domingo, 5 de junio de 2022

LUEGO (VARIACIONES SOBRE EL AMANECER), por Mariví Verdú


¿Qué significa luego? ¿Cuándo es luego y cuánto dura? Luego, adverbio que significa después, más tarde, depende mucho de la relatividad del tiempo y es como el chicle de maleable. Luego, cuando se tienen ya siete décadas consumidas, es un tiempo incierto, complicado de medir. He dicho muchas veces hasta luego y no hubo más tiempo para otra cosa que para lo eterno. He dicho otros hasta luego y no me fui nunca a ningún sitio, continué con el corazón allí, de donde pretendí irme sin lograrlo. Retomar palabras dichas, releer y tener la intención de añadirle alguna que otra reflexión más después de dos semanas es confirmar que Antonio Machado era verdad, máximo cuando afirmaba que todo pasa y todo queda...En mi caso y desde hace muchos mayos mi tiempo es como un día larguísimo donde caben muchas noches y muchas lágrimas, muchos amaneceres, algunas risas y muchísimas palabras. Pero no olvidemos que lo nuestro es pasar.  Dije “luego sigo” y fue una temeridad ¿Qué  habría pasado si no hubiera tenido ningún luego que llevarme a la vida? Quien lee mis cosas sabe que me identifico con la frase de Josep Plá: dejar algo para mañana es dejarlo para siempre. Por eso mis luegos son como una coma sin dejar de ser punto ni final cuando llegue ese luego último que planta estatuas donde hubo latidos.

Luego... Luego: eso decía mi madre que era la desidia, la palabra preferida de la gente perezosa que creaba bolas de polvo debajo de la cama... Pero "mi luego" fue posponer la escritura para estar con las personas que más quiero en este mundo. Fuimos a compartir juntos la mesa, después de no vernos en muchas semanas, a celebrar que estamos vivos y llenos de ilusiones, a brindar por el misterioso porvenir al que solo le pedimos un poco de piedad y un mucho de justicia.

Hoy quería seguir escribiendo sobre el tema que dejé a medias y del que solo había anotado algunas frases para desarrollar: “La grandeza de la generosidad”, “Abrir a los demás las puertas del conocimiento”  “...de los maestros, de los oficios sagrados de los hombres... Cada una de ellas requiere de una amplia reflexión que volveré a aplazar porque las tomateras siguen creciendo y hay que atarlas a las cañas para que no se vuelvan locas y dos pimenteras tienen hormigas, o sea, comepulgones, y hay que echarles su ración de jabón para que mueran y las dejen en paz y que las hormigas emigren a otro sitio.

Por todo lo dicho, nada mejor que  “Luego” para dar título a esta nueva entrega de “Variaciones sobre el amanecer”, porque una sola palabra da mucho juego para darle cuerda al pensamiento. Emplear “luego” en esta frase “Pienso, luego existo” es otra cosa, es una confirmación de no estar muerta, es un silogismo que da bastantes dolores de cabeza y mucha inquietud al corazón. La premisa de pensar nos vale para cualquier acto que signifique vida.

Desde El Garitón donde mayo se hizo ver en las amarilis y junio en mis rosas “Pierre de Ronsard”(o sea, las de Loli), agradecida.

viernes, 27 de mayo de 2022

VARIACIONES DEL AMANECER, por Mariví Verdú

Esta mañana estoy levantada desde las cinco, despierta, con ganas de vivir. Como cada día, asisto emocionada a su primer acto, siempre nuevo y fugaz como el tiempo mismo. Me doy cuenta de que, por encima de mi propio estado de ánimo, sigo siendo la expectadora agradecida, alegre por y consciente de la belleza de estas horas en cualquier época de mi vida, en todos los lugares y estaciones, junto a esta soledad perpetua y libre que me habita como lo hiciera en un principio y a la hora de mi muerte, amén. Hoy, para variar, me he encontrado dos luceros enfrente. Aparecían alineados como unos ojos en mitad del cielo Eastmancolor oscuro. Atónita ante la mirada luminosa, lejana y conocida, me puse a considerar en lo afortunada que soy teniendo tanto, tantísimo, por delante. Y comenzaron a pasar por mi cabeza cosas acaecidas últimamente. Encendí el ordenador. Quería escribir algo sobre algunas de ellas pero empecé enviando un par de correos a dos compañeros de clase del último trimestre de la UMA+55, Grantes Temas de la Literatura. Y, con las ideas cruzando como perseidas, loca por pillar alguna para confeccionarle un traje al día, paré sobre una foto que hice la pasada semana a mi rosal de olor y escribí al pie unas palabras, una simple pregunta: ¿Qué sería de la música sin el silencio?... Sin apenas darme cuenta, la luna menguante se había unido al paisaje. Como una tajadita chica, ya casi luna nueva, se había hecho presente diciendo “Aquí estoy yo”. Y se quedó durante la media hora siguiente, mientras  escribía sobre el silencio y la rosa malva. De pronto me dí cuenta de que lo más interesante de la rosa no lo podía describir: su perfume. Y ahí me quedé encajada, sin encontrar aroma que darle a mis palabras y viendo desaparecer la luna en un cielo amarillo, naranja, verde y lila azulado donde la jacaranda. 
 
