jueves, 25 de octubre de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE A MIGUEL ÁNGEL. Y UNA ROSA





Hoy, veinticinco de Octubre, llueve a mares. Es un día gris y otoñal, un día dispuesto a la melancolía. Hoy se cumplen tres años que falleció Miguel Ángel Huesca Mariscal, que nos falta  su bella sonrisa. Echamos de menos su presencia, su descomunal personalidad y su gran capacidad de trabajo. Quienes le recordamos con el inmenso cariño que él provocaba, quienes no le olvidamos aunque hayan venido veranos y primaveras nuevas, estamos un poco más tristes que lo que da el día. Aunque estemos aquí, escribiendo y amando, pérdidas como la de este amigo tan especial, nos deja medio huérfanos. Y ante la impotencia del poder que no le fue dado a los hombres, sólo nos queda la esperanza de que esté en ese lugar que soñamos y que merece.

He ido con una amiga que lo quiso al cementerio. Le ha llevado flores. Está todo muy frío sin él y  entre tanto silencio obligado he dejado mi pensamiento quieto mientras observo cómo corre el agua por el verde suelo del cementerio buscando no sé que mar de sueños rotos.

Sólo tres años -mucho son tres años-  y sin embargo parece que fue ayer cuando su cara preciosa sonreía a cuantos llegábamos al ayuntamiento y, con la celeridad de un rayo, se disponía a atendernos. Aunque la vida sigue,  el consistorio se mantiene abierto y comemos todos los días, hay personas que dejan un hueco tan grande que nadie puede llenar. Miguel Ángel es una de esas personas. Y hoy quiero recordarlo con el cariño que se recuerda a las almas buenas que han venido a traernos un rayo de luz.

Te mandamos, Miguel Ángel, nuestro recuerdo caliente y amoroso, nuestra triste impotencia y mansedumbre, nuestro beso más tierno y un abrazo.

Desde este Garitón empapado de lluvia y con una rosa roja que ha nacido para él, Mariví Verdú.

domingo, 7 de octubre de 2012

DOLIENTE Y DE OCCIDENTE SE ENCIERRA A CAL Y CANTO CONTRA EL DESENCANTO.

Nada hay peor que tener la cabeza buena. Nada comparable al terrible dolor que da la reflexión serena ante este miserable mundo. Cuando se vive la injusticia, en clara situación de abandono y desamparo, teniendo conocimiento y certeza de las estrategias que se estudian fríamente para tenernos cogidos por las pelotas; cuando se ponen en práctica macabros mecanismos de sometimiento y deja de haber ética y bondad: adiós a la alegría. Y ahí, ante la carencia de ella, ante la falta de amor y justicia, aparece el desencanto. Con él, los hábitos malsanos y la miseria. Con ellos, los sucedáneos del placer, los tapavacíos (palabra que acabo de inventar, tan válida como televisión pero más profunda), los juegos para perder, los opiáceos, los dramas mentales. Porque toda la finalidad de este mundo moderno, de esta sociedad tan civilizada y limpita (siempre la mierda debajo de la alfombra) es ponernos a los pies de los caballos, tenernos dominados, hacernos pagar hasta el agua de la lluvia y no dejar que nos mojemos con ella la cara o confundirla con nuestras lágrimas.

A mí me entra un escalofrío por el cuerpo y me pasan por la cabeza tan malas ideas que me contagio de una maldad impropia. Pero, entre tanta podredumbre, es normal que nos salpique la inmundicia. Porque vivimos engañados desde que nos vendieron el placebo demócrata. Porque en ese supuesto poder del pueblo va implícita la falsedad y con una preguntita dirigida y una urna nos quieren vender libertad cuando la elección es siempre pollo o pechuga. Porque eternamente mandan los mismos, o los hijos de los mismos, o los nietos de los mismos, porque ellos saben lo que llevan entre manos  y también se tienen cogidos entre ellos por las pelotas. Cuando entra alguno que no viene de familia... a saber cómo conoció el secreto y le dieron la llave que abre las puertas de la manipulación. Excepcionalmente entra en el circuito alguno que no hace más que confirmar mi regla.


El poder no nos quiere sanos, nos enferman para darnos despues la medicina a precio de orillo. Por eso me voy a curar en salud. Cuando pregunten por mi decidles que no estoy, que ya me he ido y que no vuelvo. Pensar en lo absurdo de esta vida me aturde de tal manera que no me queda más remedio que cortar por lo sano y quitarme su lastre. Al fin y al cabo, lo que interesa de cada uno de nosotros es que paguemos impuestos. Nadie notará mi falta porque pagar, lo que se dice pagar, pago hasta con mi salud. Y, como nadie es insustituible, que venga otra buena persona en mi lugar (por favor, que se lo piense) y que tome mi puesto hasta que quede tan consumido como yo. Trabajar para la Cultura y el Bien Social es estupendo cuando se tiene vocación y además se es funcionario. Cuando sólo se tiene voluntad y nadie te pregunta de qué comes o si comes algo y ves que a nadie le importa ni lo uno ni lo otro y sientes cómo se aprovechan de ti hasta la saciedad, hay que irse pero antes se deben decir los motivos a la cara: estoy hasta la coronilla de caraduras. Qué trabajen los que cobran.