jueves, 23 de diciembre de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE OS DESEA LA PAZ

Mentiría si dijera que no estoy desilusionada. Hoy hubiera sido un día ideal para hacer realidad muchos de los sueños de un barrio obrero, un lugar en el que la población ha envejecido mucho: la Barriada de Carranque, a la entrada de Málaga, donde dirijo un Hogar de Jubilados y donde habíamos repartido mucha lotería, pero la suerte no ha querido que así fuera. Mañana, conformándonos con estar vivo y llenos de todo lo que comporta estarlo siendo pobre: no llegar ni a mediados de mes, ponerse el chaquetón de cuando se llevaba de dos pechos y aguantarse las necesidades y los dolores con el estoicismo de quien así ha vivido toda la vida, volveremos al tajo, con la cara más larga pero con el Belén montado. Y con el corazón más abierto que nunca.

La verdad es que, una vez acabado el sorteo, sin ira, asumiendo la mala suerte con una mansedumbre ya de vicio, he quitado la tele y me he puesto a hacer borrachuelos. Las tres horas y media que he pasado entre los perfumes de la matalahuva, el clavo y la canela, poniendo en práctica la vieja tradición materna, he pensado sólo en que me salieran hojaldrados y ricos. Qué maravilla no depender de nadie más que de Dios para tan dulces planes. No he querido evocar otras navidades más dichosas (pocas) ni recordar lo que han sido otros años (tristes), no tenía más ganas de sufrir. No he pensado en los seres queridos que están en el hospital y mucho menos en los que ya se fueron para siempre. Sin embargo, mi gente estaba un año más en la cocina, a mi lado. Inevitablemente, el alma, asustada de tanto vivir sin vivir en mí, se ha puesto como el día: melancólico.


Y como la lluvia me había dejado sin coche esta mañana y un puñetero rayo sin internet durante el día, después de la tradicional tarea navideña me he puesto a escribir lo que siento y ha encarrujar unos versos que puedan llegar al alma de los lectores de este periódico, www.diariolatorre.es, un periódico tan libre como responsable, tan alhaurino como internacional, tan bien llevado y por tan buenas personas, donde ando acompañada de tan espléndido grupo de escritores que estar entre ellos me supone un gratísimo orgullo. Y ya que no puedo hacer otra cosa que esperar, voy a darle una vuelta de tuerca al poema y a desearos en él toda clase de venturas y aventuras para 2011 y, cómo no, para que la paz esté con vosotros.


No sé qué Dios necesita

esta sociedad presente,

tan sin fe, tan indolente,

tan aparente y perita;

siempre tan arregladita

y tan autosuficiente...

Tan sólo vive el presente

y cree que la Navidad

es ir de compras. ¡Comprad

un par de dedos de frente!


Gente, gente, gente, gente

que no usa su cabeza,

que no llora, que no reza,

y que existe simplemente.

Vivir tiene otro aliciente,

otras normas de belleza:

amor, justicia, pureza,

palabras, pan y cariño.

Dios es la cara de un niño.

Silencio y Naturaleza.


Inmersa en sabe Dios qué, mi voluntad poética tiene más de mi corazón que yo misma.

Desde un garitón lleno de musgo y melancolía, Mariví Verdú.

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE. TIEMPO DE LLUVIA

Anoche, entre las dos copichuelas de anís navideño, la copiosa comida y los tentempiés, las rumiadas noticias que me han sumido últimamente en un triste dolor flamenco -hablo de la muerte de tres de los grandes: Pedro Escalona, Antonio de los Reyes y Enrique Morente-, la dulcísima merienda rodeada de arte vivo y joven y el día tan largo de estrés y responsabilidades, me quedé sin fuerza alguna y no podía con mi cuerpo. A las tres y veinte, tras el primer sueño, se me quedaron los ojos como platos. Dormir hubiera sido lo justo para cobrarme mi jornal, ya que es con el sueño con lo único que encuentro beneficio a mi trabajo -amén de otras cosas del alma, pero el alma cada día importa menos a nadie llegando a ser extraños en el mundo quien dice poseer una-.

Como me dolía la cabeza, no quise ir por los avíos de matar -hablo del bloc y el boli- y puse la tele a ver si algo me distraía o me devolvía el sueño. Pasé por todos los canales hasta darle la vuelta al mando y me quedé tan avergonzada de la bazofia que se me ofrecía, un mazmarria de conjuros, comecocos y putillas que sólo me produjeron asco y vergüenza del país que habito. La verdad es que cada noche, no más tarde de las once, estoy dormida. Valiente submundo nocturno el de la televisión. ¿De dónde sale tanto tarado? ¿No sería mucho mejor una “carta de ajuste” -oh, geometría de colores, vieja cuadratura del círculo-, un hilo musical o, simple y llanamente, el silencio?

Cansada y muerta de frío, recurrí a un antiguo método que hacía tiempo que no usaba. Dejé la mente en blanco intentando concentrarme en lo que me dolía la rodilla derecha y la suerte que tenía por darme cuenta de ello. Casi llegué a ser feliz al reconocerme viva y sola. Hoy me alegro de lo ajeno que me resultó ayer el mundo. Como me resulta cada día, a pesar de ser un triste eslabón de su cadena.

Quien tiene una vida plena no tiene que recurrir a nada de fuera para encontrarse. Es todo un placer ser uno mismo, con nuestro propio dolor, con la compaña del insomnio o con la gratitud del sueño, con la seguridad de la muerte pegada al costillar pero con la preciosa certeza de la vida y el don de que ésta sea ajena a la mediocridad. Ayer el mando solo sirvió para corroborar.

La lluvia ha dejado un dulce esmerilado en los cristales. El frío, un vaho extraordinario. Mis ventanas son de tal belleza que estar encerrada tras ellas es todo un consuelo.

Desde El Garitón, gris y acuosa como la madrugada, clara y fresca como el día, con esperanza de sol, Mariví Verdú

martes, 14 de diciembre de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE. BALANCE Y ESPERANZA

Es tiempo de balances, siempre que llegan estas fechas y cuando ya se tienen algunos años es inevitable pensar en el camino andado, en lo que se ha dejado y en lo positivo o negativo que ha teñido de colores y ausencia nuestras vidas. Cuando el ángulo de visión que se va teniendo es de más de medio siglo, el retrovisor tiene poco ángulo muerto y la vista global es panorámica. Sin embargo, y a pesar del pesimismo que produce el encefalograma plano y el triste cardiograma de gran parte de la sociedad, no dejo que me venza el desencanto y tomo las navidades como lo que son: días de balance y esperanza.


Incrédula del mundo, absorta en los amaneceres, ando buscando casos perdidos o ignorados desde el pasado invierno, enumerando cosas halladas, buscadas o encontradas sin más; resignándome a los besos que no he dado y al tiempo que ya no vuelve. Mi aceptación de la realidad está llena de nostalgia (dolor de lo que no está) y mansedumbre (un sentimiento tan humano como las lágrimas, una virtud que me otorga la tierra como herencia). Sin embargo, el poder ver el mundo bajo el prisma de la soledad y el silencio tiene como premio el amor y la música. Ver al hombre desde el humilde rincón de la mística es ver a Dios, verlo con tristeza y fatiga, hecho humano, tan grande y tan pequeño, tan vulnerable como eterno, verme, vernos en el prójimo.


Creer o no creer en Dios es una cuestión vital que puede llevarnos toda la vida. Creer en las sagradas historias que nos hablan de las vidas de Dios es cuestión de fe, de educación y de geografía. Pero llegado este tiempo de balance concluye todo en un misterio que florece en un simple portal de maderilla y paja. El simple acto de abrir unas cajas de cartón y quitar las envolturas a las bellas imágenes de barro cocido, ese santo reencuentro alcanza en nuestra cultura tal importancia que cualquier planteamiento real o científico pierde sus razones. Qué emoción tener en las manos a José y María, a los Reyes Magos, al Niño de Dios que en primavera será Cristo. Es tal la ternura y el placer del Nacimiento que trasciende a la propia religión.


...Y sobre el portal
he colgao al angelillo
con un hilo de pescar.


Ayer pasé un buen rato con los compañeros de Diario La Torre, almorzamos y brindamos, hablamos de este mundo y del otro, nos intercambiamos buenos deseos. También nos hicimos una foto ante el Portal de Belén. Y me quedé con ganas de decirles una décima que improvisé en la comida. No es tarde aún. Ahí va, amigos.
(En particular para Antonio García Velasco, Manolo Montes y Luis Bravo).


Ya estamos en Navidad,
un año más ha pasado
y aquí nos hemos quedado:
Dios ha tenido bondad.
Bendita sea la amistad,
oh, don del alma sincera,
porque lleva por bandera
la verdad, nada más sano
que este sentimiento humano
que nos honra y nos supera.

Desde El Garitón, con cariño irremediable.
Mariví Verdú

lunes, 29 de noviembre de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN DIÁLOGO INTERIOR

Esta madrugada había un lucero tan grande en el cielo que he salido al frío para verlo. Y me he encontrado con mi Dios derramado, hecho lluvia. Todo un acto de amor, de generosidad. Qué gran regalo para los sentidos el olor de la tierra húmeda, esa sencillez de la naturaleza que supera al mejor de los perfumes. Eran sólo las cinco de la mañana y sobre el oscuro vacío de la noche Málaga aparecía como una candela quieta de ascuas antiquísimas. Mientras, por detrás de la Sierra de Mijas, la luz de ese astro matutino recogía el resplandor de todos los mundos.

Ayer noche estaba tan cansada que me quedé dormida sin acabar de ver una película lenta y mala que ponían en Nova pero que me entusiasmó por aquello del juego con las letras que forman las palabras buscando en sus profundidades el diálogo con Dios. Sólo saqué dos o tres frases buenas pero quería saber si la niña pudo hablar con Él antes de que pusiera la palabra Fin. Me quedé con las ganas. Con Dios sólo hablan los locos, los eremitas y el poeta, ese ser mágico y torpe que no sabe hablar ni combatir, ese es el que anda más cercano al lenguaje divino, ese que tiene cientos de años y de idiomas, de grafías y de rezos, de lágrimas y de diluvios. Pero...¿adónde los poetas?

