viernes, 29 de junio de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN UN SILENCIO LLENO DE PÁJAROS

OBRA DE RAFAEL ALVARADO, PINTOR.


No hay nadie enteramente malo. Sin embargo,
lo que ocurre mientras tanto es obra de todos,
sin excluir a Dios.
                 
Antonio Arjona


Anoche, en una gasolinera, mientras repostaba ese líquido de lujo imprescindible para mi pobre utilitario, más viejo que un nudo, en un cochazo de los que valen algunos miles de euros, pararon tres jóvenes de esos que no han dado un palo al agua en su puñetera vida pero que viven a todo plan. Uno llevaba un filtro (de “tabaco”) en la oreja, esa parte que sólo les sirve para eso y poco más; para oír no les vale, mucho menos para escuchar. La cara de estos petardos le daba un susto al miedo. Miraban, inquisidores, ultrajando con sus tres pares de ojos mi serenidad. Pareciera que todo lo que quieren frente a ellos es gente de anuncio, jóvenes y ricos, no mujeres sesentonas como yo con un “mierda coche”. Parecían dispuestos a meterle a una las cabras en el corral. Y me alegré de ir acompañada y de que el trabajador de la gasolinera estuviera blindado tras su caja que, a modo de cárcel, le permite un mínimo de seguridad ante bellacos como estos.  Y esta situación dió paso a una conversación con mi compañera que analizó la situación actual de nuestra juventud. Ambas, preocupadas por el porvenir de nuestros hijos, nos lamentábamos de lo injusta que es la vida para las personas buenas. Y nos preguntábamos quienes eran los padres de estos “petardos” de vida tan fácil... ¿serán banqueros, políticos o gente de esas que guardan en sus casas el dinero negro de la negra España? ¿qué se está criando? ¿habrá en el futuro más gente de ésta calaña que seres humanos? ¿cómo se mantendrá un país de vagos y maleantes? ¿dónde encontraremos solución a estos problemas, resultado de tan mala gestión educativa y social? Llegué a casa con la boca seca y la cabeza hecha un lío. Y me puse a escribir.


Escribir -lo que más me gusta de este mundo- está empezando a ser tarea no grata. Cuando se secan las fuentes, las palabras, los ojos, las ganas, y cuando lo que hay que decir no tiene ya ningún sentido, no es hermoso ni le sirve a nadie -ni a mí siquiera-, la tarea se revuelve en contra convirtiéndose en una especie de martirio. Ha dejado de tener sentido el buen gusto, la ironía, la gracia y el garbo.  Por relación lógica, con los medios que tenemos a nuestro alcance, deberíamos ser más cultos, más razonables. Todo lo contrario: sólo nos ha traído desinformación y vulgaridad. El lamento y la crítica no le llega a nadie y, si llega a alguien -que sé que hay aún gente con corazón y cerebro- seguro que no tiene la solución porque los que tienen corazón no llegan a participar del poder. Y si lo tienen, allí lo pierden. Vivimos en un mundo irresponsable, en un mundo informatizado y anónimo que todo lo ha convertido en objeto de usar y tirar, en algo intranscendente. Se han destripado los misterios que hacían del hombre un ser único.


Puse punto y final. Me acosté con tristeza. Miré la foto de un niño al que quiero mucho, recé y me dormí. Cuando amaneció, el sol me pilló trabajando. Me traía en el pico un poquito de esperanza y otro de paz. Y pensé que el mundo se reciclará, como siempre lo hizo. Esperemos que sea por el arte, la paz y la razón que no por la globalización, la guerra y su entorno.


Ahora sé por qué paso tanto tiempo en silencio. El silencio, que no tiene que ser obligado sino escogido para la creación y el conocimiento de uno mismo, es hoy mi aliado. Aquí, en este Garitón podado, luchando con las hormigas y el calor, está siempre conmigo. Bendito sea, repleto de pájaros.