientras pedía a Dios calma para no blasfemar. Y me entraron muchas ganas de llorar, de inundar al mundo con mis lágrimas, de gritar y salir corriendo como Alfonsina, hasta la Playa de la Misericordia, y adentrarme en sus aguas para huir de este mundo de injusticias.

Hoy, maravillada al ver cómo sin lluvia han retornado los almendros, quiero pedir piedad para con nosotros mismos. La piedad, que es además de virtud, una necesidad que tenemos para poder seguir viviendo. Procuremos ser misericordiosos con nosotros, que sea un acto cotidiano. Aunque todos sabemos bien que no es lo mismo conmiserativo que permisivo. No es igual helarte que el arte. Os habéis puesto a pensar alguna vez qué se puede hacer con la palabra amor además de fabricar otras como roma, ramo, mora, maro, omar, armo: muchas cosas. Todo.

Cuando releo mis artículos -buscando siempre faltas- me doy cuenta de que escribo y confieso a la vez, así que espero ser perdonada a pesar de que no tengo ningún propósito de enmienda en escribir desde el corazón. Ya no lo hago sobre papel, aunque me sigue gustando muchísimo. Ahora me siento ante un ordenador con la pantalla en blanco. Es igualmente difícil llenar lo vacío. Pero tener conciencia de las cosas es mucho más difícil. Y una inmensa suerte, tan grande como la locura que encierra. Por eso me gusta hacer descansillos y mirar al cielo.

Todo está teñido de un sepia oscurísimo, mar y cielo, con una línea incandescente abajo que yo sé que es Málaga pero podía ser un viejo fósil en ascuas. Lo es. Y pudiera ser que Málaga sea sólo y eternamente un cierto vapor coloreado por la luna de enero.

Desde El Garitón, donde han vuelto las rosas claras.  Mariví Verdú.

sábado, 7 de enero de 2012

Doliente y de Occidente en Conclusiones de un 7 de Enero


Es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que aun con estar hecho cuartos
no pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
al gañán y al jornalero,
poderoso caballero
es don Dinero.


Ya han pasado las fiestas. Si les contara en qué ha consistido mi calendario de celebraciones, mi menú navideño, mis salidas de compras, unos sentirían envidia, otros sentirían piedad, muchos se reirían y casi nadie se lo creería. Por eso no lo voy a contar, para que ninguno se lleve las manos a la cabeza. La vida de cada cual es, en estos días, el espejo más fiel de lo que se es. Claro está, como nos descubrimos ante el mundo hay que ocultar las carencias y manifestar un lujo que, en la mayoría de casos, ni nos va ni es cierto. Mucha gente habrá tenido que ir al médico por un resfriado cogido por el escote o por un empacho a causa de los atracones de carne y mantecados. Desgraciadamente, a pesar de las comidas en multitud, ya sean familiares o de empresa, la gran mayoría ha estado más solo que la una y más triste que un potaje viudo.

Yo le temo a las fiestas, que ya es difícil superar el día a día sin perder la cabeza para que te den tres tazas. Por más decisiones drásticas que se vayan tomando al llegar a la curva de los sesenta, más contratiempos van surgiendo, más duro se vuelve el azar, más ratificante nuestra condición de poca cosa, de seres vulnerables y más obvio es que el que manda es el don que cantara don Francisco de Quevedo. Y es que la vida, con su boca abierta y su hambre feroz, nos engulle como a un buñuelo de viento. Y gracias si antes no nos pone malos de la tensión, de los nervios, o nos sale cualquier bulto o culebrina -antes se curaba con pólvora-. Desde luego, siempre acaba echándonos sal en la mollera. Ni con dinero podemos evitar que la vida acabe cuando le sale del sitio que hiciera famoso la Bernarda.


Pero antes lo desequilibran a uno del todo, sufriendo el vapuleo de los otoños, la criba de las clases, los sinsabores de la mal impartida justicia. Y todo para llegar a la vieja conclusión que ya llegaron nuestros abuelos y los más viejos ancestros: esto es “una poca leche”.  No somos más que un minúsculo telegrama que consta de dos cortos textos: partida de nacimiento y partida de defunción. Entre medio, que cada uno dé los besos que pueda, se deje querer si tiene la suerte y firme o escriba todas las letras que pueda, pero que no le quepa la más mínima duda de que siempre será letrilla chica que no se imprime a la hora de la verdad. Son muchos los que se creen inmortales por publicar un libro... pues no, señores, aquí no se queda nadie. Sólo quien quiere el personal y no precisamente el de los centros culturales. Se queda la soleá que se canta en las tabernas, en la fiesta, en el tablao; el mensaje con el que se comulga, el que nos hace llorar sobre las hojas del libro en soledad acompañada y que todos hubiéramos querido escribir algún día. Y tal vez se quede la voz del poeta que dice lo que un día me dijo la vida:

Aprende sólo a vivir
que a la muerte no le importa
que sepas o no morír.


Desde el Garitón, insatisfecha siempre a pesar de haber plantado árboles, de llevar escribiendo cincuenta años y de haber sido madre.

* A mi hijo Pedro, al que le dejo mi amor como legado. El único que nos podemos llevar con nosotros.

La primera foto, otra figura del Belén de croché realizado por mi madre, Victoria González Sánchez.

lunes, 2 de enero de 2012

Doliente y de Occidente entra 2012 mandando eneros a tomar por...