Recuerdo un sueño que tuve hace ya más de cinco años en el que Dios me revelaba el secreto de la vida. La pena es que aquella alegría que me despertó creyendo que era una privilegiada por ser partícipe del sueño de los hombres ¡ingenua de mí! era tan efímera como la vida misma, tan irreal y fantástica a la vez, y cuando volví a mi ser despierto no recordaba la frase, la síntesis del sueño, la clave definitiva que Dios me había transmitido. Sólo sé que desde entonces me sentí iluminada pero no lo podía compartir con nadie sin que sirviera mi situación para ser un hazme reír.

Con el paso del tiempo se van viendo las cosas más claras y a la vez más difusas. Hoy, más cerca del umbral de Dios que del ombligo de mi madre, aunque sean la misma cosa, siento como aquel sueño era la anunciación de un sufrimiento que ya empieza a aquejarme. Se me olvidan las cosas, las palabras más cotidianas debo repensarlas y, sin embargo, tengo con la tierra un lazo claro, un constante diálogo que me parece el nuevo milagro de la vida, un divino lenguaje con el mundo del aire, del agua y del fuego, un reencuentro con mis tres partes, invariables a través del tiempo: mi sangre, la pena y la duda. Y en ese lenguaje nuevo, que sabe a tierra mojada, a ceniza de hombres y de olivos, tomo tranquilamente el tiempo regalado, me vuelco en la hoja blanca del ordenador y me recojo. Mientras, la luz del sol que viene sin remedio va dibujando una línea de claridad naranja sobre el perfil de los montes. Abajo, intuyo la bahía. Miro de nuevo... clarea.

Y el cielo negro azulado ya verdea mientras el Jabalcuza se recorta sobre un azul eastmancolor. Miro el astro matutino. Brilla.
Cierro los ojos. Veo.
Bendito sea quien me permite el milagro.

Desde la humedad cansada de mi garitón, Mariví Verdú.

jueves, 30 de septiembre de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE. SER, SIEMPRE SER

Ser, siempre ser

Pronto amanecerá. Ya es otoño y las uvas están doradas y dulces como fueran los ojos de mi madre. Málaga sueña allá abajo como un copa recién movida de ascuas perfectas. Los perros ladran a los gatos, que andan ya medio en celo y son los amos de la noche. Pronto comenzarán los frágiles clarines de mi canario a dar la nota y el día caerá encima de nosotros como una gasa azul que muevan a su antojo las brisas de septiembre. Ayer tarde me dejé el mar abajo, era una inmensa agua marina, parecía de cristal. Hoy sólo lo intuyo en la lejana negrura enmarcado por la onda dorada de la bahía y señalado por los toques de luz de su farola; uno, dos, tres...una parada, cuatro...otra parada, un, dos, tres... todo un lenguaje del mar y los marineros.

Hace más de un mes que no hilo palabra, como si el tiempo me hubiera enmudecido después de amarrarme las manos y cerrarme la boca. Pero nada más que la muerte tiene el triste poder de silenciarnos. La voz se me sale por los poros mientras mi corazón, que tiembla más que late, dice que sí a la vida agradecido. Me sigue pareciendo lo más tentador un papel en blanco y sigo derramándome en él a pesar de que el tiempo se me escape como agua entre los dedos. No sé si se podrá servir a dos reyes a la vez, pero tampoco hay nada que lo prohiba. Por eso, a pesar del otoño y las astenias, aunque blanquee mi pelo y mis obligaciones me aparten de este trozo de periódico que me ofrece Diario La Torre, hay una inclinación natural que me dice que no me vaya del todo, que escriba lo que se me ocurra, que no importa cuando, que alguien hay por delante que lee y siente lo que digo, que deje la puerta entorná porque mañana no sabemos quien necesitará entrar o salir por ella.

La cuestión de Shakespeare de ser o no ser está vigente. Ser, siempre ser, será lo mejor.

Desde El Garitón, esperando las claras del día, Mariví Verdú

miércoles, 18 de agosto de 2010

DEL DICHO AL HECHO HAY UN ESTRECHO. A Pedro y Cristina.

Con gran afecto recuerdo a mi amigo, por un tiempo mi jefe, Curro Flores, ex-Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Málaga en tiempos de Pedro Aparicio (cuando ser del pesoe era algo ilusionador). Como si de un resorte se tratara, después de conocer las impresiones o noticias que cualquier descerebrado le transmitía gratuitamente,  ya fueran de cotilleo insano, de palabra ominosa o, lo que era para él peor aún, vana, saltaban sus palabras y decía: “...y lo bien que estaba yo sin saberlo”. Pues eso mismo digo yo. Y no sólo digo, hago. Hace ya algún tiempo me puse manos a la obra y he cruzado el trecho que separa al dicho del hecho y ando ahora con mi nueva y transparente camisa. Aunque mi poder no alcanza más que a evitar lo evitable, comencé por no darle mucho “harilleo” a la gente que nada aporta a tu vida más que quebraderos de cabeza, seguí por la criba de los actos sociales, eliminando esos en los que la mayoría va a ver tus arrugas y los kilos que llevas demás, donde las conversaciones son de lo más insípidas, por no calificarlas de mediocres y torpes; he continuado por aniquilar la prensa y he terminado por extirpar los telediarios. Ya está bien de darme la comida con ese periodismo pobre, sensacionalista, partidista y descalificador que tanto me agobia y que no solo ha conseguido que le tenga asco sino todo tipo de fobias. Ahora, entre quitarme de fumar, de comprar el periódico y el no tener que aparentar lo que una no es, por tanto, no gastar ni un duro extra en tonterías ni pijadas, he podido ahorrar lo suficiente como para dedicarme a lo que me gusta. Claro está: este pan para este queso pero...¡y lo bien que sienta el pan con aceite!


Entre los políticos y este contagioso bostezo primate, aburrimiento colectivo, está desencantado el personal. Sabemos que no tenemos nada que esperar de la historia actual -tendría que surgir un nuevo lider, nacer una nueva filosofía, realizarse un gran milagro social-. Hoy sólo queda recurrir a los libros -ya sean de historia o de poesía, a ver si encontramos soluciones físicas o metafísicas -, a la música, al recogimiento y al pico y la pala, algo que debiera ser obligatorio para la mayoría ya que falta les hace a más de uno saber lo que es bueno. Tanto ocio y tanto trasnoche, tantos derechos para gente que no tienen la más mínima responsabilidad, imbuidos por tanto serial de paparruchadas entre hombres y mujeres de plástico; tanto programa de relaciones cagalistrosas que ponen como ejemplo a niñatos incultos que vestidos de limpio no valen ni un duro y que tienen menos futuro que una pompa de jabón -éstas, al menos, son tan efímeras como hermosas-; tanta gente tocándose las pelotas necesitaría de una buena dosis de trabajo corporal. Y es que está la gente cada día está más apamplinada, llena de complejos absurdos, siempre comparándose a las medidas y bultos de silicona de los starrings- y sin saber qué trapito ponerse para agradar. Aún no saben y nuestra actual enseñanza no se ha preocupado de enseñarles que el mayor tesoro no está en la apariencia sino en las poderosas fuentes del conocimiento y en el respeto a sí mismo. Recomendaría altas dosis de trabajo físico contra este sistema equivocado de vida para que las quedadas no sean a partir de las doce y hasta la mañana siguiente sino que el cuerpo no se pueda levantar de la cama de puro cansancio. Pero como a las madres y padres de hoy les da miedo tocar diana...¡qué nos zurzan a todos! Desde luego no pretendo ser catastrofista pero pocas esperanzas nos quedan si pensamos que de esta hornada salga alguien que merezca la pena en cualquier faceta profesional o cargo público y mucho menos personajes en quienes confiar nuestro futuro. Deseo y sueño con la excepción que confirme la regla.


Entretanto, con tanto calor como desencanto, canto y doy gracias por la vida mientras deseo a todos un llevadero verano. Casi me había olvidado del color de la semana, ya tendría que hablarles del color del mes y casi de las estaciones, pero los caminos de la vida son inescrutables. A mí me han llevado a dirigir un hogar de jubilados y a estar en contacto permanente e integrado con un colectivo que está lleno de inquietudes, de ganas de darse, de sabiduría y de soledad. A esto dedico últimamente mi tiempo: a que la soledad se llene de amigos. Tal vez sea así como deba emplear mis días. Mis tardes y mis noches, a repartir entre el sueño y los ensueños. Y si soy útil, bendito sea Dios.

DEL PERIÓDICO DIGITAL EL AGUIJÓN

martes, 17 de agosto de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE REPOSA EN LOS VIOLINES

Esperando esa tormenta prometida, con miedo a volverme a quedar con el ordenador muerto de sobredosis, me he levantado a las cuatro menos cuarto con intención de escribir un trozo de artículo, un poema, algo, una intención que quiero desarraigar y no consigo. Tanta obstinación debe responder a algo más que a una simple manía o un caso especial de sonambulismo. Es un sentimiento fuerte, como una orden superior a mí misma. Aunque lo más lógico y terrenal es que esté mala del sentido. Con los ojos pegados y la vista más perdida que el barco del arroz, me encanto frente al nuevo documento en blanco, como si estrenara una libreta cada día, como si se me abriera una rosa transparente en la que busco origen y perfume, donde voy sucediendo una palabra tras otra como una posesa hasta que pongo un punto y final y decido que ya está bien. A veces logro sacarme alguna espina, otras la busco, la invento y me la hinco en el rincón más doloroso del corazón. Decía Dostoievski : “El sufrimiento es la única causa de la conciencia.” A lo que añade Ciorán: “Los hombres se dividen en dos categorías: los que han comprendido eso y los demás.” Y digo yo ¿por qué entiendo tan bien a estos dos hombres?


