sábado, 10 de noviembre de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE CON LA OTRA BULGARIA EN MÁLAGA

Hoy sábado, día 10 de Noviembre de 2012, se presenta en Málaga, concretamente en el Hogar de Jubilados "Virgen del Rocío", una nueva a asociación "La Nueva Bulgaria". Está formada por un hermoso ramillete de jóvenes originarios de ese país sur europeo que con el afán de conservar sus raíces quieren transmitir a sus retoños las costumbres de su amada tierra y presidida por Anita Tarpanova. Desde hoy este hogar que me honro en presidir es hogar en  el más amplio sentido de la palabra porque vamos a abrirlo y  compartirlo con el más noble objetivo: legar a sus hijos su hermoso patrimonio. Ellos han nacido ya en Málaga y se están educando en nuestra lengua pero tienen derecho a conocer la propia de sus abuelos, sus orígenes y sus tradiciones para que así, con el conocimiento, puedan llegar a amar lo suyo y a llevar con orgullo las dos nacionalidades. Con dificultad podrían hacerlo sin disponer de un lugar para llevar a cabo tales enseñanzas. Por tanto me complace mucho poderles dar la bienvenida y compartir fraternalmente este espacio que disponemos gracias al Ayuntamiento de Málaga. Los mayores de este centro social  nos podremos sentir orgullosos de que lleguen a lograr sus objetivos.

Cada sábado, de diez de la mañana a dos de la tarde,  vendrán a aprender de sus padres y maestros y sus tareas nos harán sentir muy satisfechos . Nos nutriremos recíprocamente ya que todo lo que sea enriquecedor dentro de la cultura a  nadie deja indiferente.

Para celebrar este acto de presentación hemos preparado un programa de actividades en la que los niños y la música serán los protagonistas. Nuestro tesorero, Manuel Reina Olmedo, que es a su vez el alcalde la Panda de Teatinos, de estilo Montes, se ha brindado a colaborar para que no falte una muestra de nuestro folclore más genuino: los verdiales. Por parte de la Nueva Bulgaria nos traen sus bailes y cantes populares y algunos documentales para acercarnos a su país, a sus gentes, y cómo no a su cocina tradicional. Como fin de fiesta degustaremos platos de su país y del nuestro. Todo aportado generosamente por cada uno de los participantes en la celebración.

Esperamos que la convivencia sea el origen de nuevas amistades y sea el mutuo apoyo el que establezca lazos cordiales y afectivos. Por nuestra parte, procuraremos ayudarles en cuanto esté a nuestro alcance, lo mismo que esperamos de ellos. Los niños y jóvenes que en este hogar conozcan más sobre lo suyo no me cabe duda de que nos recordarán más tarde con agradecimiento y cariño. Nuestros mayores podrán dejarse sembrar de esperanza y los jóvenes de sabiduría.

Por todo lo que esperamos en favor del futuro que se abre para estos niños, hagamos un brindis deseando que sea espléndido y justo.

A este hogar de los mayores
han llegado nuevas caras,
caras de una juventud
que trae sangre de Bulgaria.

En ellos podemos ver 
nuestra niñez reflejada,
nuestro propio corazón,
con futuro y esperanza.

Porque en ellos creceremos
no escatimaremos nada
y todo lo que sembremos
traerá cosecha sagrada.

Tal vez un día cualquiera
sus manos nos hagan falta
para darnos ese abrazo
que nos diga amor y gracias.

Bienvenidos. Mariví Verdú.

jueves, 25 de octubre de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE A MIGUEL ÁNGEL. Y UNA ROSA





Hoy, veinticinco de Octubre, llueve a mares. Es un día gris y otoñal, un día dispuesto a la melancolía. Hoy se cumplen tres años que falleció Miguel Ángel Huesca Mariscal, que nos falta  su bella sonrisa. Echamos de menos su presencia, su descomunal personalidad y su gran capacidad de trabajo. Quienes le recordamos con el inmenso cariño que él provocaba, quienes no le olvidamos aunque hayan venido veranos y primaveras nuevas, estamos un poco más tristes que lo que da el día. Aunque estemos aquí, escribiendo y amando, pérdidas como la de este amigo tan especial, nos deja medio huérfanos. Y ante la impotencia del poder que no le fue dado a los hombres, sólo nos queda la esperanza de que esté en ese lugar que soñamos y que merece.

He ido con una amiga que lo quiso al cementerio. Le ha llevado flores. Está todo muy frío sin él y  entre tanto silencio obligado he dejado mi pensamiento quieto mientras observo cómo corre el agua por el verde suelo del cementerio buscando no sé que mar de sueños rotos.

Sólo tres años -mucho son tres años-  y sin embargo parece que fue ayer cuando su cara preciosa sonreía a cuantos llegábamos al ayuntamiento y, con la celeridad de un rayo, se disponía a atendernos. Aunque la vida sigue,  el consistorio se mantiene abierto y comemos todos los días, hay personas que dejan un hueco tan grande que nadie puede llenar. Miguel Ángel es una de esas personas. Y hoy quiero recordarlo con el cariño que se recuerda a las almas buenas que han venido a traernos un rayo de luz.

Te mandamos, Miguel Ángel, nuestro recuerdo caliente y amoroso, nuestra triste impotencia y mansedumbre, nuestro beso más tierno y un abrazo.

Desde este Garitón empapado de lluvia y con una rosa roja que ha nacido para él, Mariví Verdú.

domingo, 7 de octubre de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE SE ENCIERRA A CAL Y CANTO CONTRA EL DESENCANTO.

Nada hay peor que tener la cabeza buena. Nada comparable al terrible dolor que da la reflexión serena ante este miserable mundo. Cuando se vive la injusticia, en clara situación de abandono y desamparo, teniendo conocimiento y certeza de las estrategias que se estudian fríamente para tenernos cogidos por las pelotas; cuando se ponen en práctica macabros mecanismos de sometimiento y deja de haber ética y bondad: adiós a la alegría. Y ahí, ante la carencia de ella, ante la falta de amor y justicia, aparece el desencanto. Con él, los hábitos malsanos y la miseria. Con ellos, los sucedáneos del placer, los tapavacíos (palabra que acabo de inventar, tan válida como televisión pero más profunda), los juegos para perder, los opiáceos, los dramas mentales. Porque toda la finalidad de este mundo moderno, de esta sociedad tan civilizada y limpita (siempre la mierda debajo de la alfombra) es ponernos a los pies de los caballos, tenernos dominados, hacernos pagar hasta el agua de la lluvia y no dejar que nos mojemos con ella la cara o confundirla con nuestras lágrimas.

