domingo, 23 de febrero de 2025

BONELA HIJO Y FRAN VINUESA EN EL RINCÓN FLAMENCO DE LAS CASTAÑETAS, por Mariví Verdú

Ayer, en el rincón flamenco más flamenco de Málaga, en Las Castañetas, tuvo lugar un encuentro flamenquisimo, extraordinario: el cantaor Francisco Javier Sánchez Bandera "Bonela Hijo" y el guitarrista Fran Vinuesa.

Presentados por Inma Reina, vicepresidenta de la entidad, y Joaquín Cabello, relaciones públicas, nos dieron un recital memorable. 



Francis Bonela es un cantaor completo, conocedor de todos los palos, los domina y ejecuta con maestría. Hay algo que quiero destacar y que tiene que ver con las letras de su repertorio, letras que no les escucho a otros cantaores más que a los viejos ases del flamenco. El acompañamiento de Fran Vinuesa fue muy especial. Qué sorpresa más agradable verlo convertido en un gran profesional, yo que lo conocí de joven estudiante apuntando maneras. Gracias por saber cómo subir y bajar el volumen de tu guitarra, estar atento al momento del Cante y poner el adorno cuando toca.



 Bonela y Vinuesa nos deleitaron por malagueñas de El Canario, de El Perote y abandolaos que recordaron a Cayetano Muriel, al Cojo de Málaga, a Ronda, a Caracol y a su madre, Paquita, a quien tuve la suerte de tratar.

Siguieron con unas bulerías por soleá dónde nos recordaron a nuestro Chino de Málaga. A continuación nos hicieron unos tientos tangos metiendo letras de Agujetas, Cojo Pavón y Pastora Pavón y unas guajiras a compás. Y así acabo la primera parte de la actuación con el público puesto en pie y un largo aplauso.

Dio comienzo la segunda parte con un solo de Fran Vinuesa por levante, recordando en sus compases a Caracol y a su Niña de Fuego y a Juanito Valderrama y su emigrante, y todo sin salir del aire claro del levante. Emocionante momento para los amantes de la guitarra, para todos los flamencos presentes. Salió Francis para continuar su generosa actuación y nos cantó por guajira con letras del Piyayo y Juan Breva, con mucha dulzura y meciendo las palabras. Por bulerías hicieron magia de compás los dos, Vinuesa nos trajo a Lorca y su Anda Jaleo y Francis nos metió en la fiesta.

Acabaron su intervención con una tanda de fandangos ante un público satisfecho y entregado. Les despedimos con un largo aplauso de todos los asistentes a la magia del encuentro. Vino el duende, que lo sepáis todos.


Tuve la satisfacción personal de compartir mesa y almuerzo -un arroz con costilla exquisitamente preparado por Joaquín Cabello- con Rafael Ruiz, vicepresidente de la Peña Juan Breva, y nuestro querido amigo Salvador Rodríguez. 


Pude saludar a Malena Sánchez, la hija de Francis y Rocío Alcalá y a la guitarrista Lidia Vergara (dos jóvenes preciosas); a los cantaores Antonio Fuentes, Gregorio Valderrama, El Boli, y di las gracias a nuestro presidente Juan Moreno por su buen hacer, por el acierto de traernos siempre primeras figuras a nuestra peña.

 Gracias por participar de este rincón tan querido.

Desde El Garitón, recordando la tarde de ayer,

Mariví Verdú




   

viernes, 10 de enero de 2025

ADIÓS, GABRIEL CABRERA, GUITARRISTA Y AMIGO, por Mariví Verdú

                                 Con toda la tristeza del mundo digo adiós al guitarrista y amigo Gabriel Cabrera.

Gabriel Cabrera Piñero nació el día dieciocho de marzo de mil novecientos sesenta y dos en Alcalá de los Gazules (Cádiz). Hace muchos años, para aquel libro que quedó inédito  titulado “Málaga: límite y paraíso”, escribí su biografía. Fue a principios del año 2002. Hablar con Gabriel siempre resultaba fácil, no reír a su lado, imposible. Me contó que la primera vez que tuvo en sus brazos una guitarra fue con doce años. Antes  se hartó de llorar delante de una tómbola viéndola colgada como premio. Al final, afortunadamente, se salió con la suya, para él porque ha sido su profesión y para nosotros porque ha sido nuestro deleite.

