domingo, 21 de enero de 2018

IV CERTAMEN POETICO "MARGARITA PERUJO NEBRO". LA TARDE (mi tarde), por Mariví Verdú


El pasado domingo recibí una grata noticia de boca de Isabel Teresa Rosado Esquina, concejala de Educación, Cultura y Patrimonio de Cuevas del Becerro, pueblo malagueño de la comarca del Guadalteba: mi poema La tarde había sido premiado en el IV Certamen Poético “Margarita Perujo Nebro”. Cuando sonó el móvil, me pilló en Cártama cogiendo el coche, después de haber pasado un día maravilloso con los míos que incluía siesta en el sofá junto a mi nieto. Me volví a tocar a la puerta para darles personalmente la noticia, cosa que les alegró muchísimo, tanto como a mí.

LA TARDE

Enredada en la hiedra,
prendida en los tejados,
por las copas de oro
de los pinos más altos,
por el filo del muro,
volando entre los pájaros
sigue la tarde al sol
y tiembla
por los álamos.
Silencio jubiloso
el que lleva en sus manos
mientras vuela hacia el este:
paraíso azulado
donde vive la luna,
donde duermen los astros.
Transfigurada y sola
se va desdibujando,
del celeste al naranja,
del amarillo al cárdeno,
hasta perderse toda
en un cielo cobalto
cada vez más oscuro
por luceros más claros...
¡oh redondez del tiempo
con la vida jugando
al borde de la noche
por los montes lejanos!

La decisión de enviar este poema la tomé el pasado mes de noviembre en la que apareció “mi tarde” mientras ordenaba viejos apuntes y archivos sueltos en la memoria del ordenador. Y me hizo recordar precisamente aquellos momentos que me lo inspiraron, recién venida a El Garitón, con todo mi dolor a cuestas y deseando ver luz en cualquier rincón y rodar cada atardecer por la sierra para irme con la tarde antes de que llegara la noche. Diez años más tarde, los colores y las sombras vuelven a cobrar vida.

La entrega de premios se celebró el pasado día 19 de enero en una tibia tarde de sol. Solo el paseo desde Alhaurín de la Torre hasta Cuevas ya mereció la pena, fue todo un placer para los sentidos. Las aguas y su nieve ya están dando fruto y el campo es una verdadera delicia de color verde hierba al alcance de todos. Me acompañó mi amiga Marisa García y ambas disfrutamos del viaje con la misma intensidad, mientras se abrían ante nuestros ojos grandísimas extensiones de terciopelo que para sí quisieran los de Microsoft en su página de inicio.

Recordé por el camino a los amigos que tengo por aquellas tierras que íbamos dejando atrás: Pizarra, Álora, Carratraca, Ardales. Y le dediqué un cariñoso recuerdo a mi buen amigo Paco “El Malagueño”, nacido en Peñarrubia, un pueblo de la comarca que hoy descansa en lo hondo del pantano sacrificado por nuestra sed y por el bienestar de los lugareños.

Divisamos Teba y doblamos a la izquierda en dirección Ronda. Antes me encantaba doblar a la derecha en busca de “El Cordobés”, un bar de carretera que te dejaba comido para unos pocos de días pero la última vez que pasé por allí estaba cerrado y fue solo hace unos meses. Cuando pasamos el cruce con la carretera que va para Cañete la Real, la tierra de mi amigo Pepe, recordé a ese gran cantaor que me dejó su amistad para siempre, y al guitarrista Rubén Lara, al que conocí aprendiendo a tocar la guitarra, instrumento que hoy domina y ama con la misma intensidad destacando entre los mejores. Y enseguida apareció la larga hilera de casas a la izquierda que conforman el pueblo de Cuevas del Becerro.
Como llegamos bastante temprano, nos fuimos a un parque que había cerca de la Casa del Pueblo, donde sería el acto de entrega de premios. Hicimos fotos mientras corría el agua a nuestros pies y nos acercaba a lo mejor de nosotras mismas. Tomamos un café y buscamos una carnicería donde comprar morcillas y chorizos, lo que no necesita decir que son de la mejor calidad. Llegamos al acto con un olorcillo a especias -a pimentón y a cominos- en los bolsos que no se podía aguantar de bueno.

Isabel Teresa, a la que nos habíamos encontrado por la Calle Real en nuestra búsqueda de carnicería con un precioso centro de flores en la mano, nos vino a saludar y nos presentó al resto de componentes de la mesa, Adela Perujo, Antonio López Palacios y Antonio Viñas, excelente presentador del acto. Después de una exposición exquisita del concurso y de sus fines, de los agradecimientos a los participantes y de esa calidez humana que emana de Isabel Teresa, se leyeron poemas de Margarita, de su libro “En la piel de las cerezas”. He de reconocer que me quedé sorprendida y admirada ante la calidad de aquellos poemas y en particular de uno que se titula “Madres”. Me emocioné muchísimo, aunque llevaba emocionada con Margarita más de una semana, desde que supe quién era y las circunstancias que rodearon su paso a la inmortalidad. La noche que descubrí a tan joven poeta, nació este soneto que cuenta mi conmoción:
Cuando quise saber quién daba nombre
al concurso cueveño de poesía,
por más que lo pensaba, no sabía
de poetas habidos de renombre.
Hay ya poco en el mundo que me asombre
más confieso que ayer me estremecía
al encontrarme su fotografía
colgada en Internet bajo su nombre.
Margarita, mi ángel femenino,
eres eterna flor de corta historia
y sumario de todas las bellezas.
No sé quién te cruzó por mi camino
pero quedas conmigo, en mi memoria,
juntas bajo la piel de las cerezas.

(Su padre estuvo presente en el acto y tuve la satisfacción de estrechar su mano y cruzar algunas palabras, de compartir su dolor y su conformidad.)

Y uno a uno fuimos pasando a recoger los diplomas, un joven poeta del pueblo, Javier García Toscano, que recibió el premio de manos de Antonio López, presidente de la Asociación de Poetas Cueveños; el magnífico escritor de Montejaque, Antonio González Montes, autor, entre otros trabajos, de la extraordinaria novela titulada “El grito”, recibió su premio de la concejala de Cultura Isabel Teresa Rosado,  y yo, que lo recibí de manos de Cristóbal González Rosado, joven alcalde de Cuevas del Becerro a quien felicité por su puesto y por la esperanza que da tener tanta juventud como tiene él a su alrededor en las distintas concejalías. Para acabar el acto, se leyeron varios poemas participantes en el certamen y una espontánea, Emilia Ponce, nos recitó de memoria un poema de Rubén Darío dedicado a Margarita, a otra Margarita, a todas las Margaritas. 

Muchas gracias al colectivo poético cueveño y al ayuntamiento, convocantes de dicho certamen, y gracias al público asistente que dio muestras de su amor a la poesía acogiéndonos con tanto respeto y cariño.


Escribo esta crónica ante un café con leche y un par de rebanadas del pan que amaso cada miércoles untadas con morcilla de Rosario Escudero, cueveñas las dos, y lo hago en éxtasis, bajo una mañana templada de sol de enero, en El Garitón, mi casa campera donde las tardes son mi oro y las mañanas son mi oro y mi plata...


Mariví Verdú




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