DOLIENTE Y DE OCCIDENTE

lunes, 25 de noviembre de 2024

A MANUEL BENÍTEZ CARRASCO EN EL XXV ANIVERSARIO DE SU MUERTE, por Mariví Verdú

Hoy se cumplen veinticinco años de la muerte del poeta granadino Manuel Benítez Carrasco. Siento la necesidad, la satisfacción y el deber de dedicarle unas horas de mi tiempo para recordarlo, para hablar de él y llevar su nombre por estas redes como el que transporta una esencia, un tesoro, una joya de incalculable valor.

No he dejado de recordarlo porque no se me olvida. Su amistad me ocurrió como ocurren los milagros y su vida y la mía están ligadas a pesar de la muerte. Vive en mi memoria toda su obra poética y está ahí desde niña. Crecí oyendo sus versos, escuchando su voz, rapsoda único y magistral, y fue mi padrino, el que me lanzó al público bajo su mano protectora. Ocurrió en Calle Alemania, en el local que regentaban una pareja muy querida por mí; Ángel Montes, gaucho y trovador, y su esposa Lida, ante la presencia de grandes amigos y de mis tíos Gabriel González y Virtudes Guzmán que me avisaron de que estaba recitando Manolo. Tal y como estaba en la cocina, me quité el delantal y cogí un taxi para llegar lo más pronto posible. Estaba allí, delante de mis ojos, entrando por mis oídos, adentrándose en mi corazón. No dejó de mirarme desde que entré. Se ve que estaba comparándome con alguna foto mía que su amigo y compadre Joaquín González Medina le habría enseñado. O que se me notaba demasiado la adoración que por él sentía...

Nunca he sido imparcial al hablar de Manolo, el sentimiento no me deja ver con objetividad su obra poética: no se puede hablar con la razón y el corazón tirando al mismo tiempo. La cuestión es que me la sé de memoria, llevo escribiendo toda mi vida y me sé los poemas de Manolo pero no los míos.


Recuerdo lo que escribí al conocer su muerte: Ha muerto Manuel Benítez Carrasco, mi maestro. Él, que era todo un ser humano y una de las voces más singulares del alma poética, ya no está entre los que respiramos. Agotó su aliento luchando con una enfermedad que se rompe el corazón a si misma y a todos. Se ha fugado al silencio y en él está, de pié, con su exquisita figura, con su bastón, con su sonrisa mitad dulzura, mitad ironía y la tímida calidez de su mirada. Se apagó su voz de clavo y arrayán.
Manolo ha dejado un legado de versos navegables y redondos, sus magníficos poemas de  Mi barca, suya y nuestra, con la que iba y siempre volvía de México a Málaga, de Buenos Aires a Granada, de corazón en corazón. Dejó también el eco de su palabra niña, tierna y pasional, en el aire del Teatro Cervantes, en las aristas de cristal de Cofarán, en el barroco oxígeno de El Gaucho Argentino, en los últimos cañizos del Merendero Miguel, en la brea azulada de Huelin, en el marismo de Playamar, en las voces elevadas al siempre de Lola Flores, Manolo Caracol, Enrique Montoya, Gabriela Ortega..., en las de Rocío Jurado, Diego Gómez... y tantos otros ecos suaves y terrenales en los que leemos sus perfectas soleares, sus poemas de jazmín y clavel, todo perfume de oídos. Sus libros son árboles floridos, resueltos en trinos y amarguras. La luz de la pasión llevan por dentro. Esencia de agua y de muertes pequeñas son. Ahora, que la suya es una muerte grande y de verdad y sabiendo que Manolo ya estará donde siempre estuvo, en los libros, en el silencio, en el corazón de los amigos y en muchos sitios a la vez, yo quedo en Málaga echándole de menos, sin llegar a entender porqué se mueren mis dioses.

En Granada vio la luz
Manolo, por vez primera.
Por la señal de la Cruz,
con luz vino y con luz queda
el gran poeta andaluz.