Gabriel Cabrera se formó en Cádiz tocando para cantores y allí estudió dos años de solfeo. Ya en Málaga, retomo los estudios de solfeo y, aunque de Cádiz traía el compás, Málaga le abrió su abanico musical.  Llevaba cincuenta años dedicado profesionalmente al estudio de la guitarra, centrado en la pedagogía de la guitarra. Fue Profesor del Taller de Guitarra de la Federación de Peñas Flamencas y de la Escuela de Flamenco, Dramaturgia y Folklore creada en 2004 y dirigida por Jacinto Esteban, fallecido también este mismo año. 

El toque que más le gustó ejecutar fue el de la Malagueña y, cómo no, el toque de la  Bulería. Recuerdo grandes momentos con el gran aficionado Paco Padilla (1937-2021) en la Peña Fosforito, donde disfrutamos de ellos en el ciclo “Influencia de los Cantes de Málaga en los Cantes de Levante” acompañando al grandísimo cantaor Antonio de Canillas (1929-2018). Recuerdo su memorable actuación acompañando a Cándido de Málaga (1928-2011) en el L Aniversario de la Peña Juan Breva, en 1955-2005, 50 años de Arte Flamenco en Málaga; durante muchos años acudió a la ciudad de Arles (Francia) a una muestra de flamenco clásico, junto a Gitanillo de Vélez (1951-2022) y Cándido de Málaga. Una de las últimas actuaciones de Gabriel Cabrera que tuve el gusto de presenciar fue acompañando al cantaor Antonio José Fernández en el homenaje organizado por el Rincón Flamenco de Las Castañetas el 15 de septiembre de 2023 a nuestro querido Antonio Beltrán Lucena


Quiero resaltar su Primer Premio en el Certamen por Bulerías Tacita de Plata y que participó en la película del dirigida por Juan Antonio Bardem (1922-2002) titulada Joven Picasso, en la que acompañó a la guitarra al cantaor Antonio Fernández Díaz  “Fosforito”.

Seguiría hablando de mi querido amigo Gabriel, pero llevo un semana para hilvanar lo que aquí podéis leer. Soy mayor, como podéis comprobar, las grandes personas con quien compartí muchos momentos de  mi vida, están muertos. Ir al cementerio me cuesta cada día más trabajo porque cuando voy es a despedir a alguien querido, jamás por compromiso. Y el pasado seis de enero fui a San Gabriel. En una mañana gris y silenciosa me llegaron los trémolos de su despedida. Venían de la guitarra que bendice cada vez que la toca mi buen amigo Manolo Santos, en esta ocasión con toda la emoción de un adiós definitivo.  Allí estaban los suyos, su familia y sus amigos, compañeros de profesión,  Andrés Cansino, Antonio Soto, su amigo Pepe de Campillos, José Gabriel Campos Reyes “Quico del Tiriri” y no sé quién más estuvo porque yo no estuve en su responso. Mi corazón sí.

Pasé una mañana de Reyes entre ataúdes, buscando en el laberinto de salas, en la zona del crematorio, a su familia. No me quería ir sin verlos. Y todo el trastorno por hacer caso a una información equivocada. Sí, llegué una hora tarde porque hay quien no tiene conciencia. No se puede hablar de algo así, cuando no se está seguro. Porque allí me encajé con toda mi tristeza, a una sala 22 vacía, a una iglesia vacía, a una mañana igualmente vacía. Pero mejor olvidar el tema porque no adelanto nada quejándome.

Sin embargo y a pesar de todo, de la lluvia, del vacío, de la indignación y de una gran tristeza, encontré a su familia y pude darle un abrazo a su viuda, mi amiga Carmen Calderón, a su hijo Gabriel y a toda la familia, los cinco hermanos de Gabriel, las dos hermanas de Carmen y su cuñado Paco Pavón. Y al cura, Paco Castro. Todos estaban aún allí y estuvimos una hora juntos, hablando de Gabriel y de la vida, del pasado y del presente, disgustados por decir adiós y dando gracias por haberlo tenido el tiempo que estuvo entre nosotros. Porque está con nosotros siempre nuestro Gabriel Cabrera. 

