domingo, 5 de enero de 2025

RITUAL DE AÑO NUEVO, por Mariví Verdú

II.- Después de una Nochebuena y Nochevieja con los míos, dando gracias por las presencias y ausencias insustituibles, por la mesa repleta de frivolidades gastronómicas, de comidas, bebidas y postres deliciosos, intenté distraer el bajón de mi pensamiento activo poniendo atención a la amena sobremesa. Nochebuena es una fiesta muy delicada, sutil diría yo, por cuanto lleva de carga emocional para la inmensa parte de españoles que nos hemos criado en el cristianismo. Lo que se celebra es eso y no otra cosa, el nacimiento de un Niño que cambió la faz del mundo, aunque intentemos hacer de ella una fecha laica y consumista.


Llevo muchos años en los que dedico parte de mi tiempo navideño a conservar una costumbre que tenían dos grandes poetas malagueños: Alfonso Canales y Manuel Alcántara. Ellos se enviaban unas décimas para felicitarse las Pascuas entre sí. Hace años lo manteníamos Juan Miguel González, Pilar Bugella y yo, pero creo que solo quedo yo guardando la tradición, haciendo públicas mis felicitaciones y extensivas al mundo por este medio que la evolución y el progreso nos ponen a la mano. Este año escribí varias de las que extracto un par de ellas.



Me estoy tomando el café,
es día de Nochebuena,
estoy pensando en la cena...
y en el año que se fue.
Otro año que no sé
qué ha pasado, dónde he ido
buscando el tiempo perdido,
ese que dejé perder
habiendo cosas que hacer...
No me perdono el descuido. (...)

(...)
Es tiempo de agradecer,
tiempo de puertas abiertas,
de darnos todos la vuelta
y al origen descender.
La historia está por hacer
y de nosotros depende,
de la gente que no ofende
y que usa el corazón,
vivamos, pues, la emoción
del amor, mágico duende. (...)


Con mi familia de vacaciones por aquí, no hice planes ninguno. La prioridad ha sido estar con ellos, libre de obligaciones para atenderlos cuando quisieran o pudieran venir. Tampoco ha sido un gran sacrificio, son fechas de recogimiento para mí y de disfrutar de las cosas pequeñas que son tan grandísimas e inexplicables. Hacer mi Nacimiento, por ejemplo, como hicieran los míos desde años atrás, con un Belén de croché realizado por mi madre que conservo como un tesoro, como una entrañable reliquia.   En mi libro “Maytines del Nacimiento”, como introducción a mis villancicos, comienzo diciendo:

(...) De aquella caja bonita, guardada por tres generaciones, ambas sacaban los papelillos coleccionados durante el año y los ponían sobre el tapete de cretona. Los había de celofán, de orillo, de platilla de colores. Los de alfajores eran los más apreciados y los de la fruta escarchada que nos traía la madrina. Los había rojos, gualdos, azulinos, morados, rosas fucsia, verdes fieltro... todos de espejo. Mi madre los guardaba planchados y de ellos hacíamos preciosos adornos de Navidad: minúsculas cajitas de regalo, flores de acebo, bolas, pirulíes. Lo más parecido a un milagro ocurría, cercano el día de la Inmaculada, cuando sacábamos la caja del Misterio. (...)

Y sigue ocurriendo. El temblor de sacar la caja del Misterio es motivo de alegría, sin embargo la incertidumbre de guardarla un año más, a sabiendas de lo corta que es nuestra estancia en este mundo, produce un inevitable desasosiego.

En la mañana del día de año viejo, después de una visita de mi hijo que estuvo arreglándome una cerradura, varios enchufes y colgando el carrillón de viento y estrellas de mi puerta, felicísima,  salí a comprar. Entre otras cosas, vasos de papel y un kilo y medio de uvas. Ya por la tarde, a media hora de salir de mi casa, tomé catorce vasitos donde las coloqué en grupos de doce, una vez lavadas y secas. Había guisado el día antes una cazuela de lomo en manteca y corté con el viejo cuchillo jamonero de mi madre un par de platos para aportar algo a la generosa mesa de mis consuegros. Este año, con la esperanza de un nuevo ser, un varón que vendrá a multiplicar la alegría.