A mí me entra un escalofrío por el cuerpo y me pasan por la cabeza tan malas ideas que me contagio de una maldad impropia. Pero, entre tanta podredumbre, es normal que nos salpique la inmundicia. Porque vivimos engañados desde que nos vendieron el placebo demócrata. Porque en ese supuesto poder del pueblo va implícita la falsedad y con una preguntita dirigida y una urna nos quieren vender libertad cuando la elección es siempre pollo o pechuga. Porque eternamente mandan los mismos, o los hijos de los mismos, o los nietos de los mismos, porque ellos saben lo que llevan entre manos  y también se tienen cogidos entre ellos por las pelotas. Cuando entra alguno que no viene de familia... a saber cómo conoció el secreto y le dieron la llave que abre las puertas de la manipulación. Excepcionalmente entra en el circuito alguno que no hace más que confirmar mi regla.


El poder no nos quiere sanos, nos enferman para darnos despues la medicina a precio de orillo. Por eso me voy a curar en salud. Cuando pregunten por mi decidles que no estoy, que ya me he ido y que no vuelvo. Pensar en lo absurdo de esta vida me aturde de tal manera que no me queda más remedio que cortar por lo sano y quitarme su lastre. Al fin y al cabo, lo que interesa de cada uno de nosotros es que paguemos impuestos. Nadie notará mi falta porque pagar, lo que se dice pagar, pago hasta con mi salud. Y, como nadie es insustituible, que venga otra buena persona en mi lugar (por favor, que se lo piense) y que tome mi puesto hasta que quede tan consumido como yo. Trabajar para la Cultura y el Bien Social es estupendo cuando se tiene vocación y además se es funcionario. Cuando sólo se tiene voluntad y nadie te pregunta de qué comes o si comes algo y ves que a nadie le importa ni lo uno ni lo otro y sientes cómo se aprovechan de ti hasta la saciedad, hay que irse pero antes se deben decir los motivos a la cara: estoy hasta la coronilla de caraduras. Qué trabajen los que cobran.

sábado, 22 de septiembre de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE VIVE DEL AIRE

De nuevo está el otoño haciendo de las suyas. Ser sensible implica que todo nos afecte en demasía: la belleza, el cambio de estación, el color dorado, las penas...Y eso es lo que me pasa. El bello panorama de los Montes de Málaga y su triste contraste, la desoladora vista de nuestro oeste; el acortamiento de los días, la visita al lagar donde se dora la uva -que será nuestro próximo vino- y la escasez de futuro es una mezcla explosiva que me hicieron estallar los ojos el pasado domingo y me tienen enferma  desde entonces. Aún así, no me meto en la cama, lo paso en pie y me mantiene viva el duro trabajo de ser fiel a este principio: dar.

Creo que este duro otoño no le gusta a nadie. Aún así, me obstino en continuar hablando de  la belleza de las cosas que tenemos a la mano: el cielo, el mar, el arte y la amistad. Y tengo la grata sensación de que estamos a punto de despertar en humanidad. Dejadme con mi sueño.
Os recomiendo ser positivos y alegraros con el dulce regalo de estar vivos. Y con la música.
He aquí un poema que nos hará recapacitar sobre el alma que nos habita y que Manuel Salinas ha hecho realidad en la palabra. Una palabra que considero ya tan mía como suya.

“Mira la torpeza de la alondra: quiere que el cielo sea estable. Así la fe consiste en ver lo que creemos. Toma mi jubón, mis calzas, mi camisa, donde desnuda brilla la verdad, nada se necesita. Viviré del aire, del soñar despierto. Sólo deseo ceñir un corazón que nunca admire la fuerza ni odie a los enemigos ni desprecie a los desdichados. Escribe con tiza la dulce señal de esta locura. Levanta en el pecho ese gozoso signo de pájaro que no regatea en el mercado ni usa medidas ni pesas ni balanzas, el vehemente afán de sentirse vivo, la ardiente razón por la que todo se toma la molestia de existir. Y déjame olvidado por el aire, revoloteando con este padrenuestro, mientras la tarde es una llama entre las florecillas de Assisi.”

Se titula “Viviré del aire”. Pues de él vivo. Y así, con este poema en prosa, el alma suya ya es de todos nosotros.

Desde este Garitón que estrena un otoño repleto de rosas, Mariví Verdú.


lunes, 10 de septiembre de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN "AMISTADES Y AMORES PERDIDOS. VARIACIONES SOBRE LA TRISTEZA"

Hace mucho tiempo que descubrí que el hombre es triste por naturaleza. Alegrarse la vida no es otra cosa que tapujear el miedo a la muerte; darle un vuelco al corazón para que lata al revés, por no sufrir. Pero nadie puede huir de la vida y sus conocidos resultados. Y, a pesar de que el natural del hombre -hablo del ser inteligente- es la tristeza, pobre del que no consiga cantar las mañanas como los pajarillos, bañarse en las aguas como un pez olvidado, dar gracias por el sol y por la lluvia, y acometer la muerte como un emperador o un simple tallo de oro. La alegría de ser hace digna a la muerte. 

M. Verdú. Alhaurín de la Torre. Junio de 2010

http://garboyflamencura.blogspot.com

La amistad es difícil entre los pobres pero une el hambre compartido. Más difícil es entre los ricos. No les importa más que seguir en la abundancia. Ay, si pudieran pagar su juventud. Los pobres ya son viejos de nacimiento. Y hablando de amistad, van ya 777 en facebook aunque sólo uno ha subido andando la cuesta de mi casa para verme. Y me pregunto por aquellos ideales de amistad que han sido la bandera de mi vida. Entonces me sumo en un dolor antiguo que me rompe los moldes del alma, un dolor colegial, adolescente y senil. Porque, analizando el concepto de amistad como afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato, tener amistad hoy es tan dificil como dibujar una raya en el agua. Hay nombres mucho más certeros para lo que llamamos amistad: afinidad, coincidencia, gusto, relación entre gente que viaja en el mismo mundo, en el mismo tiempo, aunque solo pocas veces roce el digno significado de la palabra.  Nada hay peor que dejar a la amistad sin su noble pedestal. Pero unas veces lo tira abajo la envidia y otras el materialismo. La única verdad subyaciente es la tristeza.


Sobre verdades, ni siquera el amor es cierto. Todo oscila entre gónadas y feromonas, dependencia de cosas que nos han sido dadas en la masa del ser, o robadas: locura momentánea para perpetuarnos. Hay mejores designaciones para el amor: complacencia, necesidad, pacto... Así decía Eduardo Galeano, el escritor uruguayo, sobre el amor carnal en “La pequeña muerte”: “No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.” Lo más puro de la palabra amor es el vínculo umbilical y cuando se corta nace la palabra llanto.


