domingo, 1 de enero de 2017

MAÑANA PODARÉ LOS ROSALES, de Mariví Verdú

Nos iremos a cortar las rosas
orilla de los rosales de las aguas,
orilla de los árboles de las hojas de oro.
(Tartessos. Miguel Romero Esteo)
 

No había salido el sol todavía cuando salí del edredón y eché mis pies al suelo. A pesar del dolor que llevo arrastrando en la rodilla derecha desde hace meses, eché el paso diestro como de costumbre para comenzar la jornada, la primera del año 2017, una cifra que siempre me sonó a futuro y hoy, que se me viene encima, puedo sentir que no es más que un punto sucesivo del milagro de existir. Agradecida por mantenerme erguida y lúcida, me di cuenta de que empezaba a rayar el día. 


A pesar de ser año nuevo, un tiempo en el que la mayoría de gente se viste de fiesta -la misma que mantiene desde hace días purpurina por fuera y alcohol y exceso de bilis por dentro-, he escogido el atuendo perfecto, ese con el que soy yo misma, tan parecido a la desnudez: una camisa de franela a cuadros azules y celestes del hijo con el que no puedo hablar y una chaqueta de lana de mi otro hijo con el que a veces hablo por teléfono y voy a besar cada semana, ésta de color café mitad con cremallera. Así, con un hábito de virgen madre, he salido a Dios y a los almendros. 


He mirado la vida de verdad, asomándome al cielo, y he vuelto sobre mis pasos para recoger, como el que coge las vinajeras para servir misa, las tijeras de podar y los guantes, la espiocha, el cúter y el carrillo de mano. Las últimas lluvias han hecho crecer vinagretas y trebolillos de forma descontrolada y desde que llegó el invierno he estado alargando la fecha de podar los rosales y las parras, de cavarles los pies, pero un resfriado mal curado no me ha dejado hacerlo hasta esta mañana limpia y gris de enero. 

Mientras iba arrancando hierbas silvestres, me ha dado por pensar que tal vez estaba arrancando plantas comestibles, tal era el saludable aspecto que tenían. Me lo he cuestionado ante el vigor, el verde vivo y la ternura de las malvas, los dientes de león, el bledo, la carnosa raíz de la grama (con la hincha que le tengo), la verdolaga...  Haciendo esto vengo a darme cuenta de que estamos totalmente locos, de que Dios provee de todo si no hubiéramos olvidado el lenguaje de la naturaleza. Y los que saben algo del tema, no solo no nos enseñan sino que mandan y prohiben el consumo de tal manera que ya no podemos coger siquiera una ramita de tomillo o un ramillete de manzanilla cuando vamos al campo. Estamos tirando medicamentos naturales, desaprovechando el regalo.

He podado las parras antes que los rosales y hay cinco afectadas por la termita. Me dan mucha pena porque tienen cuarenta años, fueron sembradas por mi padre y mi tío Federico y ya solo quedo yo para defenderlas. Y no sé cómo. He puesto mucho amor en la cirugía que les he practicado y las he dejado muy peladitas y parece que se van a salvar. Tal y como me enseñó mi amigo Antonio Arjona, he dejado las ramas que tiran hacia arriba y he quitado las cruzadas y las débiles. He cortado dejando solo dos o tres yemas, quedando pequeñas y limpias, dispuestas para la primavera. Entretenida en la poda, ha salido el sol. Cuando he sentido su calor en mi cuerpo he hecho un alto para dar  gracias por este trozo de tierra que mi padre me ha dejado donde tengo tan cerca el cielo.

Subiendo la cuesta de vuelta, empujando la carretilla y los argadijos de la poda, he vuelto mi vista atrás emplazando a las cinco últimas para mañana y regresando a mis cavilaciones: ¿qué hemos hecho con la vida? ¿dónde nos hemos equivocado? ¿qué hago yo aquí? ¿seré normal? ¿qué mierda importa serlo? Cómo puede ser que en un trayecto tan corto quepan preguntan tan grandes...

Considero que hemos convertido la vida en un insomnio de horas locas -necedad de los excesos-, en un algo sin misterio ni grandeza -de ahí la frialdad de trato: da casi lo mismo nacimiento que mortaja- y en un acaparamiento de cosas inútiles y hábitos malsanos que me temo irreversibles. De ahí la falta de agradecimiento y respeto a quienes dignificaron la obra humana. De ahí el ninguneo de Dios.

De esta manera he pasado la mañana de año nuevo, dándome cuenta de que existo, alegre por el mismo motivo aún a sabiendas de que vivimos en un tiempo trastocado por la sinrazón, por convencionalismos equivocados que nadie se cuestiona, en un tiempo que se cuenta al antojo de sabe Dios quién con ese estúpido reloj que no sabe medir la inmensidad. Y a pesar de que siento un tristísimo martilleo en mi cabeza por el pálpito agónico del mundo, por lo deshumanizado, desarraigado y olvidadizo de los hombres, me siento afortunada porque tengo personas a mi lado que sienten y padecen, que se conmueven y se sorprenden todavía, que me llaman para decirme cosas bonitas, que me envían deseos maravillosos para el año nuevo, prosperidad, felicidad, salud...Y yo, que quisiera tener una fábrica de tiempo, de paz  y de silencio para devolverles tan buenos deseos, no tengo más don que cuatro letras escritas y un corazón abierto. 


Mañana podaré los rosales. Será dos de enero y tal vez escriba. Y tal vez ocurra algún milagro en las conciencias.

Desde un garitón cuajado de musgo y de violetas, Mariví Verdú

2 comentarios:

  1. Jo..pe, Mariví, quiero salir corriendo a ese garitón y echarme a tus brazos, dejar que me cures las heridas -creo que tienen/s un don- y bebernos algunos instantes juntas. Que me enseñes a distinguir la verdolaga, la grama, me cuentes que es la espiocha y que terminemos la tarde en esa escalera con una taza de té en la mano, y tal vez nos encontremos hablando de Dios y de los hombres... Quiero, deseo cada vez más, perderme unos días en ese lugar que es tu casa y que imagino es un paraíso perdido como el de los cuentos, estoy segura de que allí me espera un corazón abierto a cal y canto, de paredes blancas y perfume a violetas. qué más se puede pedir?? Beso-abrazo renovado y con esperanzas... Tq

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    1. Vente cuando quieras, Carmen. Todo lo mío es tuyo, amiga, y me encantará tu compañía, sé que lo sabes pero te lo digo porque hay cosas que tengo que decirlas y repetirlas hasta que las consiga. Vente. Tenemos mucho que hablar y muchos abrazos que compartir. TQ.

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