Desde El Garitón, cuando comienza la rutina y se acaban las fiestas,
inundada de tristeza
Mariví Verdú




domingo, 5 de enero de 2025

RITUAL DE AÑO NUEVO, por Mariví Verdú

II.- Después de una Nochebuena y Nochevieja con los míos, dando gracias por las presencias y ausencias insustituibles, por la mesa repleta de frivolidades gastronómicas, de comidas, bebidas y postres deliciosos, intenté distraer el bajón de mi pensamiento activo poniendo atención a la amena sobremesa. Nochebuena es una fiesta muy delicada, sutil diría yo, por cuanto lleva de carga emocional para la inmensa parte de españoles que nos hemos criado en el cristianismo. Lo que se celebra es eso y no otra cosa, el nacimiento de un Niño que cambió la faz del mundo, aunque intentemos hacer de ella una fecha laica y consumista.


Llevo muchos años en los que dedico parte de mi tiempo navideño a conservar una costumbre que tenían dos grandes poetas malagueños: Alfonso Canales y Manuel Alcántara. Ellos se enviaban unas décimas para felicitarse las Pascuas entre sí. Hace años lo manteníamos Juan Miguel González, Pilar Bugella y yo, pero creo que solo quedo yo guardando la tradición, haciendo públicas mis felicitaciones y extensivas al mundo por este medio que la evolución y el progreso nos ponen a la mano. Este año escribí varias de las que extracto un par de ellas.



Me estoy tomando el café,
es día de Nochebuena,
estoy pensando en la cena...
y en el año que se fue.
Otro año que no sé
qué ha pasado, dónde he ido
buscando el tiempo perdido,
ese que dejé perder
habiendo cosas que hacer...
No me perdono el descuido. (...)

(...)
Es tiempo de agradecer,
tiempo de puertas abiertas,
de darnos todos la vuelta
y al origen descender.
La historia está por hacer
y de nosotros depende,
de la gente que no ofende
y que usa el corazón,
vivamos, pues, la emoción
del amor, mágico duende. (...)


Con mi familia de vacaciones por aquí, no hice planes ninguno. La prioridad ha sido estar con ellos, libre de obligaciones para atenderlos cuando quisieran o pudieran venir. Tampoco ha sido un gran sacrificio, son fechas de recogimiento para mí y de disfrutar de las cosas pequeñas que son tan grandísimas e inexplicables. Hacer mi Nacimiento, por ejemplo, como hicieran los míos desde años atrás, con un Belén de croché realizado por mi madre que conservo como un tesoro, como una entrañable reliquia.   En mi libro “Maytines del Nacimiento”, como introducción a mis villancicos, comienzo diciendo:

(...) De aquella caja bonita, guardada por tres generaciones, ambas sacaban los papelillos coleccionados durante el año y los ponían sobre el tapete de cretona. Los había de celofán, de orillo, de platilla de colores. Los de alfajores eran los más apreciados y los de la fruta escarchada que nos traía la madrina. Los había rojos, gualdos, azulinos, morados, rosas fucsia, verdes fieltro... todos de espejo. Mi madre los guardaba planchados y de ellos hacíamos preciosos adornos de Navidad: minúsculas cajitas de regalo, flores de acebo, bolas, pirulíes. Lo más parecido a un milagro ocurría, cercano el día de la Inmaculada, cuando sacábamos la caja del Misterio. (...)

Y sigue ocurriendo. El temblor de sacar la caja del Misterio es motivo de alegría, sin embargo la incertidumbre de guardarla un año más, a sabiendas de lo corta que es nuestra estancia en este mundo, produce un inevitable desasosiego.

En la mañana del día de año viejo, después de una visita de mi hijo que estuvo arreglándome una cerradura, varios enchufes y colgando el carrillón de viento y estrellas de mi puerta, felicísima,  salí a comprar. Entre otras cosas, vasos de papel y un kilo y medio de uvas. Ya por la tarde, a media hora de salir de mi casa, tomé catorce vasitos donde las coloqué en grupos de doce, una vez lavadas y secas. Había guisado el día antes una cazuela de lomo en manteca y corté con el viejo cuchillo jamonero de mi madre un par de platos para aportar algo a la generosa mesa de mis consuegros. Este año, con la esperanza de un nuevo ser, un varón que vendrá a multiplicar la alegría.


Compartidas las uvas y los besos, brindamos por el nuevo año como estarían haciendo a la par la inmensa mayoría de paisanos de esta España nuestra. Desear feliz año nuevo es una obligación moral que tenemos los unos con los otros. Hacer que así sea, debería serlo también y en eso habrá que poner el empeño. A una hora prudente ne fui despidiendo para el viaje de vuelta. Eran las dos y media de la mañana. Desde El Cónsul hasta El Garitón, tuve media hora para el balance del año, una revisión salpicada de luces largas y de intenso tráfico hasta llegar a Alhaurín de la Torre. Y a dormir.