Y, para seguir con verdades, dicen que lo único cierto es la muerte. Pues ni siquiera la muerte es totalmente verdad ni única. Queda la tristeza. Nadie se muere para siempre ni lo hace de repente.  Hay “muertes pequeñas”, como tan bien decía el poeta Benítez Carrasco. Cada día se nos mueren ilusiones y proyectos, árboles y pájaros, neuronas y fibras del corazón. Poquito a poco nos vamos encaramando sobre nosotros mismos y solo nos van importando nuestras funciones básicas -en particular las escatológicas- y poco más. Nos vamos desprendiendo de las alas y vamos aterrizando como podemos. Aquí dejamos un poema, allí un amor, acá un beso, allá un recuerdo...y muchísimas lágrimas. La muerte es un punto final de muchos puntos y aparte. Lo único puro y verdadero es la tristeza.

Y he aquí la paradoja: aunque mis palabras resulten tristes a quienes las lean, la tristeza es absolutamente necesaria. Es una emoción que nos hace tomar determinaciones importantes. Con ella se realiza un balance vital que a mí me resulta muy positivo. Hoy me sirve para escribir este artículo, tan triste como verdadero.

A Daniel Durán Ruiz, persona amada, con quien mantengo mis mejores conversaciones teléfonicas; a todos los árboles que ha consumido el fuego y a los animales que su sombra cobijaba; a Mandi Mezzo y a mi sobrina Irene Ruiz Verdú, con rosas y jazmines, desde “El Garitón”, Mariví Verdú.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN "CÓMO SE PUEDE MATAR A UN MUERTO"

Tengo la terrible sensación, vaya por donde vaya y mire por donde mire, del “Consumatum est”. Pero la tengo desde hace tiempo y creo que ya será de por vida. Desde que me quité la venda, veo cómo se mezclan la aceptación y el abandono en una tristísima cópula en la que escribir deja de tener sentido o adquiere el más alto grado de la escritura: la poesía o voz universal que nos apropiamos muchos y que no es de nadie siendo de todos los hombres. O me da por irme al otro extremo de esa misma voz, a la blasfemia. Aunque para ésta no me han quedado ganas porque ¿cómo me voy a meter con Dios, la Virgen y los Santos si, aunque dudemos de su existencia, es la única tabla de salvación que nos ha quedado? Pensar en ellos tranquiliza, a pesar del infierno y todo lo que nos espera a los que hemos pecado y no nos arrepentimos de hacerlo. Nuestros pecados son veniales si los comparamos con el de los hombres poderosos. Pecados de amor, de mentiras piadosas, de vanidad, de gula (decía mi abuela: la ley del pobre, reventar antes que sobre) o de implantación de justicia (ya que se toma con la mano porque no hay justicia para los humildes)...estos son pecadillos de nada. La mayoría de los hombres se han vuelto tan horribles, tan canívales, tan  materialistas que no oyen su conciencia. Dudo que tengan alma. Por tanto...qué blasfemia ni qué niño muerto. Hay que volverse poeta. Ser poeta es lo más cercano a la anarquía, al autismo provocado, a la repulsa de unos seres que han perdido la sensibilidad y el buen gusto. Seamos poetas y dejemos a Dios en su sitio. Ya está bastante descolocado, el Pobre. Tened misericordia de Dios. Los hombres no la merecemos.

Y hablando de este “Consumatum est” que me domina, he de confesar que he perdido la fe en el futuro. A pesar de mis cincuenta y nueve recién estrenados, siento tener la edad del mundo. En el pecho me caben las angustias de los parados de larga duración, el miedo de no poder dar de comer a los hijos y nietos, las pupas de los malnutridos, las heridas sangrantes del alma y la redondez de un mundo mal repartido. Decididamente: soy vieja. Y a la mayoría de viejos (en particular cuento lo que le ocurrió a mi abuela) les da por borrar del mapa todo lo que le ata a la vida. Un día se levantan con idea de irse y deciden decir adiós a lo mundano. Es entonces cuando regalan su ropa, lo que queda de su ajuar: esa tacita con historia, el escapulario, la pulsera de oro... Ese día queman los papeles, las fotografías...los recuerdos. Y es que se viaja más cómodamente sin equipaje, como decía Antonio Machado: ligerito, ligerito... Yo, antes de que me dé por quemar todo lo que he escrito y fotografiado, perdida la ilusión de publicar nada y convencida de que no quiero cortar ni un solo árbol para mi poesía, me ha dado por escanear fotos y picar poemas. Antes de mi final estarán colgados en Internet. Sea para el mundo lo que el mundo me dió. Y que el mundo decida si levantar el pulgar para salvarme o ponerlo en dirección a la tierra y asesinarme. ¿Cómo se puede matar a un muerto?

Desde luego no me iré sin antes cagarme en el órgano y en quien lo toca. Y sin bendecir a quienes me dieron su corazón como alimento. Desde este Garitón que posiblemente cierre definitivamente porque no sé como pagar su IBI, Mariví Verdú. ¡Qué más me da que sea Septiembre...nada es maravilloso ni siquiera el aire fresquito del final de verano: es otro mes más de desencanto!

A mi amiga Encarna Lara, poeta.

martes, 28 de agosto de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN "ESE EXTRAÑO SER QUE LLAMAMOS YO"


Recuerdo la historia que me contó hace algún tiempo una amiga y que, a pesar de ser triste y  dolorosa, es bastante común y aplicable a cada uno de nosotros. Sólo basta una mañana en la que, al despertar, te das cuenta de la realidad. O del sueño.




Esta mujer se vió en la tesitura de llevarse a sus padres a vivir con ella y con su familia ya que la casa de estos estaba bastante alejada y a su madre le habían diagnosticado Alzahimer. El proceso no fue lento, como suele ocurrrir  en la mayoría de casos de mayores, y en poco tiempo su madre se fue haciendo niña. Una mañana le preguntó, refiriéndose a su padre, que quién era el viejo que dormía a su lado...

Qué triste me pareció la historia pero qué verdad me va pareciendo cada día que echo atrás la hoja del calendario. No hace falta dormir con nadie al lado, basta sólo ponerte ante el espejo. ¿Quienes somos, con y sin memoria? ¿Qué extraño ser nos habita? ¿Cómo podemos nombrarnos por el nombre de pila? ¿Dónde se quedó aquel ser de los ojos transparentes? ¿Qué ha pasado en nuestros corazones? ¿Quién ha dejado abierta la puerta de la desesperanza?