Levantarme activa, creativa y consciente de mi papel en el mundo es un privilegio. Por lo menos tendré a qué echarle la culpa de mi pérdida de tiempo. Mientras todo se cubría de colores, recapacité sobre la importancia de nuestras vidas (la de los demás y la mía) cuando convergen en otras, cuando topan o se rozan nada más o cuando, en un sentido reflexivo, empiezan a importarnos y somos capaces de distinguir el metal de una voz (unas voces que hasta ayer eran extrañas) o de reconocer sus facciones entre la multitud. Me asombra esta capacidad de acercamiento del ser humano, el milagro de la empatía y también, y cómo no, el de la gracia oportuna del rechazo. 

Luego sigo que ahora me tengo que ir. 

Desde El Garitón, una dulce mañana de mayo, Mariví Verdú.

martes, 10 de mayo de 2022

OLE TÚ, GITANILLO, POR SIEMPRE, AMÉN, por Mariví Verdú


Luis Santiago Amador
es flamenco porque puede,
guitarrista y el mejor
cantaor que ha dao Vélez.

Tiene su sello
mi Gitanillo
de buen veleño.

De mi trabajo ganador “Por los almendros” 2019


Querido Luis: el pasado sábado, día 8 de mayo de 2022, me dieron la noticia de que no habías despertado de tu sueño, la triste noticia de tu despedida y el consuelo de que la vida te dejó sobre tu cama después de haberte bendecido. Sé que te dijo un secreto al oído que ayudó a realizar tranquilamente tu viaje. Un secreto no, porque yo lo sé y lo sabe todo el que te quiere. Te dijo dos cosas que te honran: que te quiere y te ha querido muchísima gente y que tu voz resonará en nuestros oídos con esa calidez de la que tú hacías derroche porque así eras, cariñoso, cálido, grande y único.

Quiero escribirte esta carta desde que estuve la última vez en Vélez Málaga. Iba con una excursión cultural y no pude veros ni a ti ni a Evaristo y hoy me pesa no haber roto las normas porque la vida es así de caprichosa y decide cuando será la última vez que hagamos algo y que en mi caso dejé por hacer. De pronto, en el lugar que menos he frecuentado desde hace catorce años, en lo que fue la peña más emblemática de Málaga, me dí cuenta de que has sido el primer cantaor, junto con mi querido Paco Padilla, buen aficionado, que cantó mis letras, aquellas alegrías que tan dichosamente compartimos. Gracias por ilusionarme en continuar escribiendo y hacer mis letras dignas de tu cante.

Aunque te admiraba desde mucho antes, nuestra amistad surgió desde la década de los noventa. Recuerdo cuando te escribí una escueta biografía para aquella primera página flamenca que creé, Flamenco en Málaga...qué momentos. Momentazos.



“...y, mientras los niños lloraban, él cantaba. Él niño era Luis Melchor Santiago Amador, el que hoy lleva por nombre su raza y por apellido artístico el pueblo que más quiere. El es “Gitanillo de Vélez”. Y canta desde que le alcanza el recuerdo.
Nació en Periana (Málaga) el diecisiete de mayo de mil novecientos cincuenta y uno. Ajárquico es como a él le gusta declararse, de la tierra de su origen, pero el tiene su origen en el propio arte y vino con un don desde la cuna. Quien le conoce lo sabe.
En su primera participación en concurso de cante, ganó un segundo premio. Fue en el Valle del Sol, en Álora, con una malagueña aprendida el mismo día, en la puerta de un bar, de voz de Diego “El Perote”.

