sábado, 31 de diciembre de 2016

COMEDOR DE SANTO DOMINGO, por Mariví Verdú

 Ayer, 30 de diciembre de 2016, estuve visitando el Comedor de Santo Domingo, un lugar de amor donde no hay hambre.


La Asociación Benéfica “Patronato Santo Domingo”, situada en Calle Pulidero número 9, en el Barrio de la Trinidad de Málaga, es una asociación sin ánimo de lucro que presta una atención integral a las necesidades y problemas de las personas en situación de exclusión y marginación social. y tiene como objetivo principal acoger, desde el afecto, la comprensión y el respeto, a las personas que hasta allí llegan solicitando algo tan necesario como el alimento.

Ocupa la manzana completa entre las calles Álvaro de Bazán y Rita Luna, en el corazón de La Trinidad, barrio histórico del Distrito Centro de la ciudad de Málaga situado al margen derecho del río Guadalmedina. Fui recibida atentamente por un guardia de seguridad que me acompañó hasta el comedor donde se encontraba en plena faena mi amigo Manuel, colaborador, y la directora del centro, Mari Ángeles Martín. Allí se habían dado cita Guillermo Busutil y su hija Gala. Más tarde llegaron otros invitados y con ellos fuimos recorriendo todas las dependencias mientras Manuel nos presentaba a los trabajadores y colaboradores del comedor. Cuentan con un plantel de profesionales: personal de cocina y comedor, administrativo, orientador laboral, psicólogos, trabajadores sociales y sobre todo con la colaboración diaria de numerosos socios y voluntarios.

Allí encuentran alimento material y espiritual porque los trabajadores y colaboradores del comedor derrochan sensibilidad y profesionalidad, intervienen directamente en la motivación de las personas que piden ayuda para que tomen conciencia de su estado y pongan medios para mejorar su calidad de vida y no solo paliando las necesidades básicas, sino cambiando su forma de vida, dándoles formación y ayudándoles a encontrar salidas al mercado laboral. Es importante la labor de acogida a mujeres con hijos menores a su cargo por motivarlas y acompañarlas a encontrar una salida a su situación. Desde el respeto y la consideración, hacen ver sus capacidades para ser autónomos y protagonistas de su vida.

La  filosofía de su quehacer diario se basa en la creencia de que toda persona tiene capacidades para mejorar su forma de vivir y ser protagonista de su historia, por ello trabajan de forma personalizada, ayudándoles a solucionar sus problemas, haciendo un seguimiento de los mismos y sintiéndose felices, todos a una, cuando logran los objetivos. Para llevar a cabo su cometido ponen a disposición de los necesitados desde becas de rehabilitación, comedor social o taller de empleo, hasta ayuda psicosocial a las personas acogidas o apoyo económico a las familias, entre otras.

Como mi visita coincidiera con las fiestas navideñas, he de decir, en honor a la verdad, que la Navidad entraba con los amigos del Comedor de Santo Domingo en muchas casas malagueñas y lo hacían con una dosis enorme de cariño, con el máximo respeto a las familias y con toda la generosidad que les caracteriza.

Para que nunca falten medios y pueda seguir adelante el Comedor de Santo Domingo, pido vuestra colaboración , ya sea como socio o ayudando puntualmente. Estos son los teléfonos: 952 277 027, 952 286 201 y el Fax 952 277 027, para quienes quieran saber más del comedor; este es el número de su cuenta ES27 21033029163300022120, para quien tenga a bien una aportación económica pero todo es bienvenido, los productos de alimentación básicos, aceite, legumbres, arroz, leche..., productos de limpieza o de aseo personal, vuestras manos, vuestra alegría, vuestro cariño... 


Hagamos posible que siga existiendo este lugar de amor donde no hay hambre.

 En la calle Pulidero,
del Barrio la Trinidad
número nueve -anotad,
no perdáis el paradero-,
hay siempre hirviendo un puchero
para aquel que lo precisa,
plato caliente y sonrisa
ofrecen sus responsables,
generosos, agradables...
te dan hasta su camisa.

Tiene nombre el comedor:
Santo Domingo se llama
y nuestra atención reclama
por su encomiable labor.
Todo allí desprende amor
en la trinitaria esquina
que aquella gente divina
suaviza siempre la pena.
¡qué rebose la alacena,
nada falte en su cocina!

Todo el que quiera ayudar
puede echarnos una mano,
que es el gesto más humano
el de dar, siempre el de dar.
Porque ese noble lugar
puede ser tu casa un día...
Dales hoy pan y alegría
que es la flor de la bondad,
pronto, venid y llamad,
que hoy es siempre todavía.