Por aquello de que la radio no te estorba para hacer las tareas cotidianas y dado que ésta es menos agresiva que la televisión y menos absorbente, con cualquier emisora que mezcle noticias y canciones se tiene la sensación de estar acompañada y distraída. Pero tomar la decisión de oír música es algo distinto y requiere de otras cosas. Necesita tiempo, silencio, voluntad, gracia para la elección y sentarse cómodamente para prestar la atención debida, o sea, que hay que dejarlo todo, poner oído y abrir sentimiento. Anteayer pasé un buen rato oyendo música. Busqué entre esos discos que tengo perdidos en la estantería para los que nunca encuentro momento y elegí uno de música andalusí protagonizado por Ahmed Larinouna, acompañado por violón, tar y piano. Una delicia que me transportó al cielo. La verdad es que no sé si la música la puse para mí o para mi canario, esa flautilla divina que se va haciendo poco a poco a mi compañía. Al cabo de unos momentos... cómo se llenó todo de música, qué mágico dueto improvisado, qué paréntesis en el tiempo, qué pura maravilla.


Viendo cómo el canario se iba contagiando y yo con él, sin poder añadir al duo ni una sola nota, me puse a quitar hojas muertas al culantrillo. Después escogí a Bach. Mientras iban cayendo las hojas secas se hacía presente el delirio. Solté las tijeras, cogí mi libreta, una libreta vieja de pastas imitación a española, con hojas que amarillean, de renglones anchos y líneas grises, y escribí:


Con Juan Sebastian Bach
mi pájaro, en silencio,
-o si acaso un piar
muy leve, como un beso
robado-, reposa en los violines
y al filo de las notas...
¡oh soles sostenidos!
y me mira, asombrado.

Que no tengo remedio...ni en el acto solemne de oír música puedo parar el zoquete de mi alma.

Desde un rincón pacífico del mundo, sin haber hecho nada para merecerlo, Mariví Verdú.

sábado, 14 de agosto de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EMPAPADA DE LLUVIA

La mística es una irrupción de lo absoluto en la historia. Al igual que la música, ella es el nimbo de toda cultura, su justificación última. E. M. Cioran.


Son las siete de la mañana y sigue lloviendo. La tormenta de esta noche ha dejado el ambiente fresquito y los poyetes llenos de salpicones de barro. A la atmósfera le ha venido bien y a los que hemos sufrido estos días de calor tan extremo nos ha dado una pequeña tregua y hemos podido dormir. El calor ha sido insufrible este agosto, se ha disparado la tensión de mucha gente, se ha acrecentado el mal humor y los saludos han prescindido de besos, por aquello de los sudores. Gracias, lluvia, por caer aplacadita y misericordiosa.


He dedicado esta pasada semana muchas horas a ordenar las libretas viejas, esas que durante años han ido recogiendo mis sentimientos y en las que un grafólogo hubiera descifrado muchas cosas sobre mi estado de ánimo, menos que las que reflejan sus escritos. Una palabra tras otra, desde mi cuidada caligrafía de los trece años, pasando por las cartas de amor y los poemas del desamor; la descendente caligrafía de mis locuras carnales, la transfigurada de mis poemas místicos, la reconocible letra que dice dolores y penas, hacen un total de vida que, aunque llena de altibajos y tropezones, dice mucho de mi fidelidad a esta vocación de escritora sin papeles que soy. Todo un trabajo diario que abarca desde los cuadernos de fabricación casera, cosidos a mano, con lacitos, hasta los de gusanillo, desde el saco de cartas de amor hasta la memoria perdida de dos ordenadores y una cuarentena de cedes. Toda una vida esperando el verso que resuma mi estancia en este rincón bellísimo que esta noche ha sido traspasado por la lluvia.


Tener la sensación de que queda poco tiempo para poner las cosas en su sitio es ser simplemente consciente, no pesimista. Y es que dedicarse al grave oficio de escribir tiene sus riesgos. Uno de ellos es pensar. Y si encima no eres de las que te gusta arrastrarte por los pasillos de las instituciones pidiendo una oportunidad como Platanito para tener un libro que llevarte a la hoguera, después del poco mérito que le dan a una los que tienen carrera o poder para quitarte o incluirte en las actividades líricas de este pueblo y de esta provincia, no quiero dejar por aquí ni un papel demás. Mi tiempo se ha pasado, que te publiquen un libro ahora es como cumplir tu última voluntad, como tener un hijo probeta, a destiempo, sin la regla, sin el goce, sin bendición ninguna, cosa forzada, carne de quirófano. Sin embargo, aunque se ha aumentado con todo lo roto el volumen del reciclado de papel, he pasado al ordenador algunos poemas que quiero conservar, algunas reflexiones que no son ya ni mías al ser de todos los hombres y algunas letras de coplas que daré a mis amigos músicos para que las pongan en el aire. Iré sacando en mis artículos unos y otras, en los blogs que visitan los pocos amigos que me quedan y algún internauta equivocado. Y los ratos místicos... que no me falten nunca. Ay, soledad divina, que hoy se siente empapada de lluvia, acompañada de la flauta de mi canario y de la independencia adorable de mi gata.


*Dedicado a Francisco Rojano, un amigo que me regaló hace unos días un precioso canario. Y a mis compañeros animales, mi gata y esta flautilla divina que hace de mi casa un lugar en el cielo. Milagros para creer.

Corazón del pajarillo,
cuarta parte de un fresón,
donde se guarda el secreto
de la música de Dios.

M. Verdú

viernes, 6 de agosto de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE, MENOS MÍA Y MÁS DE LOS DEMÁS

Tener como norma dar en vez de pedir fue en mi casa una forma de vida, un carácter familiar que marcó mi existencia. Aún recuerdo cuando vivíamos en los Portales de Gómez, en aquella casa que mis padres hicieron digna y habitable a pesar de los escasos medios económicos con los que se contaban: la paga de un pobre insigne ferroviario y la miseria de viudedad de mi abuela Victoria, que murió en nuestro poder rodeada de afecto. Sin embargo, nunca nos faltó un plato de comida y mi madre socorría a cualquier pobre que llamaba a la puerta, ya fuera con un tazón de café migado, un trozo de pan con aceite o un cacho de morcilla, ya fuera Maria Huye o cualquier otro pobre ser humano. Mi abuela tuvo siempre una fe ciega en lo que ella daba en llamar “providencia”. Aquella frase de “Dios proveerá” se hacía realidad, ayudada desde luego por los madrugones de mi padre y las benditas manos de mi madre. Esa escuela que mamé y que transmití luego a mis hijos es la mejor herencia que tomé y que dejo. Y tal vez sea ese aprendizaje el que me hace leve cualquier gravedad económica que sufra.

Hay momentos en la vida que necesitan de toda nuestra atención, de todo nuestro tiempo y entusiasmo, de toda la alegría y disposición que poseemos y que a veces ni siquiera poseemos y sacamos de flaqueza. Haciendo un esfuerzo sobrehumano de nuestra voluntad, nos dejamos en el empeño hasta el aliento. En el transcurso de la vida, esos momentos son los que se recuerdan con mayor cariño y los que nos impregnan de un cierto perfume místico y sobrenatural el alma. Lo más importante no es sólo el positivo estado de ánimo, resultado de la abnegación o negación del yo, sino la satisfacción de sentir el estado de ánimo de los demás, notar el prodigioso cambio que experimenta el otro cuando se siente acompañado en el camino de la vida. Y algo más, el alto grado de respeto que provoca en nosotros mismos. Esto pasa tal como digo. Tenemos el ejemplo cuando hemos de atender un enfermo de larga duración o terminal, cuando nos hacemos cargo de un mayor dependiente o cuando la vida te ofrece la posibilidad de ser útil a un buen puñado de seres humanos en casos extremos, ya sea en el extremo oriente o en el barrio que te criaste, que puede darse el caso.

Retirarme de las faenas cotidianas, haber dejado por un tiempo mis artículos, mi poesía, mi vida metódica y ermitaña y hasta mi revista “Calle del Agua” responde a un nuevo quehacer que ha necesitado de mi tiempo íntegro, de mi esfuerzo diario, de entrega total y de toda la concentración que requiere una encomienda de la envergadura de este nuevo cargo para el que he sido elegida, una responsabilidad que me gusta, que me ha conquistado el corazón y me ha llenado de ilusión la vida: trabajar altruistamente para los mayores -colectivo del que ya formo parte-. Poner en orden el Hogar, aportar cuanto sé y cuanto tengo, darme por completo a estas personas tan humanas y generosas, me ha devuelto las ganas de estar en el mundo. Y ahora que todo está en marcha y que el tiempo vuelve a tener algunas horas para mi y mis inclinaciones líricas, he retomado mis colaboraciones en Diario La Torre. No sabía qué contar y he querido relatarles los motivos de mi ausencia. Ha sido una ausencia llena de nuevas presencias: Encarna, Pepita, Salud, Mónica, Lourdes, Pepe, Antonio Ricardo, Constanza, Remedios, Juan, María, Jesús, Maruja... todo un colectivo que ha puesto su confianza en mi persona. Gracias. No os defraudaré.

La verdad es que no he dejado de escribir ni un día siquiera, lo que no he tenido tiempo es de apuntarlo en algún sitio. Poco a poco iré sacando de mi memoria todo lo que ha sentido el corazón. Las musas no se van, sólo duermen la siesta en verano.