He escrito muchas cosas sobre él y hablado en muchas ocasiones, en el Ateneo de Málaga, junto a Diego Gómez, uno de los locutores que más difundió la poesía de Manolo; en la tertulia que lleva su nombre dirigida por Fernando López, en Granada y junto a mis queridos amigos el pintor David González “Zaafra” y la bailaora María Guardia “Mariquilla”, Rafael Delgado Calvo, catedrático y biógrafo de Manuel Benitez Carrasco, el guitarrista José Manuel Cano y Fernando López en la presentación de las carpetas que realizó Zaafra con retratos de dos grandes granadinos y amigos, Manuel Cano y Manuel Benitez Carrasco y en mucho aniversarios que he organizado junto a la asociación de rapsodas que dirigía Juan Real en la Cueva del Tesoro y distintas asociaciones y peñas malagueñas. Le he rendido homenaje en cada rincón por el que he dejado palabras mías: una sección fija en la revista Calle del Agua y un especial titulado: Granada y Manolo, en la Revista Acordes de Flamenco, al que pertenece el siguiente texto:

“Recuerdo una Granada especialmente triste ese día de Noviembre. Entrar por sus puertas siempre es sobrecogedor porque esta ciudad está aduendada y es bella hasta el delirio. Sus patios cerrados, sus encalados cármenes llamando al silencio; sus cipreses, señalando las cumbres, cielo y nieve, y el eterno sonido del agua de sus fuentes…Todo desprende una poesía tan grata como triste, tan monótona como dulce, tan sutil que trasmina y se adentra finamente en el alma infundiéndonos su melancolía.
Corría una fría ventisca en la calle. Para ver al maestro Manuel Benítez Carrasco, habíamos llegado algunos amigos desde Málaga. Estaba muy enfermo. Llegué con su íntimo amigo Gabriel, mi tío, y nos movíamos por los pasillos del Hospital de la Inmaculada con los ojos como rastro, buscando al poeta. Yo me resistía a verlo doblegado, impotente, a él, tan altivo y hermoso, al poeta que poseía la arrogancia justa y el porte más cuidado.

Pasaba de largo cuando oí su voz. Podría decir de ella tantas cosas…Es una pena que sobre el papel no puedan dejarse los estímulos y las cadencias de aquella agradable entonación cuando, más que recitar, cantaba o reía, lloraba o penaba, rezaba o sufría, así era Manolo.”

No quiero dejar que el día, que amaneció nublado, lo convierta en algo triste, todo lo contrario: Manolo era un hombre vitalista, divertido, amigable, ocurrente, guapo, atrayente, especial. Fui yo la que ordené su habitación después de irse, quien tuvo la difícil tarea de lo mundano, de recoger sus cosas, su intimidad en la vieja casa frente  la playa, en el paseo de Playamar. Su amigo y el mío Joaquín González Medina me dijo que si conocía a alguien de confianza para esta tarea, a lo que le contesté: ¿Te valgo yo? No me lo pidió directamente pero sabía que a nadie ajeno le íbamos a permitir ese último momento. Me llevé la comida al apartamento y los dos echamos el día. Estas cosas no le interesan a nadie, pero las cuento para que se sepan porque lo más seguro es que mi nombre no salga en ninguna biografía. Ni que nadie escriba la de Joaquín, por lo que os comparto el romance que escribí en 1997 y que titulé Corazón malagueño y va sobre la vida de este emigrante, íntimo amigo de Manolo, que tiró de mi tío Gabriel para la Argentina y los tres fueron amigos hasta la muerte.

Allá en los años cincuenta,
con su ilusión embarcada,
Joaquín González Medina
se fue un día sin mañana.

Y se llevó su sonrisa:
puro jazmín de biznaga.
…Esa sonrisa tan pronta
de marfil, de cal y nácar.

Su nombre es tan familiar,
tan amigo, tan de casa
que pensando en Argentina
Málaga siente añoranza.

…Mi González compartido…
apellido de montaña,
de horizonte y verdial,
de abuelos, de orgullo y raza.

Medina, materno Islam
de soñadas Alcazabas…
Ciudad de un azul total
con jardín de agua salada.