Haber nacido a mitad del Siglo XX, año arriba, año abajo, es haber experimentado en nosotros mismos los cambios más transcendentales de la historia de la Humanidad. Toda la evolución de la especie condensada en sesenta años; los inventos de treinta siglos, aplicados, mejorados,  superados, inimaginables... Tanto ha cambiado todo que ni siquiera uno mismo se reconoce. Porque si exteriormente el mundo ha cambiado, nuestro  mundo interior es otro. No queda ni una célula viva de nuestro primer día. Aunque nos parezcamos un poco a aquel ser primero que nació del vientre de nuestra madre, hoy tenemos la cubierta llena de cicatrices y la mayoría tiene el alma sangrando. El amor nos dejó malheridos, el dolor nos echó limón en las llagas y el olvido nos ha ido echando la sal para curtirnos. Los ojos se han secado de tanto llorar, las manos se han abierto de tanto trabajar y la tristeza no se borra por más muecas que quiera imponer la puntual alegría. No somos los mismos. Y si no nos reconocemos en nosotros mismos ¿cómo vamos a reconocer al de enfrente?

Sin embargo, para los que aún no hemos perdido la memoria, nos queda ese leve recuerdo cribado por nuestra razón (ésta lo suaviza para que no estallemos) de quien hemos sido y de quien seremos. Y, aunque lo único que tenemos es el presente y la certeza de que Dios, el mar, los montes, el sol y la luna nos pertenecen, estamos convencidos de que el mayor bien es la salud, el mayor dolor es el de nuestra sangre y el concepto de amistad es más alto cada día.

Para José Manuel de Molina. Y para mí. Es nuestro pequeño regalo de cumpleaños.

martes, 21 de agosto de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN EL INVENTO DEL SIGLO XX



Recuerdo, allá por los ochenta, cuando le compré a mis hijos el ZX Spectrum (regalo de los abuelos), uno de los microordenadores domésticos más populares de la época, ideado con una técnica muy básica de sólo 8 bits, que almacenaba su memoria y sus juegos en cintas de casete de audio normales y que tardaban en cargar y abrir un montón. Estaban hechos a prueba de paciencia pero era tan novedoso el resultado que nos parecía el invento del siglo XX. Y así ha sido.

Por ese tiempo no me arrimaba a un ordenador más que para decirle a mis hijos que ya era la hora de apagarlo y almorzar, cenar o acostarse. Más tarde tuvimos un Amstrad y así fuimos agrandando el espacio de la memoria externa hasta hoy, tiempo en el que necesito -ya para mí sola- estanterías, dos memorias externas y varios lápices de memoria para trabajar. Porque poco a poco me fui pegando al invento, viendo las posibilidades que me ofrecía para almacenar mis escritos y albumes foográficos. Hoy, si tengo que prescindir de algún aparato doméstico (por ejemplo, si me dan a elegir entre lavadora y ordenador) me quedo con mi PC. Siento decir que soy dependiente, que me gusta demasiado, que siento un verdadero entusiasmo por todo lo que rodea, desde las redes sociales al diseño, incluyendo las facilidades que nos presta como el correo electrónico, el envío de archivos y el alcance mundial de las noticias. Hoy, conectando a tantísima gente, se ha convertido en el periódico mundial y en el escaparate de todos los enganchados a esta tela de araña que nos cautiva.

Y como enganche, hablemos de facebook. Una "enganchaera" total. Un vicio. No hay que estudiar mucha psicología para conocer el carácter y/o estado mental (a veces hasta físico) de una persona, basta solo entrar en su muro.  Si tiene otros colgajos en Internet, por ejemplo: Youtube, Sonico, Hi5, Blogger, Tuenti o Web, bastará echar una ojeada a estas páginas para tomar una impresión bastante acertada de la personalidad del autor. Por tanto, andamos más que desnudos ante todos y no nos damos cuenta. O sí. Los hay fisgones y voyeurs (tímidos, gente oscura), de vida alegre (hay quien cuenta sus correrías y las ilustra), mentirosos (que con un poco que se conozca del funcionamiento, se les pilla), solapones (que quieren saber pero no cuentan), buscones (que tienen una pareja panoli que no entra en estos menesteres y se las da de lo que no es), exhibicionistas (tela marinera, la de gente que hay), sabios, imbéciles, neurópatas, divertidos, sencillos y enrevesados, gente de todo tipo y algunos con mucho talento que se muestran tal y como son en este medio tan ingenioso.

También se les puede conocer por su forma de expresión. Literalmente poca gente escribe. Se han impuestos los signos de un lenguaje sincopado que algunas veces es ininteligible. Las faltas de ortografía son bastante comunes, hay algunas que son la repera y las tienen gente bien considerada. Pero no un baile de letras o una cosita de andar por casa, no: garrafales. Los signos de puntuación no existen y, en el caso de existir, se usan mal. Los signos de admiración e interrogación nunca se ponen al inicio de la frase, sólo para cerrar y varias veces. La preposición “por” se ha quedado en el signo de multiplicar o x; =mente, q bien, xao, son palabras muy comunes en el lenguaje común vía internet. Pero, aún así ¡viva el invento!

Desde El Garitón, que está el pobre más seco que un ripio, dando gracias por vivir en el monte y por estar delante de su ordenador dándole órdenes: ¡qué sean felices, amigos!

Mariví Verdú


sábado, 4 de agosto de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN "MEDALLONES DE SOL PARA EL NIÑO Y LA ABUELA"


A mi nieto Daniel Durán Ruiz

Medallones de sol para el niño y la abuela

Para quién naces, Sol, con qué objetivo,

qué generosidad baja del cielo,
quién derrama tu luz y tu consuelo
en todo ser o cosa, muerto o vivo.

Estrella del aquel rey tan compasivo

que le pones color a mi desvelo,
los lunares que brillan por su pelo...
un adverbio de Dios copulativo.

Contigo bajo el sol, bajo la yedra

que viene a tamizar la luz del día,
se siente tan cantora el alma mía...

Hago coro a la rosa y a la piedra,

doy gracias por tener tu compañía
¡tengo al Sol en mis manos...qué alegría!
Mariví Verdú                                                ©

miércoles, 1 de agosto de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE BUCEANDO EN EL MAR DE αγάπη


Desde el nacer al morir
está el amor entre medio
para hacernos de sufrir.
                                       
Cuando pienso sobre la palabra amor, palabra latina (amor, amoris) cuando intento buscar explicación  a este sentimiento del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y la unión con otro ser (así dice el diccionario en su primera acepción), cuando ahondo sobre el intenso sentimiento que nos atrae hacia otra persona recíprocamente, valoro tan hermosa e inexplicable situación porque nos aporta satisfacción, alegría de vivir y creatividad al mismo tiempo. Siento verdadera admiración por la clara “locura transitoria” que nos hace derrochar adrenalina tras una inundación de feromonas, inclinándonos y entregándonos a ese alguien sexuado con quien se comparte. Porque amar es compartir, es dulzura, suavidad, tacto..., es el nombre de la persona amada; es cuidado y deleite; es voluntad y consentimiento. Amor es caricia y apetito, no saciarte nunca de estar, tener, vivir, soñar con la persona amada.