En unas horas di paso al pequeño ritual de Año Nuevo, repitiendo una vez más el de mis últimos tiempos: desayunar mirando al mar y a la ciudad dormida, cambiar mi agenda con toda la tristeza que eso conlleva, abrir la nueva con la enorme incógnita que intento colorear de esperanza y ofrecerme desnuda al sacrificio, más mansita que un cordero, dando gracias por permitirme un año más podar los rosales de mi madre, los pies de moscatel de Alejandría que sembraran mi padre y mi tío Federico, el jazmín donde descansa mi tía María Teresa y desde este altozano de El Garitón no perder de vista el solar donde descansa mi hijo. Cerrar la agenda anterior, la de 2024, darla por concluida, saber que he de quitar nombres y añadir algunos a la nueva, me causa una tremenda desazón. Sentir que se me escapa un año de vida como un soplo, desde que comprara mi diario de dos tonos marrones en Canillas de Albaida aquel día dos de enero en el que cogimos violetas salvajes en el Río Taravilla (siguen secas en las primeras páginas), hasta la de este año que ya  guarda tres días de mi vida, resultado de un cambio en María del Valle. La única que les quedaba...

Ha pasado otro año y aquí estamos: tú, que estás leyendo, vivo y dedicado a tus cosas, y yo, viva, escribiendo, dedicada a las mías.

Desde El Garitón, deseando que sea un año bondadoso para todos, os mando un abrazo.

 

sábado, 4 de enero de 2025

DE SOROLLA, AL CIELO, por Mariví Verdú

I.- Hace mucho que no me siento a escribir. He dejado pasar estos días de Navidad  y de año nuevo porque he estado ocupada en mil cosas que no me han permitido sentarme un rato a oírme. Ha habido de todo, alegrías y tristezas pero siempre la sombra es más densa que la luz y a veces oculta el punto de luz que nos da paso a seguir viviendo con un hilo de esperanza. Hoy necesito quitarle la válvula a mi corazón y dejarlo ir, atenderlo, traducirlo en palabras. Últimamente está más sensible que de costumbre, más callado y cuando me habla lo hace en un idioma tan difícil de transcribir, con un lenguaje cansado, encriptado a veces, aterido de frío, perdido, confundido en este divagar tristemente finito, bordeando  el límite de sucesos. Me cuesta darle voz a este silencio y reconocer el cansado tic tac que me mantiene viva. Lo identifico por el deje a melancolía que no ha perdido, por varias frases construidas con lágrimas que usa como coletilla y un exceso de pretéritos del verbo amar. En este latido al unísono del planeta que acompasa a todos los seres vivos, son los únicos rasgos que pueden demostrar mi autoría.

La única entrada de mi blog en diciembre fue para contaros el grato viaje a Bilbao, a Barakaldo, con motivo de la presentación de la Antología de la Copla Flamenca en la clausura del XXXVIII Concurso de Letras Flamencas “Hijjos de Almáchar” y las dos entradas anteriores, las de noviembre, para conmemorar el XXV Aniversario de la muerte de Manuel Benítez Carrasco y presentaros el mismo libro de la Editorial Renacimento. Y la verdad es que han pasado miles de cosas más que no cuento, unas por falta de tiempo y otras por exceso de celo. Os cantaré parte de mi viaje a Madrid y me reservaré el viaje a Talavera en el deseo de que todos mis lectores puedan disfrutar de la familia como yo lo he hecho, de mi nieto y del regreso a Málaga en coche, cruzando los cuatro media España, viendo y disfrutando la bendita tierra que nos ha tocado en suerte y dando gracias cuando bajábamos el Puerto de Las Pedrizas porque en media hora estaríamos en nuestros destinos.

Ir a Madrid tiene siempre su atractivo. Viajar en AVE, su encanto. En esta ocasión compartí vagón y mesa con un poeta joven, compositor de raps, Julián, que iba con su abuela al concierto de Alfonso La Cruz. Le recomendé la exposición que me había llevado hasta allí, y me los volví a encontrar en el Palacio Real. Pero verme ante la obra de Joaquín Sorolla es un placer tan grande que necesito disfrutarlo a solas.