Él encontró en otro mar
un amor fiel, que aguardaba,
que le ha dejado en herencia
tres hijos, nueva esperanza.

Todo lo que fue buscando
su Virgen se lo encontraba
perfumando con romero
el agua de la distancia.

Había un trozo de suelo
que de niña yo pisaba
con dos nombres y una fecha,
ya por el tiempo, olvidada.

Decía: Joaquín y Loli.
Bermeja letra grabada.
Dulces Portales de Gómez.
Alacena de mi alma.

Guardo poemas y fotos
de esa juventud, sin plata,
con los cabellos morenos
y un Gabriel que le cantaba:

Arcángel de malagueñas,
íntimo amigo en jarana,
por el que yo le conozco
en secretas confianzas.

Recuerdo cuando venía
con su familia a mi casa:
número sesenta y dos...
Calle que a Cádiz llegaba.

En la Feria Malagueña
yo nunca siento su falta,
que si no está su persona
en nuestra memoria anda.

Buena faena en los toros
de La Malagueta, aguarda
que hayan venido sus ojos
para poder admirarla.

Igual que el pintor, se fue…
como el poeta y su barca.
nuestro Benitez Carrasco:
el  agua  de  las  palabras.

Buenos Aires, aire puro
te llevaste de estas playas.
Del Palo a Torremolinos
corren brisas de nostalgia.

Joaquín, allá donde esté
y donde quiera que vaya
llevará Málaga dentro
de su sonrisa y su alma.

Hoy, años después de las tres despedidas, ya sin Manolo, sin Gabriel y sin Joaquín, los echo de menos y los tengo presentes. Y, como poeta, sigo pensando en Manolo y teniéndolo como referencia, sintiendo con él la llamada de la poesía, disfrutándola, sufriendo y viviendo por ella, y así seguiré mientras me quede un hálito de vida. Para su memoria vayan mis palabras. Por los tres, mi corazón.

Desde El Garitón, con el cuerpo cortado por el gris del día, a punto de lágrimas, Mariví Verdú

La primera foto está tomada en la Playa de La Misericordia.
La segunda, en su tumba, en el Cementerio de Granada, mi madre y yo.
La tercera, el día que le conocí personalmente en El Gaucho Argentino: 24-4-1998.
La cuarta, en el Mesón de mis hijos "Durán y Verdú" en Calle Ángel, junto a ellos, Peri y Cheche.
La cuarta, en Granada, presentación de los trabajos de David Zaafra.
La quinta, está tomada por mí en la Playa de La Misericordia. Manolo y Joaquin González.
La sexta, el hermano de Manolo, entre David Zaafra y yo.
La septima, en el Merendero Miguel, en la Playa de La Misericordia. Manolo, Joaquin y yo.
La octava y última, el día que le conocí personalmente en El Gaucho Argentino: 24-4-1998.

 



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martes, 12 de noviembre de 2024

ANTOLOGÍA POÉTICA DE LA COPLA FLAMENCA, UNA APROXIMACIÓN AL FLAMENCO A TRAVÉS DE SUS LETRAS, por Mariví Verdú

 Desde el 10 de febrero de 2022 comenzó una preciosa historia compartida con siete personas más, entre ellos el ideólogo y coordinador, el profesor Domingo Giménez Cánovas, profesor de la Universidad de Murcia, en quien ha recaído el mayor peso de este libro: Antología Poética de la Copla Flamenca, una aproximación al flamenco a través de sus letras, una antología que pretendía ahondar y poner en valor la letra flamenca y que hoy, dos años y  medio después, la vemos materializada gracias a la Editorial Renacimiento de Sevilla y a disposición de un público diverso: entendidos, aficionados, estudiosos y artistas.