Qué lento va el minutero

cuando te estoy esperando;
será que mucho te quiero,
será que te quiero tanto...

Tanto te quiero

que si me falta
tu amor, me muero. (Romera)

El amor puede ser también inalcanzable, platónico, un amor idealizado:


Vive en mi recuerdo preso

aquel amor que no fue
pareja, abrazo ni beso. (Soleá)

También puede existir sin ataduras, si nace libre puede vivir libre:


Pon cadenas al amor

verás lo pronto que salta
por el aire el corazón. (Tango)

El verdadero amor es sinónimo de abnegación, de dolor, de sacrificio y ofrenda.


Amor que no hace llorar

es porque le falta algo
o porque le sobrará. (Soleá)

Porque...


Amor, dolor y placer...

En el mismo sitio dan
el uno y el dos y el tres. (Soleá)


Casi todos usamos el compromiso de amor bendiciéndolo con un sacramento o dignificándolo con el  estado civil. Locuras locas. Poco tiene que ver el tema por lógico que quiera ser el planteamiento. 

Ante el altar me juraste

promesa de amor eterno;
palabras, sólo palabras
que lejos se llevó el viento. (Tiento)


El amor es cuidado diario, dedicación, transparencia, sueño y locura:

Tu ya sabes lo que pasa

cuando no riegas las flores,
lo mismo que al que se casa
y abandona los amores. (Verdial)


Y, si se hace, el amor es una maravilla.

El mejor amor es compartido, utópico, es el que todos los amantes pretenden, el que alcanza la vejez intacto y puro como nació, inexpugnable.
Pero el amor se va cuando lo queremos utilizar para cubrir carencias y se convierte en la tapadera de nuestras necesidades: deja de serlo. El amor implica libertad y respeto a la personalidad del otro. Lo contrario es egoismo.

Dios fue repartiendo amor

y corazones y penas;
a mí me dio un corazón
pa que de  pena muriera
porque a ti no te lo dió. (Fandango)


Aunque no es lo mismo egoismo que amor propio, un sentimiento nada criticable siempre que guarde límites. Lo peor es cuando queremos moldear a la otra persona  porque no nos gusten cosas de ella. Creo que a todos nos ha pasado en alguna etapa de la vida, por lo que acallamos la libertad de nuestra pareja. Si no nos gusta como es, no la amamos realmente. Y vienen las desconfianzas.

Bésame los labios

y dime que no,
que la gente inventa y son sólo míos
tus besos de amor. (Seguiriya)

Pero es el miedo y la inseguridad quien habla, es nuestro propio vacío. Con él no dejamos florecer al otro, con lo hermoso que es el que nos haga, nos regale, su sombra.


Regálame tu sonrisa,

tu mirada, tu silencio,
regálame madrugadas
donde no se mida el tiempo. (Colombiana)

Es entonces cuando aparecen los celos, la locura, la injustificable violencia o, en el mejor de los casos y por muy triste que sea, la indiferencia.


Una cosa te digo

mu recalcá:
que esta puerta, moreno,
no la abres más. (Liviana)


Y, aunque el deseo cuando nace el amor es que dure para siempre, la realidad nos dice que no es lo común. El amor se acaba. Y cuando llega la hora del final del amor... qué triste.

Siempre tendrá el corazón

dos dudas fundamentales:
¿de dónde vino el amor?,
¿dónde irá cuando se acabe? (Martinete)


El amor da tanto de sí como amplio es el uso de su palabra. Miradme a mí: hago las cosas  por amor al arte, sin recompensa, gratuita y generosamente. ¿Quién da más? Porque mi amor es como un árbol grande y tupido que cada día da albergue a nuevos corazones. Aquí tenéis la prueba. A corazón abierto.

Desde El Garitón, acabando Julio, con las chicharras a tope de volumen y la vida a tope de verano, de mil amores, hablándoos de amor.

PD. Inaugurando Agosto vengo a darme cuenta de que no había hablado del amor filial. Le dedico este estudio de amor y versos a mis hijos, dos grandes amantes, y, cómo no, a mis padres.


Mi padre me dijo

que se iba a morir,
que yo me quedara en paz y tranquila
que se iba feliz. (Seguiriya)

Como el amor de una madre

no existe nada en la vida,
que aguanta pena y desaire
callando, pa que la herida
no eche una gota de sangre. (Malagueña)

Ay, carne de mis carnes,

la que más duele,
hijo mío de mi sangre,
duérmete, duerme. (Nana)


Mariví Verdú



Todas las letras son propias y han sido premiadas en distintos certámenes flamencos y publicadas en libros y revistas especializadas.


lunes, 16 de julio de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE MÁS CERCA DEL CIELO QUE NUNCA

Llevo varios días dedicando mi tiempo a lo que me gusta, a lo que me apetece, sin obligaciones ni compromisos. Estar de vacaciones creo que es eso, no seguir con la rutina diaria y experimentar el gusto de hacer lo imprescindible o nada. La verdad es que habrá mucha gente que las necesite más que yo porque debe sentirse muy desgraciado quien trabaja en lo que no le gusta. Yo no estoy en ese grupo, me gusta lo que hago aunque me gustaría más si cobrara por ello un simple y mínimo salario, pero para mí es el trabajo que nadie quiere: el que hace por amor. Igual que el madrugar, nadie me obliga a hacerlo. Bueno, sí, me obliga la belleza: es toda una delicia ver el lucero del alba sobre la bahía malagueña -porque yo creo que es ese, el que me espera cada mañana sobre la bahía-, mientras ciudad y pueblos duermen y desprenden un halo de paz y misterio. Es todo un acto de amor el milagro de la luz.

El calor, que no deja salir a nadie del refugio de su hogar hasta bien entrada la tarde, deja sin ganas de otra cosa que el descanso y se tiene mucho tiempo para meditar y comerse la cabeza con los problemas a los que nos tiene acostumbrados esta sociedad del paripé. Uno de los más famosos paripés es fardar de vacaciones. No vale decir que se está en casita, pintando o limpiando o simplemente descansando, no. Para ser un numerito de esta sociedad hay que decir que se va una, por lo menos, a la República de las Seychelles o a las españolas y ficticias playas de Cancún, adonde nos tapan la puñetera realidad bajo un coco y una pulserita y nos ceban tras poner la venda en los ojos. Yo he visitado el mundo entero gracias a la 2 y a los amigos que tengo a lo ancho y alto. Ahora me voy a la provincia hermana de Cádiz donde seré la más feliz. Y a La Aceña, donde escribiré mi mejor poema. Voy a compartir el alma, la mesa y el mantel de los amigos de mi corazón. Ellos me ofrecen las más bellas playas y el río, los mejores manjares, el más cercano tacto y el mismo sol que tiene todo el mundo sobre el globo, que lo tienen entero para mí en una cajita, mi sol amigo, el que me da los buenos días cada mañana. Con esto soy tan feliz como lo era cuando ponía mi falda al viento, en aquellos memorables momentos de la infancia, donde mis braguitas de encaje eran más puras que el azahar.