Compartidas las uvas y los besos, brindamos por el nuevo año como estarían haciendo a la par la inmensa mayoría de paisanos de esta España nuestra. Desear feliz año nuevo es una obligación moral que tenemos los unos con los otros. Hacer que así sea, debería serlo también y en eso habrá que poner el empeño. A una hora prudente ne fui despidiendo para el viaje de vuelta. Eran las dos y media de la mañana. Desde El Cónsul hasta El Garitón, tuve media hora para el balance del año, una revisión salpicada de luces largas y de intenso tráfico hasta llegar a Alhaurín de la Torre. Y a dormir.

En unas horas di paso al pequeño ritual de Año Nuevo, repitiendo una vez más el de mis últimos tiempos: desayunar mirando al mar y a la ciudad dormida, cambiar mi agenda con toda la tristeza que eso conlleva, abrir la nueva con la enorme incógnita que intento colorear de esperanza y ofrecerme desnuda al sacrificio, más mansita que un cordero, dando gracias por permitirme un año más podar los rosales de mi madre, los pies de moscatel de Alejandría que sembraran mi padre y mi tío Federico, el jazmín donde descansa mi tía María Teresa y desde este altozano de El Garitón no perder de vista el solar donde descansa mi hijo. Cerrar la agenda anterior, la de 2024, darla por concluida, saber que he de quitar nombres y añadir algunos a la nueva, me causa una tremenda desazón. Sentir que se me escapa un año de vida como un soplo, desde que comprara mi diario de dos tonos marrones en Canillas de Albaida aquel día dos de enero en el que cogimos violetas salvajes en el Río Taravilla (siguen secas en las primeras páginas), hasta la de este año que ya  guarda tres días de mi vida, resultado de un cambio en María del Valle. La única que les quedaba...

Ha pasado otro año y aquí estamos: tú, que estás leyendo, vivo y dedicado a tus cosas, y yo, viva, escribiendo, dedicada a las mías.

Desde El Garitón, deseando que sea un año bondadoso para todos, os mando un abrazo.

 

sábado, 4 de enero de 2025

DE SOROLLA, AL CIELO, por Mariví Verdú

I.- Hace mucho que no me siento a escribir. He dejado pasar estos días de Navidad  y de año nuevo porque he estado ocupada en mil cosas que no me han permitido sentarme un rato a oírme. Ha habido de todo, alegrías y tristezas pero siempre la sombra es más densa que la luz y a veces oculta el punto de luz que nos da paso a seguir viviendo con un hilo de esperanza. Hoy necesito quitarle la válvula a mi corazón y dejarlo ir, atenderlo, traducirlo en palabras. Últimamente está más sensible que de costumbre, más callado y cuando me habla lo hace en un idioma tan difícil de transcribir, con un lenguaje cansado, encriptado a veces, aterido de frío, perdido, confundido en este divagar tristemente finito, bordeando  el límite de sucesos. Me cuesta darle voz a este silencio y reconocer el cansado tic tac que me mantiene viva. Lo identifico por el deje a melancolía que no ha perdido, por varias frases construidas con lágrimas que usa como coletilla y un exceso de pretéritos del verbo amar. En este latido al unísono del planeta que acompasa a todos los seres vivos, son los únicos rasgos que pueden demostrar mi autoría.

La única entrada de mi blog en diciembre fue para contaros el grato viaje a Bilbao, a Barakaldo, con motivo de la presentación de la Antología de la Copla Flamenca en la clausura del XXXVIII Concurso de Letras Flamencas “Hijjos de Almáchar” y las dos entradas anteriores, las de noviembre, para conmemorar el XXV Aniversario de la muerte de Manuel Benítez Carrasco y presentaros el mismo libro de la Editorial Renacimento. Y la verdad es que han pasado miles de cosas más que no cuento, unas por falta de tiempo y otras por exceso de celo. Os cantaré parte de mi viaje a Madrid y me reservaré el viaje a Talavera en el deseo de que todos mis lectores puedan disfrutar de la familia como yo lo he hecho, de mi nieto y del regreso a Málaga en coche, cruzando los cuatro media España, viendo y disfrutando la bendita tierra que nos ha tocado en suerte y dando gracias cuando bajábamos el Puerto de Las Pedrizas porque en media hora estaríamos en nuestros destinos.

Ir a Madrid tiene siempre su atractivo. Viajar en AVE, su encanto. En esta ocasión compartí vagón y mesa con un poeta joven, compositor de raps, Julián, que iba con su abuela al concierto de Alfonso La Cruz. Le recomendé la exposición que me había llevado hasta allí, y me los volví a encontrar en el Palacio Real. Pero verme ante la obra de Joaquín Sorolla es un placer tan grande que necesito disfrutarlo a solas.