En él hemos colaborado José Cenizo Jiménez, profesor, experto en flamenco y poesía, crítico literario, escritor y letrista; Rafael Domínguez Villa, escritor, poeta y letrista;  Catalina León Benítez, profesora, escritora, estudiosa del flamenco y experta en su didáctica; Francisco Antonio Linares Lucena, profesor, escritor, investigador, poeta, letrista, lexicógrafo, dialectólogo y estudioso del flamenco; José Francisco Ortega Castejón, experto en música y flamenco, editor de la revista “La Madrugá”;  María del Mar Prats Yusta, profesora de baile, poeta y letrista y yo, que ya sabéis de mi trabajo sobre la poesía del flamenco, actividad a la que he dedicado mucho tiempo de mi vida, intentando dar al verbo en el flamenco la consideración que por derecho merece, añadir la cuarta vertiente -primera, diría yo- tan importante, básica y necesaria como el cante, el toque y el baile. Por este motivo fundé hace veintiún años la revista Calle del Agua, sobradamente conocida por la afición malagueña y fuera de nuestros límites.

El método de trabajo que hemos seguido ha sido totalmente personal, de hecho no nos conocemos personalmente la mayoría, y ha estado ordenado y dirigido por Domingo, a quien tuve el gusto de recibir en mi casa en septiembre de 2001. Vino a El Garitón junto a su esposa Mari Trini. Aprovecho para desearles desde esta tribuna todo lo mejor a la nueva criatura que está al nacer,  ya que pronto serán abuelos. Con Domingo, a raíz de aquella visita, surgió la amistad, porque ésta nace siempre del conocimiento y respeto mutuo. Sigo desde entonces su abnegado trabajo  dirigido a la investigación, recopilación y puesta en valor de la letra flamenca. La prueba la tenemos en este libro. Y le agradezco que pensara en mí, invitándome a participar. De mi aportación solo puedo decir que está basada en una experiencia personal, familiar diría yo, y una dedicación desde hace muchísimos años a la creación literaria, a la poesía, y concretamente a la poesía del flamenco. Colaboré con la revista Acordes precisamente con una sección así titulada: La Poesía del Flamenco.

Y siguiendo con el método de trabajo, os cuento un poco del proceso: cada uno de los participantes escogimos, según nuestro parecer, 150 letras entre las mejores, las mismas que enviábamos a nuestro coordinador en un correo común al que todos teníamos acceso. Las letras fueron escogidas individual y libremente, bajo nuestro criterio, bajo nuestra propia visión, conocimiento y gusto, añadiendo cada uno su particularidad, su personalidad, las letras que creímos ser dignas de estar en esta antología. Como hemos sido personas de distintas procedencias, de distintas enseñanzas y dedicadas a diferentes formas de estudio del flamenco, el resultado ha sido muy heterogéneo y positivo, como todo lo que nace de la libertad y el consenso. El amor común a este arte y el aliento de nuestro coordinador nos ha llevado a a trabajar casi dos años sin decaer. La recopilación ha sido el resultado, por un lado de mayorías, con letras del acervo popular, y por otro de novedades imprescindibles, letras de autores como José Antonio Muñoz Rojas, Manuel Alcántara, Benito Acosta, Carlos Murciano o Benítez Carrasco son un acierto que estén en este libro. Todo un trabajo en equipo, consensuado y bien dirigido el que presentamos al mundo.  Algunos meses de espera y ya está aquí,  gracias al respaldo y la confianza de la Editorial Renacimiento y la suma de conocimientos de tan prestigiosos compañeros más el valioso trabajo de coordinación que han dado como resultado esta Antología Poética de la Letra Flamenco, una aproximación al Flamenco a través de sus letras.


A cuatro días  de cumplirse catorce años de la inclusión del Flamenco por la UNESCO en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconocimiento internacional a la música más rica y fascinante, aprovecho para desearle larga vida al Flamenco, a los amantes de este arte y a cuantos de una forma u otra hacen que siga siendo el arte más representativo del pueblo español. Dar las gracias a la Editorial Renacimiento por hacer material la antología y a los compañeros que la han hecho posible. Me siento muy afortunada. Gracias, Domingo, por confiar en mí.


Mariví Verdú

* Portada del libro  (Próximamente se presentará en la peña "Rincón del Cante de Las Castañetas").