Madrid, ciudad monumental, ruidosa, lleva implícita su multitud, la necesidad de llevar un fajo de billetes, de acometer grandes desplazamientos a escoger entre las miasmas del metro o las sorpresas del taxímetro y la tristeza de ver aún pobres descalzos y tirados en la calle al lado del Palacio Real o entre La Almudena y el Consejo de Estado en la Calle Mayor. Qué sentimiento más malo. Y el colmo está en Atocha: no tener dónde guardar la maleta si llegas en Ave porque lleva tantísimos años sin consigna y en obras que aburre al santo Job. La Estación de Atocha se ha quedado obsoleta, fuera de onda. Sí, amigos, está muy anticuada y no ofrece comodidad alguna a quienes tienen que pasar horas allí, ni para ocio ni para restauración, habiendo que pagar quince euros por un bocadillo con la lengua afuera, enseñando la loncha ridícula de jamón que contiene. Y sin alternativas. Sí, Madrid tiene su dos caras, la de ofrecernos una oferta cultural y de ocio sin parangón y la de una ciudad desorbitada y deshumanizada donde solo queda de bueno la mitad de su gente que me imagino estará deseosa de que la otra mitad se vaya a tomar viento. Pero Sorolla bien valía pasar ese quinario que despedía al otoño.

Sorolla, cien años de modernidad, exposición temporal en el Palacio Real que podremos disfrutar hasta el 16 de febrero, alberga 77 obras de lo más representativo del artista, tanto en su temática como en las fases de su producción, aunque pude disfrutar de su Café de París, expuesto para la ocasión y nunca visto antes en ninguna de sus muestras. Sigo la obra de este artista desde hace años. Recuerdo con verdadero entusiasmo la vez que nos trajeron varias de sus obras a Málaga con motivo del centenario de la Generación del 98 con “La mirada del 98” en la Sala Alameda, hace exactamente veintisiete años: He ido a su Casa-museo en Madrid, he visto y celebrado documentales de su vida...me interesa su obra. Me encanta su obra. Y pude fotografiar cada cuadro, cada rasgo de su genialidad, cada rayo de sol atrapado con su pincel y cada gota de agua donde el sol reverbera...

Y desde el palacio a la agitación del metro, a la estación triste, para irme  con los míos a Talavera. La estación de Talavera es romántica y vieja, como yo. Y allí estaba mi hijo para salvarme del mundo. 

Desde El Garitón, recordando la belleza de los días pasados, Mariví Verdú


martes, 17 de diciembre de 2024

CLAUSURA DEL XXXVIII CONCURSO INTERNACIONAL DE LETRAS FLAMENCAS "HIJOS DE ALMÁCHAR", por Mariví Verdú

Desde que amaneció el pasado jueves, día 12 de diciembre, hasta la mañana del domingo quince, todo el tiempo he sentido un ángel de la guarda a mi lado. Si queréis venir conmigo estos días, os lo cuento. 

Llegué a Bilbao con un frío soportable pero en el aeropuerto recibí el abrazo calentito de un grupo de amigos almachareños, encabezados por el alcalde Antonio Yuste, y en tan grata compañía llegué a Barakaldo. Dos taxis de malagueños con ganas de compartir la experiencia familiar que un año más nos lleva a la Calle Castilla y León número 2. Llegamos riendo, disfrutando ya desde la fresca mañana bilbaína. Allí nos esperaban el presidente de la Asociación Andaluza Hijos del Almáchar, Manuel Sánchez Villalba, y su hermano Bernardo. Juntos nos tomamos unos cafés después de abrazarnos y ponernos al día y pude conocer al resto de los componentes del grupo formado por concejales de distintos partidos políticos, todos almachareños: Juan Manuel Pérez Fernández, Adrián Santana Guerra y Juan Pérez Gámez. Con ellos venían Joaquin y Leticia, de Axarquía Información, y Beatriz Nuñez Priego.

Dejamos el equipaje y nuestras pertenencias en la asociación, en la misma sede donde se celebraría al día siguiente, viernes 13, la presentación de la Antología Poética de la Copla Flamenca y liberados nos fuimos a pasear todo Barakaldo. Llegamos al teatro donde tres días más tarde celebraríamos el XXXVIII Aniversario del Concurso Internacional de Letras Flamencas "Hijos de Almáchar" y nos fuimos de pinchos y zuritos toda la mañana.