Madrid, ciudad monumental, ruidosa, lleva implícita su multitud, la necesidad de llevar un fajo de billetes, de acometer grandes desplazamientos a escoger entre las miasmas del metro o las sorpresas del taxímetro y la tristeza de ver aún pobres descalzos y tirados en la calle al lado del Palacio Real o entre La Almudena y el Consejo de Estado en la Calle Mayor. Qué sentimiento más malo. Y el colmo está en Atocha: no tener dónde guardar la maleta si llegas en Ave porque lleva tantísimos años sin consigna y en obras que aburre al santo Job. La Estación de Atocha se ha quedado obsoleta, fuera de onda. Sí, amigos, está muy anticuada y no ofrece comodidad alguna a quienes tienen que pasar horas allí, ni para ocio ni para restauración, habiendo que pagar quince euros por un bocadillo con la lengua afuera, enseñando la loncha ridícula de jamón que contiene. Y sin alternativas. Sí, Madrid tiene su dos caras, la de ofrecernos una oferta cultural y de ocio sin parangón y la de una ciudad desorbitada y deshumanizada donde solo queda de bueno la mitad de su gente que me imagino estará deseosa de que la otra mitad se vaya a tomar viento. Pero Sorolla bien valía pasar ese quinario que despedía al otoño.

Sorolla, cien años de modernidad, exposición temporal en el Palacio Real que podremos disfrutar hasta el 16 de febrero, alberga 77 obras de lo más representativo del artista, tanto en su temática como en las fases de su producción, aunque pude disfrutar de su Café de París, expuesto para la ocasión y nunca visto antes en ninguna de sus muestras. Sigo la obra de este artista desde hace años. Recuerdo con verdadero entusiasmo la vez que nos trajeron varias de sus obras a Málaga con motivo del centenario de la Generación del 98 con “La mirada del 98” en la Sala Alameda, hace exactamente veintisiete años: He ido a su Casa-museo en Madrid, he visto y celebrado documentales de su vida...me interesa su obra. Me encanta su obra. Y pude fotografiar cada cuadro, cada rasgo de su genialidad, cada rayo de sol atrapado con su pincel y cada gota de agua donde el sol reverbera...

Y desde el palacio a la agitación del metro, a la estación triste, para irme  con los míos a Talavera. La estación de Talavera es romántica y vieja, como yo. Y allí estaba mi hijo para salvarme del mundo. 

Desde El Garitón, recordando la belleza de los días pasados, Mariví Verdú


martes, 17 de diciembre de 2024

CLAUSURA DEL XXXVIII CONCURSO INTERNACIONAL DE LETRAS FLAMENCAS "HIJOS DE ALMÁCHAR", por Mariví Verdú

Desde que amaneció el pasado jueves, día 12 de diciembre, hasta la mañana del domingo quince, todo el tiempo he sentido un ángel de la guarda a mi lado. Si queréis venir conmigo estos días, os lo cuento. 

Llegué a Bilbao con un frío soportable pero en el aeropuerto recibí el abrazo calentito de un grupo de amigos almachareños, encabezados por el alcalde Antonio Yuste, y en tan grata compañía llegué a Barakaldo. Dos taxis de malagueños con ganas de compartir la experiencia familiar que un año más nos lleva a la Calle Castilla y León número 2. Llegamos riendo, disfrutando ya desde la fresca mañana bilbaína. Allí nos esperaban el presidente de la Asociación Andaluza Hijos del Almáchar, Manuel Sánchez Villalba, y su hermano Bernardo. Juntos nos tomamos unos cafés después de abrazarnos y ponernos al día y pude conocer al resto de los componentes del grupo formado por concejales de distintos partidos políticos, todos almachareños: Juan Manuel Pérez Fernández, Adrián Santana Guerra y Juan Pérez Gámez. Con ellos venían Joaquin y Leticia, de Axarquía Información, y Beatriz Nuñez Priego.

Dejamos el equipaje y nuestras pertenencias en la asociación, en la misma sede donde se celebraría al día siguiente, viernes 13, la presentación de la Antología Poética de la Copla Flamenca y liberados nos fuimos a pasear todo Barakaldo. Llegamos al teatro donde tres días más tarde celebraríamos el XXXVIII Aniversario del Concurso Internacional de Letras Flamencas "Hijos de Almáchar" y nos fuimos de pinchos y zuritos toda la mañana.