* Foto del pasado día 10 de noviembre en el programa "Compás y después gloria", con Lourdes Gálvez del Postigo, dentro del programa "Días de Andalucia" de Carmen Rodríguez Garzón. Gracias, Lourdes, por tu cariñosa invitación y a Adela Arroyo por tan bonita foto. Y gracias a Primi Sanz, empatía y cordialidad:

Cuánta importancia le damos
a un vasito de agua fresca
cuando lo necesitamos.


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domingo, 27 de octubre de 2024

LUIS PERDIGUERO Y JUAN MANUEL CADENAS "EL CHINO" EN EL RINCON FLAMENCO "LAS CASTAÑETAS", por Mariví Verdú

Hoy sábado, veintiséis de octubre de 2024, hemos tenido el gusto de recibir en la Peña Rincón del Cante de Las Castañetas a dos grandes artistas del panorama flamenco actual: un malagueño, el cantaor Luis Perdiguero, y un sevillano, el guitarrista Juan Manuel Cadenas "El Chino".

Después de degustar una suculenta fabada y de un rato de expansión con los amigos y socios de la peña, dió comienzo la sobremesa flamenca. Con un local al completo, Joaquín Cabello me invitó a subir al escenario ya que había recaído en mi persona el honor de ser la presentadora de tan esperada actuación. A una no le queda otra que rendirse ante una afición tan entusiasta. Comencé haciendo una semblanza de ambos artistas.

Del cantaor Luis Perdiguero tenía mucho que decir y todo bueno. Con él me puede el sentimiento, así que eso es lo que hay. Hacía demasiado tiempo que no nos dábamos un abrazo...
 
Luis Perdiguero, malagueño trinitario, se cría en Antequera. En la masa de su sangre lleva el arte de Jerez, familiar, de Los Paulera. Es bisnieto de Tia Anica "La Piriñaca" y con solo cinco años canta en Ronda en el homenaje de Juan Orillo, hermano del cantaor Alonso Núñez "Rancapino". Lo hace junto a artistas consagrados como Juana la del Revuelo, Juanito Villar y Chano Lobato, cantando por bulerías con la guitarra de Manuel Domínguez.
Desde los diecisiete años hasta el día de hoy no ha dejado de cantar y lo hace dejando su sello, su impronta flamenca y el arte que atesora en su corazón y que descubre en cada una de sus actuaciones.

Con la colaboración del Ayuntamiento de Antequera, graba el primer disco en el año 2007. Titulado "Vente tú conmigo", le acompaña Chaparro de Málaga a la guitarra y sus amigos jerezanos Moraito a la guitarra, Luis "El Zambo" al cante, "El Bo" y "El Chicharro" a las palmas y Joaquín Grilo al baile; nueve temas personales.

 En 2011 se atreve con otro segundo disco, en esta ocasión titulado "Luis Perdiguero canta a José Antonio Muñoz Rojas". Los textos de José Antonio Muñoz Rojas son palabras mayores y "Las cosas del campo" (mi libro de mesita de noche) un reto total. En este trabajo Luis le rinde homenaje al Hijo Predilecto de Andalucía en un trabajo conjunto con el gran guitarrista Antonio Carrión.
 
El pasado año vuelve a grabar y en esta ocasión en su tercer disco lo tituló "Nostalgia". Este es un disco lleno de sentimientos, precisamente de nostalgias, como él dice, por todo: porque recuerda a su Antequera de infancia, a su familia y los amigos que ya no están ... Con cantes añejos, clásicos flamencos, nos ofrece casi cincuenta minutos de flamenco puro.

Luis posee una relación de importantes premios y no cesan las actuaciones por nuestra geografía.
 
Ha vivido en Marbella y actualmente vive en Jerez de la Frontera.
 
 
 
El guitarrista Juan Manuel Cadenas "El Chino", nacido en la Lantejuela en la provincia de Sevilla, con sus cuarenta y ocho años es un artista consumado. Su larga trayectoria artística dio comienzo siendo un niño ya que con solo ocho años empieza a tocar la guitarra. A los dieciocho, animado por su padre, va a estudiar a Córdoba con el Maestro Paco Serrano y cursa estudios en el Conservatorio Profesional "Cristóbal Morales" de Sevilla.