Gitanillo estuvo, de joven, en América con Fosforito, Farruquito, Manuela Vargas, Chocolate y otras primeras figuras del arte flamenco.¡Cómo canta este gitano, cómo nos lleva adonde quiere, como nos hace recordar al inolvidable Chaqueta, con qué gracia, con qué personalidad!


Se pirra por los potajes, en particular el de hinojos. Y... hablando de comer: Luís me cuenta que en sus comienzos fue con una pequeña compañía por los pueblos en la que iba también un malabarista que usaba naranjas para su actuación. Qué hambre no se pasaría por entonces que, en un despiste del mago, Gitanillo se las comió todas.

Amén de ser un magnífico cantaor, es un excelente guitarrista. Una excelencia que ha heredado su hijo Luli, sorprendiéndonos cada día que pasa porque vive entregado a la guitarra, porque tiene madera y talento. Y es natural: toda su familia rebosa arte. Reme, su mujer; sus hijas Debla, Belén y Séfora, las abuelas y todos los genes... Viven en Vélez y todos caben en mi corazón.

Hace algunos años escribí unas letras por Alegrías de Cádiz, dedicadas a Málaga, y las escuchó Gitanillo. Me alegré mucho de que le gustaran y las hiciera suyas, ya que fue en su voz como realmente se acabaron de crear y desde entonces p ́acá las canta Málaga entera. Gracias, Luís, por regalarnos tanto arte.

Cuando me pongo a elegir
si el Perché o la Triniá
no me puedo decidir
si a los dos los quiero igual.

De San Pablo hasta El Carmen
yo voy rezando
y La Esperanza en medio
me está llamando.

Málaga, la tierra mía
es un regalo de Dios,
azul tiene su bahía
y nunca le falta el sol.

Qué bonita mi playa,
mi merendero,
mis espetos de caña
brillando al fuego.

El Puerto se ilumina
con su Farola
y yo me enciendo, niño,
con tu persona. ”


Son muchas las ocasiones en las que he coincidido contigo, mi querido Gitanillo, casi siempre por ser tu fiel amiradora y muchas otras, todas inolvidables, por ser tu amiga y por tener tantos amigos en común. Siempre he tenido tu respeto y cariño, tu voluntad, y sabes que siempre fue mutua.

No quiero alargar esta carta porque la remitente está triste y el destinatario, o sea, tú, estás lejos y a ese lugar es dificil que llegue otra cosa que el recuerdo de nuestra amistad, pero, como sabías lo que me gusta escribir y necesitaba hacerlo, he esperado a tener un rato de paz y de templanza para dedicarte unas letras que lleven mi más fuerte abrazo. Sé que hay un pedazo de cielo grande y azul como el nuestro allá donde te encuentras y espero que estés con los tuyos en la gloria para siempre como estás en la historia del flamenco y dentro de mi corazón.

*Me pasé toda la tarde y buena parte de la noche buscando fotos en las que estuvieras feliz y son muchas, muchísimas, pero como es imposible ponerlas todas ni decir todo lo que siento desde lo más hondo de mi alma, me limito a poner las que estamos jóvenes, guapos, y solo las que caben en esta carta.  Bastan para dar a entender mis sentimientos, el orgullo de conocerte y la tristeza  que me embarga.


Ole tú, Gitanillo de Vélez, amigo Luis, ole tú por siempre.
Amén.



**En la segunda foto, realizada en la antigua sede de la Peña Los Verdiales, Gitanillo tiene al lado una serigrafía de Eugenio Chicano que representa a tres grandes axárquicos: Salvador Rueda, Juan Breva y en el centro, en el mecedor, María Zambrano. Ahora no están ni mi querido Eugenio ni mi querido Luis, cinco axárquicos orgullo de mi tierra... cuánto vacío. ¿Cómo se puede llevar esto?