Y es que ser feliz es darse cuenta de lo que se sufre, reir cuando te lo pide el cuerpo y tender una mano al que lo necesita. Yo, como estoy de vacaciones, se la doy a mi propio corazón que anda cojo. Y eso hago, darme la paz y como me queda tanta después de consumir, la reparto entre la gente de buena voluntad. Ser feliz es dejarse querer y tener a la vez tanta capacidad de amor que inunde al que la descubra. Y yo para ser feliz no necesito más que darme cuenta de que me puedo morir cualquier día pero no me he muerto. Y que las penas son cada día más llevaderas porque son más mías. Y que la esperanza, que tiene tan bonito nombre, es un bulo para tenernos pillados con promesas que nadie cumple, ni Dios, pero ahí está la fe. Si hay alguna esperanza verdadera se alberga en los ojos de los niños. Lo demás: paripé. O, con mucha suerte, gente que no necesite para ser feliz más que un tinto de verano en una terraza del pueblo o albergar en su casa a un niño que no puede tener vacaciones, que son los menos; o gente que sobreviva al bombardeo de las primas de riesgo y de sus correspondientes tíos y sobrinos, o sea, los más pobres, los héroes. Con lo fácil que es ser feliz. Yo lo soy porque ha cambiado el aire de terral a levante, mirad que cosa más simple me hace feliz.

Entre una ráfaga de lucidez y otra de levante, me doy cuenta de todo. De lo que más: de que late mi corazón. Porque ni la tristeza ni la felicidad existirían sin él. Ni los gratos recuerdos. Por eso dedico mis palabras al recuerdo de mi hijo Fernando que hoy hubiera cumplido 39 años. Sin corazón no podría recordarlo. Ser feliz es... tener corazón.

Desde este Garitón que hoy está más cerca del cielo que nunca, Mariví Verdú.

martes, 10 de julio de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE, DE MIS SOLEDADES VENGO



Mi soleá es sólo mía
que la soleá de dos
es más triste todavía.

Esta mañana me levanté con la intención de escribir un artículo sobre la soledad. Y en ello estoy. Lo primero que hice, como cualquier mañana de cualquier día, es darme cuenta de lo sola que estoy, de lo solos que estamos.

He comenzado consultando el diccionario de nuestra lengua y viendo sus acepciones. Soledad (del lat. solĭtas, -ātis). Y en primer lugar me encuentro la de “carencia voluntaria o involuntaria de compañía”. Es en esa primera donde yo quería ahondar desde que empecé a gestar el artículo, que fue anoche antes de acostarme. Es esa carencia voluntaria de compañía la que nos da la oportunidad de conocernos a nosotros mismos. Como habréis observado, soledad es una palabra femenina. Es como si el el hombre no tuviera que ver es ella pero tiene que ver, claro que tiene que ver, de ella no se escapa nadie. La soledad debería ser una palabra neutra, porque es común y singular a la vez, es una experiencia vital que cada cual la vive a su manera. Yo pienso que tendría que ser un deber en la juventud antes de que se nos vuelva obligatoria con los años.

No puedes ir a la contra
de lo que dicta tu suerte
ni adelantarte a tu sombra.

Recomendable es realizar retiros espirituales y vernos ante la vida sin ningún entretenimiento más que nuestro propio pensamiento y la lucha por sobrevivir en plena naturaleza. Es así como el hombre advierte su estado, como analiza su vida desde su concepción y de la mejor manera que espera su muerte.

La razón y la locura
tienen el mismo camino:
derecho a la sepultura.

Soledad es una palabra mucho más que palabra, es una constante que todos estamos obligados, tarde o temprano, a sentir, un estigma del ser humano. El amor es un sentimiento aislado que puede o no darse entre dos o más personas pero la soledad es una cualidad inherente al ser. Se le dice también al lugar desierto o tierra no habitada, al pesar y la melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.

Tan sola estoy en mi casa
que mi propia soledad
se queda fuera y no pasa.

Y también nos dice textualmente que es: “tonada andaluza de carácter melancólico, en compás de tres por ocho”. Ahí tendríamos mucho que ahondar pero yo sólo sé escribir ¡quién pudiera cantar! Siempre he entendido que se llamaba “soleá” a esa estrofa métrica tan flamenca y al palo flamenco  y copla que se canta o baila con esta música. Todo aquel que haya oído una soleá sabe lo que le digo. Es una maravilla de las muchas que han dado la creación flamenca. Yo, desde mi particular concepción de este palo flamenco, he creado varias soleares, muchas, pero sólo les digo aquí las que, de una manera u otra, rondan la metafísica. Además, hoy no puedo ser de otra manera.

A nadie le cuento ná
y a Dios le daré razones
cuando las tenga que dar.

Las más flamencas, las que se cantan por fiesta (soleá por bulerías, o coplillas hechas de igual métrica para cantar por tangos, bulerías o tientos) las dejaré para mejor ocasión, que también he escrito algunas. Hoy voy por soledades y digo:

Aprende sólo a vivir
que a la muerte no le importa
que sepas o no morir.

Sola, desde este Garitón solitario, procurando sacar todas las enseñanzas del almoraduj,
Mariví Verdú



viernes, 29 de junio de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN UN SILENCIO LLENO DE PÁJAROS

OBRA DE RAFAEL ALVARADO, PINTOR.


No hay nadie enteramente malo. Sin embargo,
lo que ocurre mientras tanto es obra de todos,
sin excluir a Dios.
                 