Su larga y extensa vida profesional, dentro y fuera de nuestras fronteras andaluzas, su experimentado toque ha acompañado el cante de su tío Jehová Sierra y el de numerosos artistas como Emmanuel Cuevas, Miguel de Tena, Raúl Montesinos, Rubito de Paradas, Bernardo Miranda y tantos otros entre los que contamos algunos malagueños como Francis Bonela y Luis Perdiguero. Ha participado en el espectáculo "Torre de Agua" con Evaristo Cuevas y es tocaor oficial del Concurso de Flamenco de su tierra natal que cuenta ya su XXIX edición.

Tiene en su haber el primer premio al mejor guitarrista de acompañamiento en la asociación "Amigos del Duende" de Osuna (Sevilla).
 
Tuve el placer de oírle por primera vez en Barakaldo, en Bilbao, en la final del XXXVI Concurso Internacional de Letras Flamencas "Hijos de Almáchar"acompañando al cante de Manuel Cuevas. Está tarde lo recibimos aquí con los brazos abiertos. 

Y una vez acabadas las presentaciones, da comienzo la actuación de Luis cantando por martinete. Y se hizo el silencio. Continúan, como es costumbre en esta tierra, con unos cantes por malagueñas. Nos recuerda a Chacón y a La Trini con una magnífica interpretación de ambis estilos. Continúan por tientos y tangos alegrándonos la tarde para irse después por Levante, interpretándonos taranta y minera, cantes que fueron muy aplaudidos. 
 
Acaba la primera parte de la actuación y se celebra un concurso que hacemos cada mes en el que rifamos un jamón o un lote productos ibéricos y en esta ocasión también un décimo de Navidad. Hoy la suerte ha recaído sobre nuestra compañera Inma a quien damos un fuerte aplauso.
 
Pasamos un ratito tomando alguna copa o café y nos preparamos para dar comienzo la segunda parte. Mientras hay espectáculo, no se atiende la barra.
 
Y da comienzo la segunda parte recibidos por un caluroso aplauso que se corresponde con un cante por soleá. Hay lucimiento por ambas partes y nos llevan después al pozo profundo de las siguiriyas, un palo que no se puede interpretar mejor. Luis se entrega por estos dos cantes, son suyos por derecho, soleares y siguiriyas, y se deja el alma en ellos. 
 
Continúan con una tanda de fandangos que son muy aplaudidos, tanto por sus letras como por la interpretación, cantando el último en pie y al borde del escenario: sentimiento puro. Y rematan la actuación por bulerías con la gente entregada. Los despedimos en pie y con todo el mundo en aplauso unánime. Ellos agradecen el respeto de la afición así como nosotros aplaudimos la entrega y el corazón que han puesto en su actuación.
 
Y sin más solamente dar las gracias a este rincón tan flamenco porque nos hemos quedado verdaderamente satisfechos y contentos. Desear salud y suerte a todos los asistentes y en particular para estos dos pedazos de artistas que hemos tenido hoy con nosotros. Gracias y ole por los dos.

Desde este rinconcito de Pinos, Mariví Verdú


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martes, 15 de octubre de 2024

ENTRE PINTAR Y ESCRIBIR, VIVIR, por Mariví Verdú

No sé por qué motivo el día 15 de octubre no pasa nunca por alto en mi calendario, siempre me detengo y escribo para recordar a mis Teresas, a las grandes Teresas de mi vida.

Recuerdo con cariño la primera vez que estuve en Alba de Tormes, en la tierra donde descansa Teresa de Jesús. Fue todo un acontecimiento para mí, pasear por sus calles, sentir la humedad de su río... Aún guardo en mi memoria la bondad de los albenses y la interesante conversación mantenida en aquel bar sobre el Río Tormes.  Allí sentí que estaba en un lugar privilegiado, un sitio mágico y tocado por divina presencia. Era la tercera vez que estaba en tierras salmantinas. La Santa sentiría en Alba lo mismo que yo cuando llego a Málaga, a mi tierra, a mi hogar: los pies en lugar conocido, querido, seguro, aunque segura nunca se esté en ningún sitio. Sentirnos junto a lo que ha formado parte de tus recuerdos, es una tranquilidad. Saber que nos espera un rinconcito de casa donde cobijarnos, una cama, un plato caliente, eso es la paz.