Con todo mi cariño, Mariví Verdú




jueves, 22 de septiembre de 2016

DEL OFICIO DE ESCRITORA, por Mariví Verdú

Ha llegado un nuevo otoño, un otoño caliente pero que ya pide la sabanita por la noche, que se demuestra que lo es acortando los días, amaneciendo tarde y tiñendo de oro cuanto toca. A mi me hace barrer más pero es una gloria de vida lo que barro: papelillos de seda del jazmín, ombliguitos rosas de la ricasoleana del garitón, las hojas amarillas del limonero y las estampadas de las yedras: mitad pardas, mitad piel de leopardo. No sé quien me dijo que, si Dios existía, se encontraba en un jardín. Puede que así sea y esté mimetizado con un cactus. Donde sé que no está es en la mágica mimosa púdica. No es sensible al tacto de nadie...

Un verano dedicada a la escritura y un inicio de otoño a barrer hojas me parecen un presente que no merezco. Un intenso y largo verano de silencio creativo tenía que desembocar en un otoño silencioso barriendo hojas. El ciclo de una escritora se completa siendo barrendera y sin embargo no he podido barrerme los desechos de este verano candente que aún no quiere apagarse: no cesa esta angustia, este dolor inagotable donde los niños muertos me susurran al oído. Ni cambia de color el puño de las hachas de guerra. No es blanca la paz.

Espero, escoba en mano y palabra en alto, que caiga de una vez esta tristeza seca y muda que me inunda el alma.

Desde El Garitón, con la angustia en los labios, Mariví Verdú

lunes, 1 de febrero de 2016

TIEMBLA LA TIERRA

A veces lo más oportuno es guardar silencio. Casi siempre. Pero mi madre me enseñó aquel refrán castellano que dice: el que calla, otorga. Aún no lo he olvidado. Por eso tengo que hablar o de lo contrario se me encharcarán las palabras como tengo encharcada el alma de tristeza.

Hace bastante tiempo que no tengo ganas de escribir más que lo dicta mi imaginación, que solo tengo ganas de mirar el campo y ver la constante evolución de lo verde, la sencillez del ciclo eterno de la vida que pasa por el proceso obligatorio de la muerte para renacer en el amarillo, tan bello como agrio, de las vinagretas, o en el rosicler de los almendros, tan dulce y jubiloso. Sin embargo, cuando me entero de las cosas que nos ocurren -digo nos porque el mundo es redondo y hoy es todo tan cercano que la vecindad pasa por polos y trópicos como por la acera de enfrente- no puedo quedarme en silencio. La noticia con la que nos fuimos anoche a la cama fue la más terrible que he sufrido en mi vida: la desaparición de diez mil niños exiliados en Europa. Y me pregunto: ¿Cómo podremos dormir ni hoy, ni mañana, ni nunca más? ¿Dónde están los niños? ¿Qué pasa en esta Europa de la abundancia? ¿Quiénes son los malditos zopencos que la habitan? ¿Dónde la civilización occidental? ¿Dónde la justicia social y la comunidad europea?

Nadie con corazón podrá conciliar el sueño. Yo no he podido ni el sueño ni la vigilia de esta mañana inundada de sol de febrero. Nada puede distraerme el dolor. Porque son tan inexplicables los motivos de tal barbarie que hace tanto daño la noticia como las excusas que dan para exculpar a los verdaderos culpables de la masacre : que si la trata de personas, que si un destino de tintes sexuales, que si sabe Dios... Al final me tengo que acordar hasta del Papa y preferiría que se tragara sus palabras y existiera el infierno. Por lo menos me quedaría un leve consuelo para estos seres sin alma que lo toleran, lo divulgan y quedan inactivos como si las noticias fueran tan superfluas como quisieran acostumbrarnos. Como si nada fuera trascendente... Qué horda de demonios habitan el planeta. Luzbel se queda mamando.

De nada vale morbosear con los probables destinos de sus vidas. Ellos solo tendrían que pensar en ir al colegio y reír mucho y de todo. De nada vale hoy que el rey hable con tanto don nadie ni que se mueva la tierra debajo de nuestros pies dos semanas seguidas. Poco tiembla la tierra para lo que tendría que temblar...

Anoche se me volvió a romper el corazón como pasara diez años antes, anteayer, con la muerte de mi hijo, solo que esta vez podíamos haber evitado el horror que están sufriendo estos niños exiliados por nuestra injusticia. Solo con que los humanos, esos que quieren ostentar tan maravilloso título, lo fueran, hoy habría diez mil risas para celebrar febrero y una más con la mía.

Desde El Garitón, impotente, con todo chorreando de tristeza, hasta los almendros,
Mariví Verdú