domingo, 6 de marzo de 2022

HASTA EL CORAZÓN DE EUROPA, desde el mío, Mariví Verdú

Son las dos y treinta y siete de la mañana. Acabo de mirar por la ventana buscando a esa luna creciente que hoy toca, pero no he dado con ella. En medio de un claro abierto entre las nubes he visto brillar la Osa Menor. Siempre que descubro tanta hermosura, lo verbalizo y en voz alta suelto un requiebro, ya sea ante un almendro, un rodal de violetas o ante la inmensidad de los cielos y sus luminosos habitantes. Me da igual que no me contesten o que me escuche alguien que ande cerca, es que no me puedo contener ante la dicha de estar viva y el placer que me suscita tantísima hermosura. Miro hacia el mar. La ciudad duerme en la orilla intuida donde encuentro, como de costumbre, el parpadeo de la farola, esa señal constante y cuaternaria que me dice que estoy donde tengo que estar. Observo que ha bajado bastante la contaminación lumínica. Aquellas viejas ascuas, que antes reverberaban intensamente sobre el agua de la bahía o en el fondo dormido de la hoya y que subían, despegando y singularizando, hacía los montes, se han vuelto pequeños píxeles, corpúsculos dorados, amarillos, anaranjados o blancos que se agrupan y donde destacan algunos puntos, pocos, celestes y rojos. Vivir sobre un monte y dominar con la vista este horizonte tan querido tiene la ventaja de sentirse alejada y cercana a la par, de estar fuera y a la vez dentro de algo más grande que la propia ciudad, la misma que me vio nacer y que tal vez no me reconoce después de tantos años de ausencia. La ausencia es una moneda de cruz triste pero tiene la cualidad de presentarnos su cara amable, precisa, inteligente, una forma nueva de la nostalgia que agudiza los sentidos y hace amar con más intensidad y disfrutar los momentos de acercamiento con una intensidad de último día. Málaga, que no dejó nunca de ser mía, es ahora mucho más mía que lo fuera en un principio, allá por mitad del pasado siglo, en el viejo paseo marítimo donde vi la luz primera, una luz que tanto amara Emilio Prados y que ha sido mi sombra y mi reclamo cada día de mi vida. Sí, tuve la suerte de nacer en la ciudad de la luz, a orillas del mar y en un edificio que albergara los sueños estivales de Lorca. Desde niña aprehendí la cadencia natural de las cosas, sí, desde el incansable compás de las olas hasta el ciclo de perfumado de los chilindros y viví los cambios de estaciones con los coleos de mi patio en los Portales de Gómez 62 y con la frescura que gozaban las coquinas en el rebalaje de las playas de la Misericordia...

El insomnio de hoy ha sido oportuno. He pasado toda la tarde tranquila, me dormí una reparable siesta y antes del telediario, afortunadamente, me había vuelto a quedar dormida. Oír noticias me produce un bajón tan grande que se me olvida escribir, se me olvida ser, pero verlas con la roja crudeza de la sangre, tener constancia del desastre que están viviendo los vecinos de Ucrania, del resultado de los bombardeos y conocer en directo tanta desgracia me devuelve al fondo de un abismo del que me cuesta trabajo salir al mundo. Tengo mucho miedo del presente, de la guerra, de lo que unos locos con poder  -que no se arriesgan a morir-, son capaces de hacer con todos nosotros. Tengo la sensación de que no ha pasado el tiempo. Hace solo cuatro años  denunciaba con estos versos otra pesadilla provocada por los mismos y con los mismos objetivos: hacer que muera gente buena, como tú o como yo, personas que solo quieren paz y trabajo. Y todo este desastre con el único fin de dominar los recursos naturales que escasean y al que ellos deciden el precio que ponerles aunque nos cueste la vida a todos.  

http://garboyflamencura.blogspot.com/2018/02/cinco-horas-por-marivi-verdu.html
http://garboyflamencura.blogspot.com/2018/02/versos-siria-por-marivi-verdu.html

¿Será por eso que he visto las luces a media asta desde mi ventana? No creo que sea por una reflexión colectiva de conciencia medioambiental.  Es el bolsillo, ese es el que de verdad nos hace entender y nos obliga a reducir gastos prescindiendo de todo lo superfluo. Resulta imposible seguir soportando el encarecimiento de la energía y tienen que pasar cosas muy graves para que los humanos cambiemos de actitud y dejemos de ser tan reyes y tan inconscientes de nuestro destino en la tierra. Ay de mi tierra redonda, qué sufrimiento tan grande te estamos provocando...