Ese mismo día había quedado con mi amiga Concha Landa de Vitoria para vernos y echar el día juntas. Fue una satisfacción volverla a abrazar. La vi venir a mi encuentro por Calle Nafarroa, a la altura de la iglesia de San José. Conchi y yo nos conocimos en Almería, en un viaje del imserso y nos hemos hecho amigas, lo que no esperaba es que vendría hasta Bilbao para abrazarnos y tener la ocasión de compartir un día feliz. Al final nos quedamos por Barakaldo y fuimos a comer a un lugar que nos había recomendado el propio presidente. Por la tarde fuimos a Bilbao y vivimos muchas peripecias juntas, nos reímos, merendamos y nos pusimos al día de todo lo importante, compramos suerte y nos regalamos unas horas mágicas. Nos despedimos ya entrada la noche deseando un nuevo encuentro y agradeciendo a la vida cuanto nos ha dado. Me recogí enseguida. Estaba fundida del viaje y del palizón de andar que nos dimos.

El grupo al completo estuvimos alojados muy cerca de del Teatro Barakaldo y desde allí  llegábamos con mucha facilidad a la sede de la Asociación. El viernes me levanté temprano y llegué hasta allí con el deseo de ver a los amigos. Ese día era mi día, el motivo principal de mi visita a Barakaldo, la presentación de la Antología Poética de la Copla Flamenca, un aproximación al Flamenco por sus letras, editada por Renacimiento y auspiciada por la Diputación de Sevilla.

Me abrigué bien, hasta con guantes y sombrero. Había organizado la mañana de ese día prácticamente al completo, pero hubo cambio de planes. Desayuné en el café de la asociación hasta que llegó Manolo,  el presidente. Traía el nuevo vestuario del Grupo de Baile Malaka, el que componen hijas, sobrinas y nietas de los socios, y algunos vestidos había que modificarlos. Los trajes los iban a estrenar en la gala del sábado y me ofrecí para coser si había que hacerles algunos arreglos, por lo que tomé la decisión de quedarme y ayudar. 

De esta manera pasé a formar parte de un taller de costura improvisado, después de regresar de Bilbao y realizar un compra necesaria. Y allí, con un grupo de maravillosas mujeres: Lourdes, Charo, Juani (la mujer del presidente) y Leire estuvimos dando lo mejor de nosotras. Le dedicamos prácticamente el día y hasta media hora antes de la presentación del libro. He de decir que el tiempo de costuras fue tan mágico como el de la presentación. De hecho, a las siete el taller se convertiría de nuevo en salón de actos y seguidamente en lugar del ágape. Hay que vivirlo, verlo para creerlo y poderlo contar. Este grupo de almachareños son increíblemente eficaces, trabajadores, abnegados, además de buenísimas personas que es lo más importante de todo. Volvería a hacerlo, sin dudar, a comer bizcocho de Charo, a ver cómo ensayaban las chicas, a disfrutar de la amistad.

En el almuerzo, al que estuvimos invitados todos los que habíamos volado juntos, estaban  también María José Martín, presidenta de la Peña Flamenca de Almáchar, hija de mi amigo Vicente, y otras personas que llegaron el mismo viernes. Con todos compartimos la mesa, la armonía y la alegría de vivir. Lo pasamos muy bien. Al acto de presentación, vinieron todas la personas anteriormente nombradas, prácticamente todos los directivos de ambas entidades hermanas, Barakaldo y Cornellá del Llobregat, acompañados de sus mujeres; Jagoba, responsable de la asociación en redes, los responsables de Axarquía Información, los concejales Alba Delgado, Carlos Fernández y Raquel Olalla del Ayuntamiento de Barakaldo... el salón estaba completo.

Después de las cariñosas palabras del presidente Manuel Sánchez Villalba, comenzó mi intervención. Hice un recorrido por el libro, nombré a cada uno de sus antólogos: José Cenizo Jiménez, profesor, experto en flamenco y poesía, crítico literario, escritor y letrista; Rafael Domínguez Villa, escritor, poeta y letrista;  Catalina León Benítez, profesora, escritora, estudiosa del flamenco y experta en su didáctica; Francisco Antonio Linares Lucena, profesor, escritor, investigador, poeta, letrista, lexicógrafo, dialectólogo y estudioso del flamenco; José Francisco Ortega Castejón, experto en música y flamenco, editor de la revista “La Madrugá”;  María del Mar Prats Yusta, profesora de baile, poeta y letrista y al ideólogo y coordinador, Domingo Jiménez Cánovas, así como al prologuista tan especial que hemos tenido: José María Velázquez Gaztelu. Hablé del misterio y el duende que rodea a la letra flamenca y cité parte del prólogo que no tiene desperdicio. Abrí debate, turno de preguntas y luego, después de dedicar algunos ejemplares, comimos y bebimos brindando por la amistad y el encuentro. Me retiré agradecida a tomar un caldito de puchero con mi amiga Juani a casa de Ana, una almachareña increíble que regenta un bar al volver la esquina de la calle. Me dieron las diez y las once hablando con ellas, y me dieron las doce y la una, las dos y las tres...sin dormir: emocionada, agradecida, recordando lo vivido.