Desde El Garitón, cada día más cerca de los míos, más árbol, más repartida, más transparente, Mariví Verdú.


domingo, 13 de junio de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE DESDE EL COLUMPIO DEL SILENCIO

A veces, la cabeza, esa personal computadora que no se entiende a sí misma, se cansa, se agota, se le rompe el disco duro o se le va la memoria. Siempre, al fin, se desconecta. Tener que seguir almacenando recuerdos o andar detrás del tiempo -con lo éste que corre- para no quedarnos atrás llega a hartar de tal manera que la sesera va y se planta, desatendiendo el consejo que diera José Agustín Goytisolo en sus versos a Julia, su hija: Nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo”. Cualquiera de nosotros, un día preciso, se queda callado y se sienta a la puerta de su casa, viendo pasar las nubes, a merced de la providencia de Dios. Y es que tenemos derecho a cansarnos, en particular de estar en una obra que no nos dejaron elegir y de la que no nos dejan salir, siendo sólo números paganos. Aburre vivir la vida que no corresponde a los conocimientos ni habilidades que se posee; harta la suerte, ese maldito azar tan malo para quien nace con la de ser pobre. Y es que hoy nada se deja al libre albedrío, todo está sujeto a unas normas enmascaradas de democracia que no dejan de ser mandatos de quienes no saben qué hacer con el mundo que han fabricado: este mundo de “igualdad”, tan laico y tan lleno de vacunas, enormemente hipócrita, desvergonzado y, lo peor de todo: injusto.


Y es que ando cansada de querer agradar a los demás, con lo poco que les importa a la mayoría agradar a nadie. Son terribles las imposiciones sociales, las máscaras vivientes, las ordenes subliminales, es todo un contrasentido, porque cualquier ser humano pensante debería hacer lo correcto guiado por su propio instinto. Siempre he creído que el hombre es bueno por naturaleza, aunque sé que existe gente con careta, ladrones y criminales, gentes que la misma sociedad antes desterraba. Sí, la sociedad, y no hace tanto, antes de quererle ver las cinco patas al asno. La sociedad era tan excluyente con los maleantes como leal con su prójimo y respetuosa con sus dementes. A estos se les tenía por inocentes, se les quería. Cada pueblo y barrio malagueños tenían su tonto, su loco o su borracho como tenían a su médico, a su civil y a su maestro. Hoy no se sabe quién es quién. Éramos más humanos, a pesar de tener menos de casi todo, y los abuelos acababan su vida en poder de los suyos y así cada cual recibía su reconocimiento social, nunca tan perverso como hoy. Vaya, que me he tomado un tiempo de silencio por decisión propia, tal vez por causa de esta vejez prematura que da el optimismo, mezcla de impotencia y desencanto. Y porque no quiero que me destripen los misterios. Todos los sabihondos del mundo civilizado son tan torpes... aún no han solucionado los grandes problemas de convivencia y quieren despejar las grandes incógnitas del hombre. Nunca harán ni lo uno ni lo otro. Por eso se han cargado los cuentos y las ilusiones en las que hallábamos nuestra dosis de alegría. Ellos han matado la poesía del mundo.


Mucha gente se asusta por mi actitud y piensa que puedo estar perdiendo el juicio. Y todo porque hablo menos, no agradezco los correos, menos los que adjuntan pps, y no me importa lo que piensa casi nadie. He mandado el messenger a tomar por culo -he ganado muchas horas a la vida- y voy menos a la compra y a los actos sociales. He optado por no ver la TV a cuadritos, ningún canal, todos se pueden a ir adonde picó el pollo. He vuelto a dar forma, como hiciera nuestra María Zambrano, a las nubes. Sigo leyendo libros: Poesía de Encarna Lara y su río: El Genil. Y los clásicos (gracias Manuel Ángel Rodríguez, por ser todavía mi maestro y llevarme de la mano a hacer las paces con Platón).


Desde hace algún tiempo, despido y acojo el sol mirando en lontananza, algo que hacía mi padre cada día y que ahora sé qué significado tenía. Es la cabeza, el alto corazón, que se pone en orden con el cosmos, porque el haber sido hechos a imagen y semejanza de Dios implica bastante, ser suficiente en uno mismo y respetarle a los otros la distancia. La soledad tiene necesidad de sitio y de silencio. A pocos les importa ya otra cosa que matarse por ser alguien. Somos tan escasos hoy en día los que nos hemos dado cuenta de que se es más grande en relación a la capacidad que se tiene de estar solo, callado y vivir estoicamente... en consecuencia, que nadie se preocupe porque haya escogido la opción de la soledad y del silencio. Asombroso es, un milagro, que hoy haya tenido ganas de contárselo a alguien, si es que ese alguien todavía lee mis cosas.


Desde el columpio
del silencio
podemos coger
el clavel de lo eterno
pero...
¿qué haremos
con lo eterno en la mano?

Emilio Prados.


Desde El Garitón, esperando la salida del sol con una gatilla chica en brazos y “atarragando” con el corazón que tanto pesa, Mariví Verdú

jueves, 20 de mayo de 2010

EL COLOR DE LA SEMANA: ROSA ARRIBA ESPAÑA

¿Qué color le pondría a la semana que la definiera en el tiempo y en el espacio, que nos la identificara en este continuo suceder de minutos y horas tan justamente adjudicado y tan de todos?
 Yo le pondría color de rosa, pero no el de cualquier rosa a elegir entre los bellísimos tonos que atesoran sus variantes sino de una rosa muy particular que yo la he nombrado “rosa arriba España” por llevar toda la escala de nuestra bandera, del rojo-amarillo, en un arco iris bicolor sobre unas rosas tan grandes como manos abiertas que comienzan siendo, más que naranja, casi llama encendida, para después dejarnos boquiabiertos con unos pétalos anchos, dulces, olorosos, que nos muestran al mundo el altísimo misterio de la Madre Naturaleza.

Debo estar volviéndome una salamanquesa o una mariposa porque ya no soy feliz más que en contacto con la tierra, asimilando mansamente sus ciclos, estremeciéndome bajo la sombra de los álamos -cuyo lenguaje entiendo- o buscando la recacha de una tapia encalada. Me niego rotundamente a seguir los cambios impuestos como la televisión digital, entre otros. Vaya mamarrachada de televisión. Sólo hay que echarle un vistazo a las programaciones ofrecidas en sus distintas cadenas para tener una visión muy cercana a la realidad de lo que tienen en sus seseras los responsables de dirigir este país.  Y no sé por qué motivo no se había previsto la supervivencia de las cadenas locales que por lo menos nos hablaban de cosas conocidas y cercanas, cosas que nos incumbían directamente y nos invitaban a la participación.

Recuerdo cuando mi padre -gran amante de los avances tecnológicos- me decía: yo no sé dónde vamos a llegar. Pobre padre mío, qué confianza tenía en el futuro.  Y mira adonde hemos llegado. A la mismísima... aunque llegar ahí es una inducción, no una obligación. Yo, en mi libertad, prefiero leer un libro o provocar noticias que tragarme las ajenas. Porque la televisión es la cosa más parecida a la política, un puñado de gente que nos manejan y nos cambian los maravillosos hábitos de vida que teníamos los humanos. Y más los humanos del Sur, los que no necesitamos ver maravillas enlatadas porque las tenemos en directo, ese lugar donde la gente se sentaba a la puerta entre perfumes de jazmín y engarzaba sus flores para hacer biznagas y collares de flores para los rodetes. Un lugar donde el tiempo se ralentizaba hasta que las estrellas y el relente nos obligaban a meter las sillas y destapar la cama. Yo sigo viviendo en él.
El bipartidismo no es bueno. Cuando escucho a alguien decir: a ver si ahora entran estos y están un par de años sin robar y cuando empiecen a hacerlo (algo que generalmente se considera inevitable en la clase política) se cambian otra vez... Y a mí me entra tal desconsuelo que hago como cantara Camarón y recogiera Demófilo: echo una manta en el suelo y me jarto de dormir. Y me levanto temprano para ver las rosas del amanecer.
Porque ese mágico instante no me la quitará nada más que Dios y sus inexplicables decisiones. Mientras tanto sigo siendo una enamorada de ese preciso y precioso instante. Cada día distinto, cada estación cambiante, cada año más melancólico. Y es que los amaneceres de esta mitad de Mayo son del color de estas rosas arriba España, os lo aseguro, y tienen mi juventud escondida en sus altos pétalos. Auroras naranjas, amarillas, claras y perfectas, con un mar de oro y el sol naciendo allá por las Sierras del Este, entre Alcaucín y Sayalonga, en la provincia donde Dios estuvo más tiempo aquel día de la creación para rematar la faena con sus manos.
Desde este Garitón, casa bendita, con el desencanto traducido en rosas, Mariví Verdú

DEL PERIÓDICO DIGITAL EL AGUIJÓN

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE. La Ley de D’Hondt y sus huevos de oro

Hace mucho tiempo, yo diría que desde que nací, me siento una persona cívica y sociable, casi pública, y puede que el mérito no sea ni mío, al menos, por lo del carácter extrovertido. Y es que la genética y la crianza juegan un papel muy importante en nuestro carácter y en las consiguientes relaciones de cada uno con los demás, por tanto agradezco a mis padres este posible don o sólo cualidad, porque no siempre es bueno ser sociable y mucho menos pública. Ser una mujer pública, tómenlo como les de la gana (que no está igual visto el adjetivo cuando califica a una mujer aunque allá cada uno con lo que se le venga a la cabeza), tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Las ventajas podría enumerarlas con pocos dígitos: conocer gente (buenos y menos buenos, malos y muy malos), tener siempre algo de los demás en nuestra propia cara (hablo de besos y de ese mínimo porcentaje de hipocresía o saber estar que hace sonreír cuando está una negra por dentro pero la cosa así lo requiere), ser menos una misma para ser de los demás (al menos, el tiempo que se dedica) y lo más importante: tomar el pulso a la sociedad malagueña casi a diario y tener una conciencia clara de lo que pasa a pie de calle. Si además de esto conoce una el sistema político por dentro, eso es ya el acabose. Ahí si que el concepto de hombre o mujer pública toma matices escandalosos.