El nombre de Teresa significa mucho para mí y encierra el mismo cariño con el que suelo pronunciarlo. Primero, por mi bisabuela y madre de mi abuela Victoria, tan querida por mí, con la que conviví durante once años de mi vida. Bueno, casi doce porque todo el embarazo transcurrió en su casa, en Calle Pacífico 25, frente al mar, frente a las Playas de la Misericordia, trozo de la bahía malagueña que siempre marcó el marítimo compás de mi vida. También llevó ese nombre la hermana de mi madre, mi tía María Teresa, que tantas cosas me enseñó en la vida. Me enseñó a tener paciencia, algo de lo que me he dado cuenta hace poco que poseo; me transmitió su estoicismo nato e intentó, inútilmente, inculcarme su resignación. Por todo le estoy agradecida, en particular porque con ella aprendí a ganarme el pan trabajando con mis manos. Entre las dos, ella y mi madre, me crié. Me enseñaron, la una, a coser, la otra, a bordar y hacer primores, y las dos a vivir. Con cuanto mimo me enseñaron a hacer toda clase de bordados: el pespunte, el cordoncillo, la cadeneta, el festón, el punto de aguja, de sombra, de arroz, de arena, de Asís, de cruz... Aprendí a sacar hilos para hacer vainica y deshilados, a hacer los bordados canarios y Richelié, el punto yugoeslavo o de escala y el maravilloso punto de sombra donde solamente podías ver el perfilado relleno de un pequeño nublado de color sobre la fina tela de organza... Tantas y tan distintas formas de colocar la aguja, de disponer el hilo para hacer aquellas puntadas maravillosas que resultaban tan mágicas, que llenaban delicadamente el blanco del muestrario o la labor. La tela siempre tenía que estar Inmaculada, no permitían ninguna mancha sobre el lienzo que bordaba. Por fortuna, nunca me sudaron las manos y mi muestrario de labores siempre estuvo al gusto de mis maestras, de no ser así me hubieran hecho lavarlo. O lo hubiera tenido que deshacer, como hacían cada vez que veían alguna equivocación. Mi tía María Teresa  me enseñó a poner las pencas de las mangas con un vuelo que se conseguía con un fino hilván que se repartía desde un lugar determinado de las sisas... Me enseñó a hacer bien los dobladillos, los sobrehilados, las crucetillas, las bastillas, las presillas y  los ojales. Ella siempre me decía que las cosas debían estar mejor hechas por dentro que por fuera, que lo contrario era cosa de fulleras y puercas, esas que toda la basura la esconden bajo la alfombra. Y efectivamente tenía razón: lo mejor es lo de dentro, lo que nadie ve. Eso es lo que hay que cuidar con más esmero, lo que está adentro. O sea, los sentimientos y el alma que los alberga.

Hoy, después de setenta y un años que disfruto de todos los conocimientos que me dieron, tanto Teresa como Victoria, dos hermanas que se quisieron hasta el final, que se respetaron siempre y estuvieron juntas en los grandes y pequeños momentos de la vida, en honor a ellas y en particular a mi tía María Teresa, quiero agradecer de todo corazón cuanto dejaron en mí, la magnitud de su herencia en mi vida.

Yo, que siempre tuve prisa, hoy vivo en un remanso de paz con ellas, junto a ellas, con todos sus conocimientos y con toda la tranquilidad que me han transmitido en cada puntada que dieron en mi vida, tantas como minutos pasamos entre primores y agujas, enhebrando, aprovechando el sol, pinchándonos, cantando o llorando.
 