Vuelvo a mirar por la ventana. Todo está quieto, dormido, apagado bajo el manto de la noche. Sé que hay flores, acacias, olivos, pinos, montes y mar... Sé que hay narcisos y vinagretas, que retoñan las vides con botones rizados de un verde moscatel que endulza el aire, pero mi corazón necesita ser útil, curativo, cicatrizante: un beso, un apretón de manos, un abrazo solidario. Un hombro donde llorar. Una casa abierta. 

Desde este rincón donde la vida continúa, unas veces conmigo y otras sin mí, cariñosamente.

Fotos: Pedro Durán

miércoles, 9 de febrero de 2022

MIS QUERIDOS ALMENDROS, por Mariví Verdú

No me conformo con dejar pasar estos días como si no ocurriera nada haciendo caso omiso al acontecimiento precursor de la primavera: el florecer de los almendros. Tengo la suerte de tener tres a mi alrededor, sembrados por mi padre, con más de cuarenta años cada uno y es de un egoísmo insano y frustrante dejar tal espectáculo para mí sola. Los milagros hay que cantarlos, hay que celebrarlos, hay que dejar constancia de que han sucedido. Sé que a ellos les da igual lo que yo diga o poetice sobre su ciclo eterno porque son dioses y todo les resbala. Ajenos a mi presencia, a mis dolamas, a mis inclinaciones y sueños, florecen como cada año llenando el aire de rosas claras, confirmación de la Naturaleza, rebosantes de esplendor. O tal vez no, tal vez me reconozcan cuando camino de noche bajo la luna a cerrar la cancela, o sin luna, ayudada con la linterna, porque siempre les digo algo, siempre hay un requiebro, una fina melancolía: la nostalgia de lo que está por llegar. 
 
Anoche, al cerrar el portón, estuve tentada de recoger los copos rosados que caían, empujados por el aire, a mis pies. Quise pensar que soy ya parte de ellos, que la poda ha servido -a pesar de sus amputaciones y de mi tristeza- para tal explosión de belleza, para que no se desperdicie su savia en vástagos inútiles, para que yo pueda despojarlos en verano de todos sus frutos, esas maravillosas almendras que cojo a solas o con mi gente querida en el rebusco, sus semillas mismas que me dan consuelo al verlas doradas y carnosas, listas para mi ajo blanco y mi pepitoria, para tostarlas con sal y disfrutar de la vida. 
 

Durante muchos años he dedicado canciones a mis almendros ¡oh, árbol del paraíso!, los he retratado, los he mimado y compartido con familia y amigos; cada uno ha probado sus dulces almendras y todos hemos buscado en algún momento la tibieza delicada de su sombra. Yo les he rogado que me tengan en cuenta para mi hora final y me dejen a sus pies hecha ceniza, echada para siempre en ese dúctil aposento de tierra conocida. 
 
Nada mejor que dejar la limpieza, las obligaciones, el miedo y el porvenir aparcados un rato para sentarme a cantar las delicias que la vida me ofrece, que se me plantan delante diciéndome que existo, devolviéndome la esperanza, alegrándome la vida sin saberlo. ¿O sí? Sí que lo saben, desde este rinconcillo donde escribo, oyen mi canto, hoy más maduro pero tan apasionado como el primero; con más fervor porque el tiempo apremia; con más ingenuidad porque es involutivo; con la misma sorpresa y atención que lo hice desde que existimos en el mundo. 
 
 
Nada más hermoso en el invierno que este adelanto de la primavera, del cielo, de las rosas: el almendro. 

Desde El Garitón, donde paso mis días hábiles, mis espléndidos amaneceres, mis noches fecundas, mis madrugadas andantes y esas tardes en las que el cielo se inunda de naranjas mientras rompen su sedal joyante los luceros y esta luna creciente que sale desde mi calle y sube llevándose mis recuerdos a un lugar alto, Mariví Verdú. 
 
Para mi hijo, para Dani y Cristina, para Emma y para María Victoria Anaya, cariñosamente.

ANTONIO MONTIEL, ESCUDO DE ORO del Rincón Flamenco de Las Castañetas, por Mariví Verdú

Un día más la magia tuvo su cita en nuestra peña, en el rincón del cante más flamenco de Málaga, en Las Castañetas. Ayer se concentraron all...