Al día siguiente estaba allí como un clavo. Había quedado con Miriam Sánchez y no podía faltar. Hasta acabar su vestido. Más tarde me fui a Bilbao, necesitaba pasear por el Casco Viejo, asomarme a la Ría, llegarme al Mercado de la Ribera y gozar de un vermut rojo y un pincho en aquel marco único, exclusivo, inevitable sí voy a Bilbao. Y eso hice, como la protagonista de un ritual mágico donde toda la esencia de la tierra viene a mí y me abraza. Allí, esperando el tranvía, frente a la Iglesia de San Antón, me despedí de Bilbao hasta otra y tiré para Barakaldo totalmente emocionada.
Llegué justo a la hora del almuerzo y les leí esta décima que había hecho en esos duros momentos de mi sentimental insomnio:

Hay momentos en la vida
que me ayudan a vivir,
los que puedo compartir
con mi gente más querida.
Arropada, comprendida,
rodeada de lo mío,
ese mundo en quien confío
que me roba el corazón.
Para todos, mi canción
agradecida, os envío.

Habían llegado ya el ganador de concurso, José Sánchez Cano, y su querida compañera Marisa, con quien hice migas desde el primer momento. Hablamos de muchas cosas, antes, durante y después de la comida, un almuerzo que despedimos los tres juntos y porque nos avisaron, de no haber sido así, todavía estaríamos allí y porque el acto comenzaba a las seis y media y había que arreglarse un poco. Eso hicimos todos, ponernos un poquillo guapos para asistir a la clausura. Lo intenté, al menos.

Llovía a la hora de salir del hotel, pero afortunadamente no habían más de cien metros hasta el Teatro Barakaldo. Presidido por la alcaldesa Amaia del Campo, el alcalde de Almáchar Antonio Yuste  y nuestro querido presidente Manuel Sánchez España, acompañados a su vez de ambas corporaciones municipales, comenzó el acto a la hora prevista. Presentaban, como en ediciones anteriores, Joseba Larrinaga y Cristina Zúniga y, tras dar la bienvenida, comenzaron las pequeñas del Grupo Malaka con su baile llenando de gracia el escenario. 


Siguieron las adolescentes y terminaron las brillantes actuaciones las más mayores, todas jóvenes y hermosas, responsables del Grupo Malaka.
Y comenzó la entrega de premios.

Los premiados de la XXXVIII edición del Concurso Internacional de las “Letras Flamencas”, con el Jurado formado por Salvador Pendón, José Martín Pérez y Luis Cabrera Sánchez, había otorgado  premiar, bajo el lema “Maresía”, a José Sánchez Cano de Lebrija, Sevilla, con el primer premio.
Bajo el lema “Misericordia”, el trabajo de Rafael Domínguez Villa, de Sevilla, con el segundo premio y el tercero, bajo el lema “Por amor al arte”, a Juan José González Aguilar de Conil de la Frontera, Cádiz.
Rafael Domínguez Villa consiguió el especial “José de la Picá” a la seguiriya, y los especiales al mejor verdial, la mejor malagueña, la mejor soleá y la mejor bulería fueron para  José Sánchez Cano. Se entregaron los premios en orden inverso y yo subí a recoger el segundo en nombre del compañero de la antología Rafael Domínguez Villa. Lo recibí  de manos de la alcaldesa Amaia del Campo. El último en subir y recoger su premio fue José Sánchez Cano, que lo recibió de Antonio Yuste, alcalde de Almáchar. Después de diez minutos de descanso, subieron al escenario la cantaora Nuria Martín vestida de un blanco inmaculado, dispuesta a ser el centro de atención, y el guitarrista Francis Hernández, deleitándonos con su buen hacer. Por cierto, he de decir a los organizadores y especialmente a los iluminadores, que fueron un acierto las luces cenitales, particularmente las azules... 