Antonio Arjona


Anoche, en una gasolinera, mientras repostaba ese líquido de lujo imprescindible para mi pobre utilitario, más viejo que un nudo, en un cochazo de los que valen algunos miles de euros, pararon tres jóvenes de esos que no han dado un palo al agua en su puñetera vida pero que viven a todo plan. Uno llevaba un filtro (de “tabaco”) en la oreja, esa parte que sólo les sirve para eso y poco más; para oír no les vale, mucho menos para escuchar. La cara de estos petardos le daba un susto al miedo. Miraban, inquisidores, ultrajando con sus tres pares de ojos mi serenidad. Pareciera que todo lo que quieren frente a ellos es gente de anuncio, jóvenes y ricos, no mujeres sesentonas como yo con un “mierda coche”. Parecían dispuestos a meterle a una las cabras en el corral. Y me alegré de ir acompañada y de que el trabajador de la gasolinera estuviera blindado tras su caja que, a modo de cárcel, le permite un mínimo de seguridad ante bellacos como estos.  Y esta situación dió paso a una conversación con mi compañera que analizó la situación actual de nuestra juventud. Ambas, preocupadas por el porvenir de nuestros hijos, nos lamentábamos de lo injusta que es la vida para las personas buenas. Y nos preguntábamos quienes eran los padres de estos “petardos” de vida tan fácil... ¿serán banqueros, políticos o gente de esas que guardan en sus casas el dinero negro de la negra España? ¿qué se está criando? ¿habrá en el futuro más gente de ésta calaña que seres humanos? ¿cómo se mantendrá un país de vagos y maleantes? ¿dónde encontraremos solución a estos problemas, resultado de tan mala gestión educativa y social? Llegué a casa con la boca seca y la cabeza hecha un lío. Y me puse a escribir.


Escribir -lo que más me gusta de este mundo- está empezando a ser tarea no grata. Cuando se secan las fuentes, las palabras, los ojos, las ganas, y cuando lo que hay que decir no tiene ya ningún sentido, no es hermoso ni le sirve a nadie -ni a mí siquiera-, la tarea se revuelve en contra convirtiéndose en una especie de martirio. Ha dejado de tener sentido el buen gusto, la ironía, la gracia y el garbo.  Por relación lógica, con los medios que tenemos a nuestro alcance, deberíamos ser más cultos, más razonables. Todo lo contrario: sólo nos ha traído desinformación y vulgaridad. El lamento y la crítica no le llega a nadie y, si llega a alguien -que sé que hay aún gente con corazón y cerebro- seguro que no tiene la solución porque los que tienen corazón no llegan a participar del poder. Y si lo tienen, allí lo pierden. Vivimos en un mundo irresponsable, en un mundo informatizado y anónimo que todo lo ha convertido en objeto de usar y tirar, en algo intranscendente. Se han destripado los misterios que hacían del hombre un ser único.


Puse punto y final. Me acosté con tristeza. Miré la foto de un niño al que quiero mucho, recé y me dormí. Cuando amaneció, el sol me pilló trabajando. Me traía en el pico un poquito de esperanza y otro de paz. Y pensé que el mundo se reciclará, como siempre lo hizo. Esperemos que sea por el arte, la paz y la razón que no por la globalización, la guerra y su entorno.


Ahora sé por qué paso tanto tiempo en silencio. El silencio, que no tiene que ser obligado sino escogido para la creación y el conocimiento de uno mismo, es hoy mi aliado. Aquí, en este Garitón podado, luchando con las hormigas y el calor, está siempre conmigo. Bendito sea, repleto de pájaros.

martes, 29 de mayo de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE SOBRE LA CONVENIENCIA DEL SILENCIO

Abstenerse de hablar,
no hacer ruido,
ay, pausa musical,
do reprimido...
silencio mío,
que me voy a dormir,
que me retiro.                M. Verdú



Cuando veo tanto artículo sobre política, sobre algo que sirve para darnos el único cuartelillo de haber votado, no me queda otro remedio que el silencio. Guardar silencio y gastar poco -porque no hay- es el secreto para no morir por la crisis. El voto, ese acto en el que ya muchos se consideran personas y no cosas, es la simple y llana explicación de lo que nos pasa, el mejor medidor de cómo piensa el país. La ley d’ Hont compró la vara (la de medir, esa que vale tres pies o cuatro palmos y no llega al metro y excluye a los que tienen los pies y las manos grandes). Estamos en y con lo que hemos votado y se ha bendecido con puñeterala vara. Mucho antes ya le dijimos adiós a nuestra rubia (hablo de la peseta) y se nos vino el fabuloso mariquitazuca del euro,  y ya vimos que no eran lo mismo cien rubias que un cabezón y que no todo vale ni en educación ni en televisión, pero nadie puede tocar lo  establecido a golpe de vara. Canal Sur es del Arcangel de la Agencia del Flamenco y las demás cadenas son de los espiritistas y hechiceras. Todo un mágico mundo se ha adueñado de nuestra caja tonta. Y no nos olvidemos de las putas y putos de turno, oh, hermanos folladores. Pero seguimos adelante. Tuvimos el capullo en el puño un puñado de años y todos veíamos lo que estaba pasando...ahora vemos volar las gaviotas desde el más cercano basurero hasta el mar de la comunidad y viceversa. Y Juanpobre, pobre. Y esto no es lo peor, lo peor es que no nos damos cuenta de que siguen comiendo los mismos y seguimos ayunando los mismos...¿sirve de algo hablar de política?

Cantaba Camarón: El día que considero/ que me tengo que morir/ echo una manta en el suelo/ y me jarto de dormir. Sabio Camarón y más sabio el poeta popular que escribiera sus versos. Yo hago lo mismo. Vivir en el silencio de Dios y de los hombres, aunque sea ayunando, y ver como la mayoría disfruta de lo que le ha ido robando a su vecino mientras llega la hora del juicio o el tío Paco con las rebajas. 

Siempre se dijo que ya veremos quien ríe el último y adonde vamos a tener que poner la cárcel. El país se nos está quedando pequeño para tanto banquero y tanto banquete. Vivan los elefantes y las elefantas y vivan las úlceras de duodeno. Al menos se podían ir todos los mangantes a cagar al campo para ahorrarnos sus aguas fecales que huelen tan mal y manchan tantísimo nuestra piel de toro.

Ésta es mi humilde postura: el silencio. Sin embargo, lo he roto para hablar de política. Dios me lo va a tener en cuenta. Pero procuraré enmendarme y no hacerlo más.

Desde un silencio lleno de pájaros en El Garitón y en el alma, Mariví Verdú






jueves, 24 de mayo de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN CLAVE DE MI

Los dones del ser humano que nos diferencian de la mayoría de congéneres del mundo animal son:  el del alma o la voz de conciencia; el de pensar lógicamente y discernir, el de la memoria histórica, el de reir y llorar y el de hacer el amor sin buscar la procreación. Sin embargo, lo que son sin duda regalos divinos para que nos parezcamos a Él, no dejan de ser cuchillos de doble filo y debemos usarlos con atención y suma precaución.  La mayoría de veces se unen de dos en dos y casi no puede ir el uno sin el otro. Podemos ir probando cada don con la risa o con el llanto, dos variables constantes en el hombre, y verá cómo son todos resultados tan problables como lógicos. En particular el don de la memoria histórica y el llanto, esos dos son inseparables. Y el del alma y la voz de la conciencia. A más llanto, más tristeza, más meloncolía, otros dones humanos y ocultos.

