sábado, 5 de enero de 2013

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE A PROPÓSITO DE 2013

Ya estamos inmersos en el nuevo año y Enero sube la cuesta con dificultad porque no sólo arrastra las penurias que nos dejó en el alma 2012 sino que lleva la pesada y  difícil carga de  los propósitos para 2013.

¿Por qué los propósitos hoy  los entendemos sólo como  intenciones? Siendo una palabra originaria de un pueblo tan productivo, tan capaz y positivo, de tan rotundo carácter moral y político, creo que la debieron usar de otra manera mucho más apegada al presente que al mero hecho de pretender hacer algo, de tenerlo en el ánimo. A mí cada día más miedo usar palabras que lleven implícito el futuro en ellas. Por eso a los propósitos me gustaría darles el cambiazo, alivierlos de carga y sustituirlos por realidades, cambios efectivos, reales: momento presente, momento de regalo.  A propósito, quería hablar de propósitos y me he tirado un buen rato buscando y recreándome en su etimología.  Si  nos limitamos a usar la palabra de raíz latina propositum (prefijo pro = hacia adelante y participio del verbo ponere (poner) = positum) y si proponer es poner algo hacia adelante

Es bien cierto que vivir en este siglo XXI se ha convertido en una tarea delicada.  El exceso de comunicación es un espejismo más de nuestra civilización que nos aplaza la reflexión profunda y personal. El universo humano está formado de pequeños corpúsculos que vagan en soledad. Unos pocos de estos elementos, mandan.  Ellos, los que se han inventado la sangre azul, las casas blancas y de la moneda y los teléfonos rojos, nos han metido las cabras en el corral. Pero no olvidemos que somos, uno a uno, la metástasis santísima de la naturaleza. Y el día que esto diga: a joderse tocan, a todos se nos caerá el pelo, incluidos los iluminados. El mundo es redondo y mañana les tocará estar cabeza abajo, como nos toca a todos. Pero mientras tanto, habrá que mantener la cabeza en alto y estar atentos para no perder la partida que nos han dejado a punto de jaque.

Hacer balance de un año es tarea que nos incumbe a todos. Hacer nuestro propio balance, el de nuestra vida, convierte el 31 de Diciembre en un día loco de atar, tal como se hace al canuto de carne mechada. Cada uno busca las mañas para poderse tragar el envolado que supone un examen de conciencia. Unos buscan faena en la cocina, otros alucine en el bar; la mayoría se refugia en las grandes superficies que se han convertido en grandes Salas 21 o en cubrirse de ropajes brillantes  y embadurnarse de cosméticos y perfumes con qué cubrir el delicado estado del alma. Hay una imperiosa necesidad de darnos una mano de lija en la que brote la sangre y se produzca una cicatriz limpia y sana.

El repaso de  lija consiste en plantearse si nos gustaría recibir lo que damos, si desearíamos que nos trataran como tratamos, si seríamos capaces de sufrir cuando sufre el prójimo, de alegrarnos con su alegría, de ser realmente humanos. Seamos tan tolerantes con los demás como lo somos con nosotros mismos, eso hará que la lija produzca un efecto perfecto.  Y aunque sabemos que no hay unas normas de vida y convivencia que sean válidas para todo el mundo, ahí están la paz, el amor  y el diálogo, para usarlos. Son las tres mejores armas que conozco. 

Tengo el presentimiento... mejor dicho: tengo el sentimiento de que 2013 viene cargado de positividad. Comencemos por  la nuestra  y limpiemos nuestra propia puerta, como hacíamos antiguamente, baldeando,  saliendo a la calle y buscando el momento para hablar con el el vecino. Luego...sembremos algunas flores o colguemos algunas macetillas de caléndulas o geráneos...Nuestros corazones lo agradecerán.

Desde la casa de los cipréses, en buena compañía y viendo como llega la luz sin entretenerse, clara y real, dando color a la vida y a mis ojos, Mariví Verdú.

Por un 2013 más humano, justo y alegre. Y por los almendros en flor.