Comenzaron con un recorrido por Málaga, desde Andalucía de El Chino de Málaga para acabar por verdial, una letra que hace muchos años le dediqué a Nuria Martín y habla de sus abuelos fiesteros, ya que estamos emparentadas por mi vía materna, por mi abuelo José González González, de los Montes de Málaga, y el suyo Antonio Martín González “Raicero” y a su otro abuelo Andrés Rivera Torres “Cincorrales”.  Me dedicó unas palabras de agradecimiento que me enternecieron.

 Continuaron por tientos y tangos, por soleares -por cierto cantó la de La Niña de los Peines que cita Gaztelu en el prólogo:

Fui piedra y perdí mi centro
y me arrojaron al mar
y a fuerza de mucho tiempo
mi centro volvía a encontrar.

Después del solo de guitarra por granainas de Francis Hernández, donde encajó un recuerdo de la Suite Española de Albéniz, correspondiente a Asturias, se levantó la sala en aplausos. 


Nuria salió con nuevo look para cantarnos unos villancicos por campanilleros: “El rico avariento”. Y para acabar nos interpretaron “Hay que nacer en Jerez” recordando a Lola Flores. Pero no acabó aquí, y yo lo sabía, aún nos tenían guardado un fin de fiesta por bulerías. Nuria no se iba sin una pataita y descalza se marcó un baile que hizo las maravillas del público. Pude hacerle unas fotos que así nos la muestra, en pleno delirio.

Y para concluir, cerraron el acto las componentes del Grupo Malaka, esta vez todas juntas, las chicas y las mayores, poniendo el broche final una actuación redonda y emotiva.

Antes de despedirnos hasta el año próximo, los presentadores Cristina y Joseba llamaron al escenario a dos personas incondicionales, entregadas, imprescindibles, Paco y Leire, tan importantes en la organización, recibiendo de los presentes un fortísimo aplauso mientras bajaban el telón.
Se nos hizo corto todo, todo. 



Luego continuó la noche con un ágape en la sede, una comida generosa donde todos dimos buena cuenta de las delicias y del vino. Estuve sentada con Nuria -no podíamos estar más tiempo de pie-, con los hijos de Alba, recibiendo clases de guitarra de Francis Hernández, aprovechando los últimos minutos de mi estancia con gente querida... Me despedí uno a uno de cada amigo con el deseo de volverlos a ver pronto y con la esperanza de que ellos también puedan verme a mí y abrazarnos como en esta ocasión, estrecha y fuertemente.

 


Me fui a dormir con pocas ganas. Paseé hasta Los Fueros y por Elcano Kalea disfrutando las calles mojadas y el ambiente limpio después de la lluvia. Todo olía a Navidad. Tenía solo cuatro horas para descansar, pero no podía. Me acosté pensando, dormí un par de horas y a las tres ya estaba escribiendo, viendo fotos, intentando dejarlo todo bien guardado en mi retina para que nada se me escapara...

Recogí muy temprano mis cosas. Aún no había pasado el operario de la limpieza con su chorro de agua por Calle Nafarroa. La juventud seguía de marcha sin temor al frío, en plena calle... La juventud, esa edad que aún se cree inmortal, es totalmente envidiable.

Regresamos en el mismo vuelo Nuria, Francis y yo. Nos separamos, cada uno llevaba su billete sacado desde muchos días atrás y no pudimos ir juntos. Volvíamos cansados, aunque felices y agradecidos por el amable trato recibido. 

Vi amanecer sobre las nubes, volando por el cielo, entre el sol y una espléndida luna llena: la luna fría de diciembre. Y, como un milagro, como una primera vez, me sentí mecida sobre el aire, repleta de esperanza.

 Traje regalos. Volví más cargada que a la ida. Pero la rosa, el eucalipto y el trigo de Miriam, de Sandra, de Leire y de las niñas llegaron asombrosamente intactos y lucen en mi entrada con aires de para siempre, con intención de eternidad.

Desde este Garitón que dejé por unos días y que hoy me cobija con la ternura de mis padres,


Mariví Verdú

 Fotos:
Jagoba Cueto
Beatriz Núñez
y Mariví Verdú

 

 

 

 


ANTONIO MONTIEL, ESCUDO DE ORO del Rincón Flamenco de Las Castañetas, por Mariví Verdú

Un día más la magia tuvo su cita en nuestra peña, en el rincón del cante más flamenco de Málaga, en Las Castañetas. Ayer se concentraron all...