El servir a los demás es una vocación y yo la tengo. Es algo así como oír una voz interior que siempre antepone al otro a ti misma. Digo yo que así será también el médico, la monja y todo aquel que entrega su vida (tiempo, esfuerzo y emociones) a los demás. Y digo que la tengo porque, además de sentirla, no cobro por ello. La única vez que cobre de la administración fue por un cargo de confianza y fui la mayoría de días a trabajar llorando. No entendía nada. Porque no entiendo la política de partidos, entiendo la política de conciencia y de ideología. La política cabrona que desune y machaca es mala de necesidad. Mi compañero Jesús, hombre trabajador como nadie y preclaro en sus ideas, siempre me dice que los cargos públicos de alta responsabilidad deben cubrirse con los mejores profesionales y expertos en cada una de las materias. Cuánta razón tiene. Los políticos son el poder legislativo ¿por qué no acaban de una vez de definir las leyes y dejan que los entendidos trabajen en aplicarlas? Y digo yo ¿qué hacemos los votantes para tener a tanto inepto en el poder? A decir verdad, nada. Falta educación y voluntad de cambio. A pesar de lo difícil que es contentar a todos, las cosas son más fáciles, mucho más fáciles, pero para ello deberíamos oír al corazón, escucharlo en silencio, y tomar determinaciones. En la unión y el respeto se basaría el tema pero ¿quién une dos fuerzas que no quieren entenderse? ¿quién será el bendito?

Me da un miedo que lleguen las votaciones. Otra vez, hileras de clones alfa y beta, vestiditos de domingo (aunque se tenga la nevera vacía) a coger la papeletita que les hace sentirse importantes... ¿Nosotros decidimos?... A grandes rasgos podría parecer que sí, pero no, no es tan sencilla la cosa. Hay trampas en todos los juegos. Las más sucias son las que hace el fabricante. Piensen y verán que no es tan decisivo nuestro voto. Es más, con este sistema electoral que rige hoy, queda todo tan pobremente repartido... O mejor dicho, lo hace dos tochos y excluye a las minorías dejándolas sin representación. Ver la Ley de D’Hondt. Un lumbreras sería este Victor D’Hondt, digo yo, si hubiera cobrado por el invento, rebasaría la fortuna del Gates. Pero aquí ya nadie hace nada por amor al arte, salvo escasas minorías y algunos poetas. Y , hablando de minorías, puede que las necesidades que estamos teniendo, las que conformarán el futuro de nuestros hijos y nietos, tengan más que ver con el pensamiento de inteligentes minorías que con este desmadre que nos está tocando vivir en esta democracia de los huevos, de oro para muchos -porque son muchos los funcionarios y políticos- y de los que se tocan los mismos, o sea, la mayoría - de madera para otros -por la obligación que otorga el paro- y de chocolate para los que se han acomodado a la sopa boba de sus pensionistas padres y ¡hala!, a vivir que son tres días. Las excepciones, que también las hay, sólo confirman lo dicho.

España es el piquito del gran dinosaurio de Europa, este que quiere parecerse al refundado continente americano, fuerte e invencible -después de cargarse a todas las minorías, dueñas y señoras, de aquellos territorios- y al vencido gran oso del este, el que se está bebiendo su propio vodka, y sigue sin echar cuentas de la vieja tortuga amarilla, a la que creemos mansa y torpe porque la comparamos con una tienda de veinte duros y un restaurantillo de barrio...pues vamos listos. Y al sur, donde las esmeraldas y los diamantes, los blancos sólo han dejado hambre y miseria. Nosotros mismos les esquilmamos por la cara las minas de fosfatos a los vecinos del continente de abajo y ahora...si te he visto no me acuerdo. Y digo yo... ¿por qué no nos unimos a Saramago y pedimos que cierren todos los zoológicos del mundo? y añado: ¿y si en su lugar metemos a estos otros animales que tanto salen en la tele?

Con mucho polen en el ambiente, y muy mala leche en el panorama político actual, desde El Garitón y con miedo a la apatía, Mariví Verdú

miércoles, 12 de mayo de 2010

CRUZANDO LOS OLIVARES

 Alejarse del lugar donde se vive habitualmente, tener otro punto de vista que el de costumbre, por muy hermosamente rutinario que este sea, implica, entre otras cosas, la visión del nuevo paisaje -con lo que esto conlleva de descubrimiento, de emoción, de aventura y de riesgo- y la falta del viejo paisaje o la melancolía del paisaje perdido, alejado tal vez para siempre de nuestra mirada.
Cruzar los olivares de Jaén, perder por un momento –que puede ser eterno- las suertes conocidas, la grata costumbre de la mirada, pegada a la tierra del campo malagueño desde siempre, me llena de una placentera emoción que roza el alma de todos los hombres en un concepto, por amplio, universal.

La lluvia caída no ha dejado una mota de polvo sobre los campos. Los olivos, llenos de hoja nueva, relucen como de cera extendiéndose a lo largo de la carretera en parcelas perfectamente dibujadas, bordadas a realce: un inimitable Patchwork  perfilados de cielo. Voy dejando el paisaje atrás mientras recuerdo el poema de Miguel Hernández…andaluces de Jaén, aceituneros altivos… Fuera de los límites de mi provincia, me invade un nuevo sentimiento: el sentir andaluz. Este es común para un número más limitado de seres humanos.

Seguir pasando, cruzar tierras castellanas, dejar Despeñaperros atrás,  llegar a los azules de Puerto Lápice, disfrutar el tapiz vegetal que en la Comunidad de Madrid han dejado las lluvias, ver los álamos tiernos de Alcalá de Henares,  me hace recordar, sentir morriña, pensar en mis verdes perdidos. Entonces, un fuerte sentimiento de nostalgia aflora y la distancia entre los verdes se hace insalvable. El mapa conocido me saca de sus límites y la sensación de sentir un país tan hermoso bajo mis pies, frente a mis ojos, me llena de una sensación grande y extraña. Sigo amando lo que siento mío pero con un cierto tono de tristeza, como se recuerda a la abuela muerta, lejana y nuestra, extraña sangre tuya que te duele y no sabes muy bien dónde y por qué.

Regreso. Volver al terruño es necesario. Para todos los que tenemos muchos años es vital tener un trozo de tierra al que agarrarse. No hay nada que me hiriera más que un destierro. Las margaritas, que todas se parecen entre sí, las amapolas, que pueden parecer iguales, los triguillos, el polvo del camino, los olivos, las rosas…todas pudieran ser la misma cosa pero las rosas de una misma, las rosas cercanas, tienen más perfume,  los trigos son más oro, las margaritas tienen nombre propio…los olivos…
El color de la semana no me cabe duda que es el verde, matiz de olivo nuevo, de trama clara, un verdoso gris satinado que nos llena de esperanza y de retorno.

Con la semana atrasada por el viaje, alegre por la vuelta, Mariví Verdú

EL AGUIJÓN

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN LA INVASIÓN DE LAS ROSAS

Doliente y de Occidente en la Invasión de las rosas

Amanece un nuevo día de Mayo. Han pasado doce días desde que comenzó y siguen las lluvias. No puede haber más belleza que la que queda en un paisaje recién pasado por un baño de agua mansa y fresca de mayo.

Qué fresquita ha venío
la primavera
y el agua que ha caío…
qué calaera.

Verde está el campo.
Más verde los amores
que va anunciando.

Desde el pasado viernes hasta ayer martes he estado fuera de mis límites queridos, los que conforman la Sierra de Mijas, la de las Nieves, la del Torcal y la da Tejeda, los planos verdes de la Vega del Guadalhorce y el turquesa vivo de la mar. He ido cruzando olivares de Jaén y campos verdes de varias provincias hasta llegar al mismo Madrid, ciudad apasionante, enorme, que me da por perdida. Aunque, si me pierdo allí algún día de verdad, me hallarán - frente al Hospital 12 de Octubre- en una placita que tiene el nombre de Málaga. Estaré junto al mural de cerámica que nos la retrata con su farola y su mar contenido. La verdad es que Madrid es hermoso, demasiado para vivir allí. A la vuelta, he visto atardecer en Granada desde el Mirador de San Nicolás. Porque Granada sí que es belleza, una belleza que nunca me pierdo cuando por allí ando.

Granada, ciprés y nieve,
verde y blanca es mi Graná...
es tanto el arte que tiene
mi morita acristianá,
¡bandera tú, porque puedes!.

Y es que una visita al Sacro Monte, un paseo por la Cuesta del Chapíz y un alto en la Placeta del Salvador no hay quien me los quite si voy a la Ciudad de la Alhambra.

Granada sólo es Granada,
agua de Darro y Genil,
carmen de cuatro barandas:
Sacromonte y Albaycín,
Generalife y Alhambra.

Porque Granada tiene aljibes de un agua que a mí me quita la sed más grande, la del alma, me deja el corazón líquido y transparente, me enamora:

De cármenes y de flores
está llenita Granada,
de ojos negros y de amores
y placitas donde el agua
va cantando sus rumores.

Y, como llegué de noche no pude hacer otra cosa que dar gracias por lo vivido, por estar de vuelta y dormir. Pero, al amanecer, al volver a descubrir las bellezas de mi entorno diario, al recuperar la paz de la rutina, sentimiento de conformidad con la vida que no puedo traducir con palabras, veo mi trozo de bahía, mis montes cercanos, mi luz clarísima. Y, como presente, encuentro abiertas las mil flores de un chilindro y todas las rosas de la tierra en este pequeño mirador del mundo.

No quiero herencia ninguna
porque ya tengo bastante
siendo Málaga mi cuna.

Desde El Garitón, con un cariñoso recuerdo a Los González, a Paco Pereira, a Gema de la Torre y a Richard Gautier, Mariví Verdú.

miércoles, 5 de mayo de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE HACE APUNTES VITALES

A Loli Aranda, in memoriam.
A mis muertos y, entre ellos, a Loli Aranda Cuenca, tan mía y de los míos.