Pasa el tiempo y no escribo como antes, estoy pintando mucho y haciendo otras muchas cosas que hay que hacer en este mundo antes de irse. Cuando remuevo las palabras casi siempre salen las tristezas, recuerdos y ausencias, por eso últimamente mezclo colores sobre mi paleta y pinto.   Y aunque escribir significa quitarme espinas, lo cierto es que siempre me deja sangrando el corazón.

Desde este Garitón que hoy sonríe a la lluvia y canta, Mariví Verdú

 *Foto en el Cortijo de San Isidro, de izquierda a derecha, María Teresa González Sánchez, mi tía, con otros familiares míos, los primos lejanos Pepe y Federico Luque y su madre, Catalina Navajas.

* Mi muestrario de labores del Bachillerato.
* Mi visita en 2007 a Alba de Tormes.

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domingo, 29 de septiembre de 2024

ANA FARGAS Y PACO JAVIER JIMENO en el Rincón del Cante de Las Castañetas, por Mariví Verdú

Hoy, sábado 28 de septiembre,  la Peña "Rincón del Cante" de Las Castañetas ha reanudado su actividad flamenca después de unas cortas vacaciones estivales y lo hemos hecho disfrutando de la extraordinaria visita de una pareja estelar: la cantaora Ana Fargas y el guitarrista Paco Javier Jimeno, dos profesionales que no solo son pareja artística sino sentimental y que han dado muestras de su compenetración  y sabiduría en una actuación entregada, magnífica, memorable. 

Presentados por Salvador Pendón que nos ha recordado la trayectoria de ambos artistas, los premios de Jimeno (los más prestigiosos que existen de guitarra) y la poca valoración que hacemos de lo nuestro, da comienzo la primera parte en la que nos han deleitado con malagueña y abandolaos, cantiñas de Cádiz con alegrías de Córdoba, caña y tangos, recordándonos a nuestro querido Lebrijano.

Uno de los muchos méritos de los socios que componen este rincón flamenco es el de saber escuchar y hoy ha dado muestras de ello.

En la segunda parte de la actuación disfrutamos una zambra, un solo de Jimeno que estuvo entregado y muy a gusto y a continuación volvió al escenario Ana interpretando unas preciosas peteneras, unos cantes por seguiriyas, la copla "Y sin embargo te quiero", de Quintero, León y Quiroga, con una personalizada versión que gustó muchísimo, para rematar por bulerías recordando a Camarón, a La Lola y a las de Utrera.

Y como no los dejábamos ir, nos regalaron una preciosa versión de "Como una ola", de Pablo Herrero y José Luis Armenteros, para acabar con tres fandangos que levantó, por tercera vez, a todo el público de sus asientos, roto en aplausos, satisfecho y agradecido.

Ha sido una tarde memorable, llena de aciertos y de flamencura y hemos disfrutado de lo lindo. Ha sido un verdadero placer tenerlos en nuestro querida peña.

Gracias, Ana y Paco, por vuestro talento artístico, gracias a Juan Moreno, Salvador Pendón y a toda la directiva por tan notable trabajo, a José María Moreno "Nene" por los riquísimos callos de su carnicería y a todos los socios y artistas que nos han acompañado esta tarde.

Me enorgullece pertenecer a este rincón tan flamenco y disfruto de la compañia de unos socios y amigos tan respetuosos, entendidos y cordiales. No siempre se siente una en su casa.

Cariñosamente, Mariví Verdú.


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Mariví Verdú
Con los años me doy cuenta de que lo más importante, antes de morirse, es haber vivido, haber disfrutado la vida, compartiendo, sintiendo, equivocándose tantas veces como sea necesario. Amo a mi familia, no me entrometo en sus asuntos y tengo amigos. Rindo cuentas a diario ante mi misma. Ansío tener salud y procuro tenerla. No quiero perderme ningún amanecer. Necesito luz, aire, mar y quiero pintar, bordar, escribir, seguir el curso tan puro del almendro. Lo demás, si no está demás, es prescindible. Los años hacen que me sienta agradecida cada día por poder presenciar, mientras voy haciéndome pequeña, que un niño inteligente y bueno va creciendo mientras me llama abuela.
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