Hoy he venido pensando mientras conducía mi trayecto diario de Málaga a Alhaurín de la Torre en lo complicado que es explicarle a un niño lo que es la vida cuando, desde la perspectiva de los casi sesenta, ya parece que el camino se estuviera acabando y se prevé el final del túnel. Sin embargo, enganchada a la vida, aún tengo proyectos. Y pensaba cómo inculcarle a un niño precioso y preciso lo importante que es tener historia, vergüenza, nobleza, dignidad. Y lo necesario que es tener piedad con uno mismo y con los demás, respeto a la vida y a los hombres; en lo importante que es buscar la paz en lo cotidiano y aspirar a algo mucho más alto que lo material...Y, por supuesto, avisarle a tiempo de lo corta que es la vida y lo largo que son los días: da tiempo a todo. Por eso es necesario vivir cada instante apasionada y positivamente.

Mi padre trabajó y estudió demasiado para podernos dar lo necesario; mi madre estaba en casa administrando con acierto su jornal y tan enzarzada en sus maravillosas labores y bordados como en suculentos guisos. A veces lloraba oyendo una canción pero nunca me dijo todo lo que sabía. Bueno, me dijo lo que dolía una guerra y lo que fue la muerte de un hijo para mi abuela, pero no era habitual hablarle a los niños de muertos y enfermedades, nos guardaban a todos de sufrir. Se alejaban cuando hablaban las cosas de los mayores. Nunca tuvimos una conversación seria de la vida, nos limitábamos a pasar los días en orden y concierto acatando la frase típica de mi padre: la economía es la base fundamental de la riqueza de un país. Claro que eso no lo decían en casa de los actuales directores de banco ¿o sí? Íbamos pocas veces de vacaciones y siempre a casa de la familia, por eso caducaban cada año los kilométricos enteros: no se podía ir a ningún sitio sin dinero. Puede que fuera el régimen (que no la dieta) el que nos obligaba a guardar silencio y estarnos quietos. La cuestión es que los niños vivíamos en la inopia y la mayoría descubrimos por nosotros mismos las cosas importantes: la muerte, el sexo...la vida.  A pesar de todo, tuve la suerte de tener en mi casa, hasta el final, a mi abuela Victoria. Con ella descubrí la geografía. Y tuve la fortuna de que hubiera libros y música, ropa limpia y manos primorosas: paz. Sin embargo, siempre eché de menos razonamientos. Y me casé jovencísima. Pero como yo hacía mucho caso a la intuición... Pobre intuición mía, cuánto he llorado. 

 
 Y es que tal y como decía Serrat en aquella canción preciosa de “Esos locos bajitos”:

Y nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós.

Desde El Garitón, viendo cómo explosionan las amarilis en un arrebato de belleza: así crece un niño que hoy cumple meses. Mariví Verdú

martes, 8 de mayo de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE EN ROSA-ROSAE

¡No le toques ya más, que así es la rosa!
Juan Ramón Jimenez “Piedra y cielo”, 1919.

Hace tiempo que desapareció el latín de los estudios medios y aún me pregunto el motivo. Si yo estoy agradecida y siento que ha valido la pena su conocimiento, debe haber más gente que así lo sienta: no estoy sola en este país, ni soy la más vieja, ni la más rara. Si aún recuerdo con cariño y agradecimiento el plan de estudios en el que pude cursar el Bachiller, debe haber mucha gente que sienta como yo. El latín era obligatorio en los cursos  3º, 4º y 5º de Bachiller y en los estudios superiores si escogías letras. Para algunos resultaba aburrido y se quejaban de su inutilidad. A mí siempre me pareció no sólo interesante sino útil, por lo que me dediqué con todo el ánimo a entender aquella lengua que me regalaba raices de lo que era mi propio lenguaje y me ayudaba a estudiar francés. Además, tenía la sensación de estar trasladándome más de dos mil años en el tiempo y me encantaba leer y traducir cualquier texto que caía en mis manos, saber lo que ponía en algunos restos romanos de la Alcazaba, los nombres y fechas de tales inscripciones y otras muchas que encontraba en otras ciudades y museos. Conservo como oro en paño el librito “Ludus Latinus” (costó 48 ptas. menos de 0,30 €), un libro de traducciones con fragmentos de obras clásicas de Ovidio y Fedro y parte de los Evangelios, obras clásicas de la Literatura Universal. Este libro servía para los dos cursos y para quinto, así como la Gramática Latina y el estupendo diccionario de Bibliograf, con prólogo de Don Vicente García de Diego, una sexta edición de 1964, ambos forrados con un papel que ya de por sí tiene su propia historia. Ponerles esa protección era costumbre en mi casa y cada año, desde los primeros de la Enciclopedia Álvarez hasta los libros de texto, era todo un ritual que venía después de la compra de los libros y en él intervenía toda la familia. Aún mantengo varios libros más con su primer forro entre los que cuento también “Las mil mejores poesías de la lengua castellana”, que forró mi hermana en color blanco, y los libros de Matemáticas y Música, otra asignatura obligatoria por entonces.

Los libros, ay los libros, qué necesarios me han parecido siempre. Han viajado conmigo siendo mi más necesario equipaje. Eso sí, pesado, muy pesado, el más pesado de todos, pero lo primero que embalaba: Lorca, Tagore, Juan Ramón, Neruda, Gloria Fuertes, Cervantes, Bécquer...y que nunca me faltaran mis tres tomos de la Historia de España que pagué poquito a poco porque eran tan valiosos como caros por su exquisita encuadernación y por su contenido del que destaco esa letra pequeña que ocupa muchísimas veces dos y tres páginas y a veces tienen más interés que los textos que la llevan en grande. Con todo es igual, la letra pequeña, la que no leemos, la palabra subliminal de cualquier texto es más interesante porque te hace entender todo lo demás.

Empecé a estudiar latín un día 5 de Octubre de 1968 aunque el curso había empezado un mes antes. Declinar el nombre de la rosa fue mi primera lección, la segunda, conjugar el verbo sum: ser.  Y descubrí que sepelio significaba enterrar y credo era creer; áccido, suceder y perdo perder. Pono era poner y veto prohibir...vaya que el latín era la madre del español y que gracias a esa lengua maravillosa nosotros tenemos la que tenemos, con la que podemos ser personas.

Me dí cuenta desde muy joven que una rosa es una rosa. Desde El Garitón cuajado de ellas, Mariví Verdú