No puede ser verdad que en un momento se nos borre la vida como si fuera una pizarra en la que se escribió el amor, el dolor y el placer y estos sentimientos sólo fueran palabras huecas, sin alma y sin historia, escritos que, de un día para otro, no interesan a nadie. Recordar a una persona que ya no está entre nosotros es sólo tarea de los vivos. Las muertes naturales, las que son resultado de los años vividos, son más llevaderas. Otra cosa es cuando no hay recuerdo alguno porque nunca se olvidó nada. Pero eso sólo pasa cuando se muere un hijo. O una madre. La intensidad de esos sentimientos puede ser una descarga de alta tensión Sin embargo, cuando se instalan todos los muertos en nuestras cabezas, el intervalo de tiempo que pasa entre el recuerdo y el olvido suele durar poco. El hecho es lógico, resultado del mecanismo de la cabeza humana para no adentrarse en ese túnel de la tristeza profunda que tan cerca nos deja de la última estación. Es la estrategia natural para no sufrir lo inevitable: conocer la soledad y el vacío existente en nuestros corazones y, algo que no podemos dominar, el temor de nuestra propia muerte.

Hoy y durante la mayoría de mis días -desde que cumplí los cincuenta- han sido más abundantes las despedidas que las bienvenidas, una situación que me ha hecho recapacitar mucho sobre mi estancia en este rinconcito soleado del globo. Ante las fiestas típicas, hablo de bodas, bautizos y comuniones, suelo tomar una actitud algo dramática. De hecho, los momentos más alegres de mi existencia, los que son dignos de celebración y regocijo para la mayoría, suelen darme un miedo tremendo. Sin embargo, aunque por mis palabras les pudiera parecer que soy persona pesimista y negativa, no es así. Aunque viva en la eterna duda me confirmo en la primavera. Y aunque les parezca que estoy en las Batuecas, vivo en el mundo más real y vivo de cuantos mundos hay. Y es porque vivo con mis vivos y con mis muertos, porque no permito que personas que tanto significaron para mí dejen una estela más fugaz que la huella de unos pies que pasearan por la orilla de una playa un día de levante. Sus existencias forman parte de mí, soy yo misma, ellos me han hecho ser lo que soy pero también forman parte de la memoria y de la vida de otros. Estos seres, anónimos para la mayoría por amor a la prudencia y a la humildad -virtudes dignas de los santos-, no aparecieron en nuestra crónica ciudadana, no son protagonistas de ningún legado histórico, no queda de ellos otra palabra escrita que las fechas de entrada y salida de la fría burocracia del mundo, pero... ¿qué sería de nosotros sin nuestros muertos? Algunos podían haber engrandecido con su obra el excluyente y apartado mundo del parnaso y sus vidas hubieran sido ejemplares y dignas de ser leídas e imitadas por los que quieran aspirar a ser parte de Dios, parte del cosmos vivo y reluciente sobre nuestras cabezas, parte de bondad del universo. Y cuando se nos mueren ¿no ha pasado nada? Ha pasado… todo un cataclismo lleno de lágrimas que es a la vez el mayor milagro y el más digno de gratitud. Con ellos ha pasado… la vida. La flor de la vida. Sus besos y sus voces. Han pasado y han quedado: somos nosotros mismos.

Por eso, hoy sábado 30 de Abril, con mi vida a media asta y la tristeza ondeando como ropa tendida, me niego una y mil veces al silencio. Me niego al olvido. Quiero cantar sus nombres cada día aunque mi voz no tenga ya de ellos contestación ninguna, aunque la gente que anduvo por sus vidas no quiera recordar. Sufrir es tan humano como inevitable. Cantar también. Por eso cantaré sus nombres hasta que el ciclo de mis días se cierre con los suyos, hasta que me selle la boca el lacre de mi amado silencio.

Dale besos a todos, querida amiga, santa amiga Loli, y descansa en el mundo de los justos. Y recuerda que aquel rosal blanco que era de mi madre siempre dará rosas para ti. Amén.

Desde El Garitón, dejando que la vida me traspase, Mariví Verdú

domingo, 2 de mayo de 2010

EL COLOR DE LA PRIMERA SEMANA DE MAYO

La semana tuvo un color bellísimo, efímero, indescriptible... aunque intentaré hacerlo. ¿Recuerdan los celindos en flor? -ese arbusto que nosotros por aquí llamamos chilindro-  ¿Recuerdan su aroma y el delicado color que tienen? Pues esta semana tiene un color muy parecido al que refleja la luz en sus corolas. Así ha lucido el primer día de Mayo. Y es que le quedan todavía muchos matices de la pasada luna de Abril.

Qué difícil es vivir, en este mundo, en paz con todos. Es prácticamente imposible. Ni siquiera los grandes poetas y pensadores, los místicos, los ascetas, lo consiguieron. Tampoco podemos agradar a todos porque, en general, lo que para unos es belleza, es fealdad para otros; lo que para una parte del mundo es natural, no lo es para la otra y lo que es prescindible para mí, resulta ser diario y vital para otros muchos humanos.
Y a estas alturas, harta ya de pensar y cansada de preocuparme de un mundo que rueda sin necesidad de nadie y, lo que es peor, sin hacer caso a los grandes que en el mundo han sido, me doy cuenta de que lo mejor es seguir viviendo, ser responsable de nuestros actos y parecernos lo máximo posible a nosotros mismos.
La urdimbre que nos une a este mundo está tejida con dos cabos: uno, la fuerza de la gravedad, no cabe duda, y el otro, la cruel decisión de la naturaleza (aunque esa crueldad  -ciclo imparcial de muerte y vida-, siempre tendrá dos caras también: la suerte (a veces benévola y otras malditas -siempre formas duales y complicadas- y la fuerza motriz de la supervivencia -imparable, arrolladora, extrema-). Y me doy cuenta de que todo está hecho en base a una ciencia exacta, aquella que dejó en bragas Einstein, un día nublado. Porque todo es cuestión de matemáticas, aplicaciones binarias, constantes, ecuaciones y proyecciones que alcanzan hasta el confín inalcanzable del universo.
Por eso sigo sumando hojas al libro de mi vida, una suma al margen de beneficios ni de planteamiento alguno que no venga de mí misma, de mi voluntad y del destino, ese que viene siempre dando tumbos porque Dios parece no tener mano que darle para que no resbale. O tal vez es que no conozcamos a su graciosa majestad ¡Oh mano larga y caprichosa! Por lo que tú más quieras, Dios mío ¡déjate ver y danos la mano!

Esta mañana volví a levantarme con ganas de escribir, lo necesitaba, además tengo una deuda con los lectores del flamante periódico El Aguijón y no quería dejar de mandar mi artículo semanal, ese que dice tener el color de cada semana. El ordenador sigue roto. Para mis fines, he tenido que recurrir a la antigua fórmula del lápiz y el papel, algo que nunca falla, mientras tengamos a mano un bloc, un boli o algo que pinte y la suficiente agilidad para sostener uno y conducir lo otro. Hasta hoy no me faltaron nunca y menos aún en los momentos delicados, cuando la técnica me falla. Por eso -y por tantas cosas-, no me quejo de la vida. Mañana lo enviaré desde donde pueda. Disculpad mi tardanza. Dios proveerá. Porque si Dios no te provee, te mata.  Y puedo decir, agradecida, que la mano divina me ha dejado llegar a la edad de los avíos. Porque hoy todo me hace avío: los cuadernos viejos, los sobres y cuartillas con media cara limpia, los libros de cuentas que nunca se acabaron, los folios equivocados de la impresora... Los vuelvo por su cara limpia y hala, a escribir que son tres días y yo voy por el tercero ya. Y, aunque prescindir de los medios que tenemos a nuestro alcance va resultando cada día más difícil, a veces gusta  salir del paso a la antigua usanza.
Y digo yo ¿cómo podríamos olvidarnos de lo sabido?, ¿cómo podríamos desaprender?, ¿cómo parar esta bola de nieve que acabará sepultándonos en frío alud? ¡Ay, Alzahimer, déjame en paz por ahora, que ya sé de qué vas! Y tú, ordenador, anda y que te corten la luz, que me tienes muy harta. ¡Viva Johan Sindel y los abuelos papiros! Y el chilindro, que nace cuando quiero irme, que dulcemente me invita a quedarme en el ingenuo recuerdo de una niñez perdida…
Desde El Garitón, sin madre a quien besar, echándola de menos y diciendo muchísimas tonterías para no llorar. Mariví Verdú

DEL PERIÓDICO DIGITAL EL AGUIJÓN

sábado, 24 de abril de 2010

EL COLOR DE LA ÚLTIMA SEMANA DE ABRIL

Esta mañana amanecía como si el mundo fuera un enorme capullo de seda. El color difuminado del cielo, su bruma de oro metida por los valles trasminando de azahar desdibujando la mar y sus contornos, la delicada cortinilla de humedad que nos envolvía, todo hacía presentir que el sol se iría adueñando de la mañana, y así ha sido. Las últimas lluvias sólo han sido una romántica despedida del invierno.