Sólo me faltaba esta clase intensiva para completar el aprendizaje, ese que ya me había dado el grado de madurez para decidir el resto de mi vida, al menos el que me corresponde a mí decidir. Me la acaba de dar, sin querer, mi mejor amiga: ayer pura energía, hoy postrada en cama de hospital. Porque todo queda truncado en un momento. Y yo, montada en cólera por cosas nimias, perdiendo mis días como si fueran recuperables... menuda descerebrada estoy hecha. No sabes cuánto te agradezco todo lo que significas para mí, amiga mía. Va por tí, Pilar.

Amanece salpicado el cielo de nubecillas color sepia, allá por la Sierra de Tejeda y Almijara, mientras el azul noche pasa a ser verdeazulado, naranja y oro. La Sierra Nevada no lleva manto de armiño, está arrodalada de grises, lo que quiere decir que no hay mucha nieve comparado con años anteriores. Ni hace frío. He abierto la ventana y el aire parece decir bajito: ¡primavera!

Hoy es ya segundo día del año 2012. Ayer, como en un dulce sueño de verano,  el sol brillaba y  las horas transcurrieron en el silencio típico de los primeros de año, un silencio compuesto de miles de humanos durmientes -unos, con la mona encima; casi todos cansados de todo-, de calles vacías, de resacas de todo tipo y de distintos pelajes. Pocos lo usan para madrugar, para pasear, para hacer propósitos de enmienda siendo sin embargo un día magnífico para vivir.

Después de poner el taco nuevo de almanaque en el viejo soporte de madera de pino, he abierto el calendario de sobremesade publicidad por Enero. Es de una empresa alhaurina de viajes, uno que tiene dos caras, dos eneros, dos de todo, como la propia vida. Y no he escrito ni media palabra más que un par de mensajes en el facebook y este artículo dedicatoria para que se mejore mi Pili. Me lo estoy pensando todo muy en serio. Voy a dejar muchas cosas este año antes de que la vida me deje arriada en la primera esquina que se le antoje.

Ayer no me atreví a coger la agenda nueva todavía. A mí me entra un no sé qué por el cuerpo cada año con los estrenos de agenda. Y es que no puedo evitar el miedo y las ausencias. Mi gente me ha dicho que use el móvil y deje ya de pasar y cruzar números y recuerdos, que use lo digital que es más cómodo. Pero yo tengo un diario en cada una, un diario anual que guardo para cuando llegue el olvido que anda pululando desde hace algunos años por mi cabeza. Anotaciones de momentos en los que, como un telegrama, me cuento a mí misma lo que me ha sucedido. Agendas que tal vez las queme en el transcurdo de este año.

Sigo con la bata celeste -regalo de mi hermana de hace un par de navidades o tres-  viendo cómo el cielo se pone del mismo color. La mano derecha se me duerme y tengo que darme un masajillo para que no me duela. Yo, que acabé el año oyendo fados, comencé 2012 en el más absoluto silencio. Llamé a mi amiga al hospital. Pude hablar con ella, está mejor y me entraron ganas de comer. Me hice un bocata de atún y me saqué una cervecita. Me fui al sol. El silencio se llenó de pájaros. Puse una nueva tapicería al coche, de esas que vienen preparadas (la compré en Portugal este verano, cuando estuve con mi amiga Ana) y se me rompió una uña, la del índice de la derecha. Creo que es una señal. Para acordarme de que no señale a nadie cuando despotrico. Se acabó para mí el hablar de otros, sean políticos o militares, artistas o pelotas. Me voy a dedicar a mis letras y a mi vida, que nadie podrá vivirla por mí.

Y como no sé lo que ha pasado en la televisión pero han vuelto los proscritos, las divas y viudas,  los dimes y diretes y las malditas charlotadas que me dicen que no espere milagros, yo voy a olvidarme de ella. Voy a hacerme la loca y que se quiebren la cabeza aquellos que rigen el destino de los españoles y cobran por ello. Todavía no me he enterado de nada, no hay cambios, nada se ha movido más que el patetismo, que camina como por su casa. Como el eterno día de la marmota. Ay, qué pena de tiempo perdido.

Y de pronto, como si quisiera que cambie de conversación: ya es de día. El día de verdad, el de la luz del sol, el único que interesa. Y un nuevo milagro me atrae al mundo de los vivos, donde mantengo conversaciones con todos ustedes. Ésta ha sido para poner un punto y aparte a mi vida. Un párrafo nuevo del nuevo libro de mi nueva vida. El mejor de todos. El de saber lo que es verdad y mentira porque la reconoce en su propia sangre. El de reconocernos en el otro ser humano que es humano: en tí, Pilarilla.

Con todo mi cariño, desde un Garitón que comienza a ser mío, limpio de polvo y paja, de tornillos que no tienen rosca y de roscas que jamás encontrarán su tornillo; de sacos de cemento endurecidos y herramientas mohosas; de porquería que pusieran otros porque yo descuidé mi hacienda, porque nunca me fijé en lo hermoso que estaba el Garitón vacío, lleno de luz, solamente de luz y violetillas.

Mariví Verdú

Fotos antiguas de nuestra vieja amistad en años diferente, 2004, 2005, 2007 y prestada del blog
http://gmatrimoniosasuncionntrasra.blogspot.com/