Luis Santiago Amador
es flamenco porque puede,
guitarrista y el mejor
cantaor que ha dao Vélez.
Tiene su sello
mi Gitanillo
de buen veleño.
De mi trabajo ganador “Por los almendros” 2019
Quiero escribirte esta carta desde que estuve la última vez en Vélez Málaga. Iba con una excursión cultural y no pude veros ni a ti ni a Evaristo y hoy me pesa no haber roto las normas porque la vida es así de caprichosa y decide cuando será la última vez que hagamos algo y que en mi caso dejé por hacer. De pronto, en el lugar que menos he frecuentado desde hace catorce años, en lo que fue la peña más emblemática de Málaga, me dí cuenta de que has sido el primer cantaor, junto con mi querido Paco Padilla, buen aficionado, que cantó mis letras, aquellas alegrías que tan dichosamente compartimos. Gracias por ilusionarme en continuar escribiendo y hacer mis letras dignas de tu cante.
Aunque te admiraba desde mucho antes, nuestra amistad surgió desde la década de los noventa. Recuerdo cuando te escribí una escueta biografía para aquella primera página flamenca que creé, Flamenco en Málaga...qué momentos. Momentazos.
Nació en Periana (Málaga) el diecisiete de mayo de mil novecientos cincuenta y uno. Ajárquico es como a él le gusta declararse, de la tierra de su origen, pero el tiene su origen en el propio arte y vino con un don desde la cuna. Quien le conoce lo sabe.
En su primera participación en concurso de cante, ganó un segundo premio. Fue en el Valle del Sol, en Álora, con una malagueña aprendida el mismo día, en la puerta de un bar, de voz de Diego “El Perote”.
Gitanillo estuvo, de joven, en América con Fosforito, Farruquito, Manuela Vargas, Chocolate y otras primeras figuras del arte flamenco.¡Cómo canta este gitano, cómo nos lleva adonde quiere, como nos hace recordar al inolvidable Chaqueta, con qué gracia, con qué personalidad!
Se pirra por los potajes, en particular el de hinojos. Y... hablando de comer: Luís me cuenta que en sus comienzos fue con una pequeña compañía por los pueblos en la que iba también un malabarista que usaba naranjas para su actuación. Qué hambre no se pasaría por entonces que, en un despiste del mago, Gitanillo se las comió todas.
Amén de ser un magnífico cantaor, es un excelente guitarrista. Una excelencia que ha heredado su hijo Luli, sorprendiéndonos cada día que pasa porque vive entregado a la guitarra, porque tiene madera y talento. Y es natural: toda su familia rebosa arte. Reme, su mujer; sus hijas Debla, Belén y Séfora, las abuelas y todos los genes... Viven en Vélez y todos caben en mi corazón.
Hace algunos años escribí unas letras por Alegrías de Cádiz, dedicadas a Málaga, y las escuchó Gitanillo. Me alegré mucho de que le gustaran y las hiciera suyas, ya que fue en su voz como realmente se acabaron de crear y desde entonces p ́acá las canta Málaga entera. Gracias, Luís, por regalarnos tanto arte.
Cuando me pongo a elegir

si el Perché o la Triniá
no me puedo decidir
si a los dos los quiero igual.
De San Pablo hasta El Carmen
yo voy rezando
y La Esperanza en medio
me está llamando.
Málaga, la tierra mía
es un regalo de Dios,
azul tiene su bahía
y nunca le falta el sol.
Qué bonita mi playa,
mi merendero,
mis espetos de caña
brillando al fuego.
El Puerto se ilumina
con su Farola
y yo me enciendo, niño,
con tu persona. ”

Amén.
**En la segunda foto, realizada en la antigua sede de la Peña Los Verdiales, Gitanillo tiene al lado una serigrafía de Eugenio Chicano que representa a tres grandes axárquicos: Salvador Rueda, Juan Breva y en el centro, en el mecedor, María Zambrano. Ahora no están ni mi querido Eugenio ni mi querido Luis, cinco axárquicos orgullo de mi tierra... cuánto vacío. ¿Cómo se puede llevar esto?