Esta mañana, el mundo civilizado sigue siendo tan capullo como ayer, pero menos que mañana. Obcecado en llevar la razón a toda costa, este mundo glotón ha vuelto a plantearse las mismas conclusiones: lo nuestro es lo que vale –aunque no nos valga ni a nosotros mismos-, el muerto al hoyo y el vivo al bollo y primero yo, después yo y, si sobra algo, para mí. En estas tres patas se levantó el taburete donde se sienta hoy el culo gordo de nuestra civilización. El resto del refranero quedó en desuso: haz bien y no mires a quién, obras son amores que no buenas razones, el que quiere la col, quiere las hojitas del alrededor… ¡qué poquito ha quedado de nuestra idiosincrasia, qué poquito! ¿Dónde dejamos el respeto al prójimo, adónde el amor?
Hoy sólo se quiere ser eternamente joven y vivir  mejor que el vecino, ya sea del quinto en vertical que en adosado horizontal. Nos ha absorbido el poder y el dinero y las únicas metas son ambigüedades enchufadas a la red eléctrica o sobre las cuatro ruedas. Peleamos sin ganas, vivimos sin ganas, dejamos que la apatía nos manipule y nuestra actitud tiene que ver más con los tópicos que con la convicción de ideas. Todo se ha convertido en una amalgama informe que, como un alud agrisado, va pasando sobre la vida, arrollándonos a su paso y haciendo la pelota más grande, hasta acabar en tunelillo que sellan con silicona y…si te he visto, no me acuerdo.
Pero hemos votado en este corto paseíllo, conformándonos con lo que nos ponen en la papeletilla, se nos han caído los dientes y el pelo y hemos pagado, con mucha dificultad, nuestro mortuorio ¿qué más queremos? Bueno, también ha habido tarde de futbol, corridas de toros y escándalos, ya sean ajenos o propios, y a veces –muchísimas veces- un ángel caritativo  nos hemos librado del mal. Amén.
El color del día ha sido bellísimo. El de la semana, inquietante. Nuestra sociedad no es clara, ni justa, es pasota y está esmerilada. A mí me deja el corazón más bien triste y preocupado. Y es que me cuesta dar con gente que se planten el legado ético, el origen divino, que sienta respeto por el poderoso misterio de la vida, sin que nuestra conversación, llegado el caso- parezca de dementes o de testigos.
Menos mal que me gustan las palabras. En ellas me refugio y me explayo. Y, hablando de palabras ¿habéis observado que en nuestra sociedad todo depende de la segunda letra? De la O a la U va sólo un pasito muy corto… Cuidemos de no meter la pata.

Desde El Garitón, planteándome a ratos lo que Hamlet, mientras nacen las primeras rosas, Mariví Verdú

DEL PERIÓDICO DIGITAL EL AGUIJÓN

jueves, 22 de abril de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE, DE VUELTA AL INSOMNIO

Tener insomnio es una enfermedad que, para los que escribimos, suele ser crónica. Saltar de la cama como alma que lleva el diablo y encender el ordenador antes de ir a evacuar las agüitas amarillas, aquellas que fueron motivo de inspiración para Los Toreros Muertos, es todo una. Con los ojos pegados, antes de ponerme el café, ya estoy maquinando, intentando recordar los dictados de la semi inconsciencia de la madrugada. Estos momentos son verdaderamente mágicos, solitarios, oscuros, lleno de luces lejanas.


Enfrentarse cada mañana con un papel en blanco, con las dudas eternas sin resolver y el panorama tan desesperante y bipolar como siempre, es un acto heroico. Decir lo que se piensa del mundo y de las particiones que de él se han hecho es una pérdida de tiempo. Porque la cosa no tiene enmienda, como la jodienda. Ser testigo de la manipulación, saber que hay demasiada gente sentada en las poltronas cambiando de asiento cuando tufa a culo, ver cómo se entierran valores sagrados del ser humano, tener la sensación de no pertenecer a ningún sitio, volverse indolente a fuerza de atosigamiento de información, creernos inmunes a los vapuleos del planeta todo es un hecho pero ¿dónde buscamos las culpas? He aquí la grave cuestión.


¿Qué nos ha pasado para tanta apatía y tanta sumisión a lo indeseable? Hurguemos en nuestras conciencias, porque no podemos echarle la culpa siempre al otro. Como ya no se sabe a qué huele cada político de turno –no hay que olvidar que la cosa va de turnos- todos huelen a culo ajeno y todos van pareciendo uno, el mismo recortable al que le podemos cambiar la ropa pero no la cara ni la osamenta, rígida, hierática, insensible, fea. Por tanto, intentemos cambiar desde nosotros mismos. Porque hoy sólo tenemos esto, una mayoría de cabreros feos que se turnan para seguir comiendo de la olla y un rebaño parlante asiduo de las grandes superficies que además les votan. Y mientras, los bufones –a esta parte pertenecemos todos los que nos da por alguna venilla artística-, estamos entreteniendo el tiempo y dando juego a esta democracia charlatana que nadie atiende, sabiendo que algún día iremos adonde picó el pollo -algo más tarde que los demás- mientras ellos, que también lo saben- se suceden y comen y se aprovechan del estatus a destajo para hacer real el dicho: Muera Marta, muera jarta.

Por eso, cuando reviso el panorama actual tengo la terrible sensación de vivir una situación similar a la del film Atrapado en el tiempo, de Harold Ramis, aquella historia del eterno día de la marmota en la que a su protagonista le sucedía lo mismo cada día. Sólo una salvedad, que Bill Murrai se despierta. Nosotros no. Esta dinámica -inercia sería la palabra exacta- es imparable, insensible e irracional. Porque hoy la gente sólo quiere derechos ¿adónde los deberes? ¿Cómo todo el mundo va a tener derechos sin deberes, cómo va a tener poder un individuo que sólo sabe ladrar? ¿Quién se dejó atrás las normas y la educación como bases fundamentales de una sociedad? ¿Para qué queremos la libertad sin topes ni respeto? Pero aquí nadie se pringa en decir lo que realmente piensa: que cada español, incluidos los políticos, necesita un civil de los antiguos, con bigote y tricornio, detrás, y con una vara de acebuche en la mano. ¡A qué poca gente metería Noé en el arca, a que poquita! Vivimos en una sociedad desalmada y así nos va. Una sociedad que se parece más a lo que picó el pollo que al ideal social y humano que debiera ser. Decididamente esta democracia socialista es muy lista pero nada social. Y yo estoy cada día más demente porque no me quedo muda. La democracia tiene unas cartas escondidas que no sé por dónde saldrán. De momento no es ninguna panacea, más bien el fundamento de esta gran casa de locos.

Y mientras llega el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar… me encontrareis a bordo viviendo a lo salvaje, con la pared hablando, cagándome en la mar. Y que me perdone el maestro Don Antonio.

Una mañana más, desde El Garitón, con un cielo a lo Ben Hur –negro azulado eastmancolor- y los claveles disciplinados a punto de reventar, Mariví Verdú

sábado, 17 de abril de 2010

EL COLOR DEL DÍA 17 DE ABRIL

 Hoy, 17 de Abril de 2010, día de San Perfecto y mío, tiene un color gris acuoso. Abril está de lluvias, tal y como rezara en el viejo refrán. Esperemos que Mayo salga florido y hermoso, porque este año tiene agua para poder serlo más que nunca.
                                       

Y tal día como hoy quiero presentarles la sección que voy a llevar en este nuevo  periódico digital del Valle del Guadalhorce que tan sugerente y punzante nombre tiene: El Aguijón, una publicación que promete, a la que deseo larga y provechosa vida.



El color de la semana, que así se titularán genéricamente  mis colaboraciones, quiere acercar a todos sus lectores las palabras de una mujer malagueña, nacida en 1953, que tiene vocación de escritora y estigmas de poeta. Conseguir llegarles al corazón, no sé si podrá ser una realidad, pero es mi único objetivo. El corazón humano me parece la más hermosa casa que pueda existir. Vivir en uno de ellos, aunque sólo fuera por unos minutos, es para mí la más grande hazaña de cuantas un ser humano pueda realizar. Porque esto sólo ocurre por obra y gracia del amor, cualquier cosa en la vida que nos merezca la pena está hecha por, para, desde, con (y casi todas las preposiciones) amor.

Vivo en Alhaurín de la Torre y escribo desde este hermoso pueblo porque me gusta. Hace más de un año escribí una cuarteta flamenca,  diciendo el porqué:
 
A mí me gusta mi pueblo
porque queda todavía
mucha gente que al cruzarnos
nos damos los buenos días.
 
Y este sentimiento lo tengo por Málaga entera, ese hermoso abanico que se abre desde el mar hacia el corazón de Andalucía, donde nací y donde debo morir.
Mis ideales en este periódico van más lejos que la simple y aburrida política porque, como he dicho, me importa más el ser humano, uno a uno, que las borregadas a las que nos obliga la vida que se impone actualmente. Porque hay más cosas que hacer y que sentir que rabia o impotencia: amor. Esa es la clave. Y el color de mis días.
 
Desde El Garitón, agradeciendo la lluvia, Mariví Verdú.


PERIÓDICO DIGITAL EL AGUIJÓN

martes, 13 de abril de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE...FELIZ Y SONRIENTE

<![endif]-->CRÓNICA DE CALLE DEL AGUA 10


¿Cómo tan pocos dieron tanto en 90 minutos?
¿Cómo puede ser tan grande un espectáculo flamenco en el que la media de edad es de 22 años?¿Quién se explica que, después de hacer doblete, hayan salido con las mismas ganas de actuar, intactas, y un arte que ha llenado de aplausos el Centro Cultural Vicente Aleixandre de Alhaurín de la Torre?

Pues… muy fácil, es cuestión de estar a gusto, un buen público enfrente de unos artistas completos y unos jóvenes llenos de arte y profesionalidad.

Pues así son Rubén Lara, Edu Agudo, Nuria Martín y otros dos grandes profesionales que se encontraban entre el público: Triana Cortés y Antonio de Verónica. Cuando hay compañerismo y voluntad, la fiesta es más fiesta, más pura y más completa. Porque los que estaban en cartel son los tres primeros pero al requerimiento de los presentadores del acto les ha faltado tiempo a los otros dos para subir y compartir el fin de fiesta como ellos lo saben hacer: bailando. Edu Agudo ha estado para comérselo, bien cantadas sus malagueñas y sus aires por soleá. Un joven que en la próxima revista nos contará su vida y sus experiencias en el cante. Un artistazo.

Y Nuria Martín, que sabe meter por bulerías cualquier cosa y todo suena a flamenco… es genial. Es simplemente genio y compás con forma de mujer. Y qué decir de Rubén Lara, que lo mismo me hace son para decir un poema de Benítez Carrasco haciendo que mi voz suene mejor que nunca que nos regala unos punteos con un aire nuevo que poco tiene que envidiarle a los consagrados. Rubén derrocha fuerza, en él está medido todo lo que hace, pero tiene la chispa de la espontaneidad y eso le hace auténtico. Espléndido en el acompañamiento –no olvidemos que su vocación frustrada es la de cantaor y conoce cada palo como si fueran suyos. Es un gran artista y el futuro lo dirá. Yo ya lo estoy diciendo.

¿Y qué cuento de esa panda de Cútar que ha llegado hasta Alhaurín de la Torre con ganas de dejar su huella, una huella fiestera y natural como pocas? Ha sido una delicia compartir esta tarde con ellos porque, si los jóvenes son apañaos, más apañás son las mujeres ¿qué hubiera sido de mí sin ellas? Han dado lo mejor de sí esta tarde, cinco revezos que hemos disfrutado y que nos han sabido a poco. Desde Antonio, el más mayor, a David, el más chiquitillo, han sabido meterse al público en el bolsillo. Me encanta ser amiga de todos ellos. Cada uno por separado son la repera, juntos son lo que vimos anoche: una hermosa familia con mucho arte. Y de mi amigo Joaquín Cabello ¿qué decir?, como nos falló el presentador programado dos días antes del acto, ahí estuvo para echarme un capote torero; y he aquí que un cantaor flamenco conocido en este arte como “El Quini” hizo un excelente papel detrás del micrófono. Muchas gracias.

Gracias también a Pedro Durán, mi hijo, por estar a mi lado y por hacer las preciosas fotos que acompañan esta crónica y a Jesús González que estuvo al quite en toda la organización y pendiente del más mínimo detalle. Muchísimas gracias.

Y gracias a tantos amigos que ayer se dieron cita en el Centro Cultural Vicente Aleixandre de Alhaurín de la Torre y que tan bien se lo pasaron. A todos los socios de Calle del Agua, a todos los asistentes y en especial a Carmen Ocaña, Ibáñez, Javier de Molina, Amparo López, José Antonio García, venido con su esposa de la Argentina; a Francisco Moreno y su familia, a Francisco Montoro y Odile Bernard, a Paul y Toti Mandeville, a Agustín Jiménez y a Mari Ángeles Pérez, a Cristina Ruiz, Eva Durán y Marisa García y cómo no a Eduardo Bandera y su familia. Y gracias por venir la mayoría de ellos con sus hijos para llenar de alegría y esperanza nuestra reunión. Una delicia para los que amamos la vida. Gracias a todos y hasta la próxima.

Sólo una espinita, tres asientos vacios de la primera fila.

Desde El Garitón, con la tranquilidad del deber cumplido, Mariví Verdú.




viernes, 9 de abril de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE RECLAMA EL DERECHO DE LOS ESCRITORES

Me juré olvidar el asunto, no tenía tiempo ni de enfadarme en pleno proceso creativo de la décima Revista Calle del Agua. La mala sangre no me hubiera dado más que problemas a tan excelente fruto como el que mañana sábado, 10 de Abril, a las 8,30 de la tarde, en el Centro Cultural “Vicente Aleixandre”, tendremos en las manos, ni me hubiera permitido compaginar todo su entramado, desde preocuparme de que los colaboradores tuvieran a tiempo los artículos y las ilustraciones, hasta la corrección de las pruebas de texto, toda una décima odisea. Esta revista nace desde el mismo lugar que estos artículos, desde El Garitón, porque soy vecina de Alhaurín de la Torre, amo, respeto y defiendo a este pueblo tanto como pueda hacerlo un vecino natural, y porque desde Calle del Agua, como asociación, aportamos, en la medida de nuestras fuerzas, nuestro granito de oro a su amplia oferta cultural.

Hoy hace un mes y medio que recibí un correo de donde extraigo estas palabras que cito a continuación: “busqué en internet sobre X y vi su currículum más completo y lo copié (te prometo que no sabía si era tuyo o de quién) y lo reproduje, creo que agregando algo más. Así que si con ello te he molestado no era mi intención y te pido disculpas.”

Bueno, este hombre, al menos, pide disculpas pero ¿saben para qué sirve esta disculpa? Protocolariamente, para justificar su actitud, pero, realista y efectivamente, para nada. Para nada porque, aunque se aceptaran, las disculpas no dan arreglo a lo hecho. Lo que se queda escrito es lo que vale, al menos para los que amamos la palabra y los libros. Porque el día de mañana nadie va a imaginar, si no está firmado, si es que un día un lector cualquiera encuentra y abre el libro, quién y qué sentimientos llevaron a escribir esas palabras, sea de un currículo X –son muchos los currículos utilizados textualmente en presentaciones y grandes eventos y festivales con personas muy “apreciadas” y bien pagadas en el mundo del flamenco y la literatura-; sea de unos versos o de un texto en prosa cualquiera.

Otro caso reciente se puede corroborar en el libretillo del disco de Cancanilla de Marbella, cuyo autor de los textos, Ramón Soler, ha omitido decir de quién es la más hermosa seguiriya que canta Sebastián, aquella que escribí en momentos de gran dolor referidas a la muerte de mi padre, únicas y hondas como las entrañas de la tierra y que dice así:
Ha pasao un año
que no está mi pare
y no se acostumbra el corazoncito
a falta tan grande.

O en el libreto de una empresa dedicada a mostrar al turismo los aires flamencos con visitas guiadas y show incluido, donde han omitido hablar de la autoría de algunos textos, según otras “disculpas” que puedo constatar por escrito en mi correo electrónico y en conversación telefónica.

Esta tierra existe desde el Génesis. Cuando Dios creó la luz nació Málaga. La Mar y el Parque fueron después…etc. Y este juguetillo por alegrías o seguidilla simple, grabado y aireado por Gitanillo de Vélez y muchos cantaores más que dice: El Puerto se ilumina con su Farola y yo me enciendo, niño, con tu persona.
Otro caso recién descubierto en la red y que se puede constatar, es el de un texto copiado textualmente que está escrito en tiempos en los que aún no manejaba el teclado ni los medios de la red, hace ya muchos años, y usaba las diéresis como comillas… ¡vaya escritora más antigua! porque lo mío era el papel por entonces –aún hoy me sigue gustando para según qué trabajos-. Pues sí, señores, lo he visto copiado en un periódico de nuestro pueblo y la señora “lumbreras” no le ha quitado ni las diéresis al texto…y encima vive aquí y escribe con unos aires de perfección que no me veas. Pues eso, un tema sobre los verdiales cuelga en la red con mis diéresis y mis palabras y con otra firma… ¡pa hacerse el haraquiri, vaya, de la risa!


Pues miren ustedes, no quiero que éstas queden como “cuneras” ni sean textos “expósitos”, no señor. Eso era en otros tiempos, bellísimos por románticos, donde lo popular perdía nombre y apellidos. Pero hoy no me da la gana a mí de que textos nacidos desde lo más profundo de mis sentimientos queden formando parte de unas impresiones que sirven a otros y menos aún cuando se usan con fines lucrativos. Que me hubieran pedido permiso y que hubieran respetado, simplemente poniendo debajo el nombre de la persona que ha sentido al escribir y ha descrito el sentimiento con sus propias palabras. En estos casos, Mariví Verdú. Desdecirse cuesta cuando se ha imprimido un texto, pero la espina se queda oculta en un quiste, pequeñito y porculero, para siempre. Además, todo el que toma palabras, mías o de cualquiera, de la red, de los libros o de donde sea, tiene la obligación de decir de donde proceden y, si no es así, atenerse a las consecuencias legales...Es que es mucha la gente que se ha creído que Internet es anónimo... ¡cuánta buena palabra rueda por ahí sin derecho de autor, cuánta!


Esto que digo yo lo pensamos todos los que nos gusta la palabra escrita. Todos. Mi trabajo no se admite en los ámbitos elitistas de la “literatura culta” porque me he dedicado a la “literatura popular” y si los populares tampoco me respetan ¿adónde mi palabra? Ya que mi empeño en el flamenco ha sido y será defender el texto como una vertiente a añadir a las ya consabidas del cante, el toque y el baile ¿porqué somos tan malos, señores? ¡Qué trabajo le cuesta al mundo ser justo! Ay, madre, ¡qué trabajito cuesta!

Desde esta pequeña habitación donde trabajo, parte de un Garitón que cobijaba a mis padres, desde una tierra que guarda las cenizas de mis muertos, con un cerezo en flor, un jazmín reventón y con claveles, fresias y violetas a porfía, Mariví Verdú.

viernes, 2 de abril de 2010

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE, HASTA EL LUNES DE GLORIA

Por el este dorado, cargado de naranjas, llega el sol cuando quiere y así desde lo eterno. Sigue un orden perfecto, distinto cada día e igual a su principio. Así vamos naciendo, viviendo en este mundo, a su compás medido. Y un año más regresan las espinas, los clavos, las amarras, las llagas y la herida profunda del costado de Cristo. Y los campos se cuajan de verde y campanillas y se llenan de vida los viejos pedregales. Este año ha llovido y el agua multiplica la vida y sus bondades. Y un año más, el hombre, el gran privilegiado con lágrimas y palabras, espera ese milagro de la resurrección. Da igual el ser cristiano o ser del agnus dei, quitolis peccata mundis es de todos los hombres. Desde allá de los tiempos el hombre espera a Dios sentadito a su puerta.

Con el deseo de que cada cual viva la Semana Santa a su gusto, hasta el Lunes de Gloria.

Mariví Verdú

*Málaga, 15 de Abril de 1954. En la fotos, Agustín y María Luque, Tony Blanco, Isabel López Rueda y Manuel Luque, mi familia.