Ese mismo día había quedado con mi amiga Concha Landa de Vitoria para vernos y echar el día juntas. Fue una satisfacción volverla a abrazar. La vi venir a mi encuentro por Calle Nafarroa, a la altura de la iglesia de San José. Conchi y yo nos conocimos en Almería, en un viaje del imserso y nos hemos hecho amigas, lo que no esperaba es que vendría hasta Bilbao para abrazarnos y tener la ocasión de compartir un día feliz. Al final nos quedamos por Barakaldo y fuimos a comer a un lugar que nos había recomendado el propio presidente. Por la tarde fuimos a Bilbao y vivimos muchas peripecias juntas, nos reímos, merendamos y nos pusimos al día de todo lo importante, compramos suerte y nos regalamos unas horas mágicas. Nos despedimos ya entrada la noche deseando un nuevo encuentro y agradeciendo a la vida cuanto nos ha dado. Me recogí enseguida. Estaba fundida del viaje y del palizón de andar que nos dimos.

El grupo al completo estuvimos alojados muy cerca de del Teatro Barakaldo y desde allí  llegábamos con mucha facilidad a la sede de la Asociación. El viernes me levanté temprano y llegué hasta allí con el deseo de ver a los amigos. Ese día era mi día, el motivo principal de mi visita a Barakaldo, la presentación de la Antología Poética de la Copla Flamenca, un aproximación al Flamenco por sus letras, editada por Renacimiento y auspiciada por la Diputación de Sevilla.

Me abrigué bien, hasta con guantes y sombrero. Había organizado la mañana de ese día prácticamente al completo, pero hubo cambio de planes. Desayuné en el café de la asociación hasta que llegó Manolo,  el presidente. Traía el nuevo vestuario del Grupo de Baile Malaka, el que componen hijas, sobrinas y nietas de los socios, y algunos vestidos había que modificarlos. Los trajes los iban a estrenar en la gala del sábado y me ofrecí para coser si había que hacerles algunos arreglos, por lo que tomé la decisión de quedarme y ayudar. 

De esta manera pasé a formar parte de un taller de costura improvisado, después de regresar de Bilbao y realizar un compra necesaria. Y allí, con un grupo de maravillosas mujeres: Lourdes, Charo, Juani (la mujer del presidente) y Leire estuvimos dando lo mejor de nosotras. Le dedicamos prácticamente el día y hasta media hora antes de la presentación del libro. He de decir que el tiempo de costuras fue tan mágico como el de la presentación. De hecho, a las siete el taller se convertiría de nuevo en salón de actos y seguidamente en lugar del ágape. Hay que vivirlo, verlo para creerlo y poderlo contar. Este grupo de almachareños son increíblemente eficaces, trabajadores, abnegados, además de buenísimas personas que es lo más importante de todo. Volvería a hacerlo, sin dudar, a comer bizcocho de Charo, a ver cómo ensayaban las chicas, a disfrutar de la amistad.

En el almuerzo, al que estuvimos invitados todos los que habíamos volado juntos, estaban  también María José Martín, presidenta de la Peña Flamenca de Almáchar, hija de mi amigo Vicente, y otras personas que llegaron el mismo viernes. Con todos compartimos la mesa, la armonía y la alegría de vivir. Lo pasamos muy bien. Al acto de presentación, vinieron todas la personas anteriormente nombradas, prácticamente todos los directivos de ambas entidades hermanas, Barakaldo y Cornellá del Llobregat, acompañados de sus mujeres; Jagoba, responsable de la asociación en redes, los responsables de Axarquía Información, los concejales Alba Delgado, Carlos Fernández y Raquel Olalla del Ayuntamiento de Barakaldo... el salón estaba completo.

Después de las cariñosas palabras del presidente Manuel Sánchez Villalba, comenzó mi intervención. Hice un recorrido por el libro, nombré a cada uno de sus antólogos: José Cenizo Jiménez, profesor, experto en flamenco y poesía, crítico literario, escritor y letrista; Rafael Domínguez Villa, escritor, poeta y letrista;  Catalina León Benítez, profesora, escritora, estudiosa del flamenco y experta en su didáctica; Francisco Antonio Linares Lucena, profesor, escritor, investigador, poeta, letrista, lexicógrafo, dialectólogo y estudioso del flamenco; José Francisco Ortega Castejón, experto en música y flamenco, editor de la revista “La Madrugá”;  María del Mar Prats Yusta, profesora de baile, poeta y letrista y al ideólogo y coordinador, Domingo Jiménez Cánovas, así como al prologuista tan especial que hemos tenido: José María Velázquez Gaztelu. Hablé del misterio y el duende que rodea a la letra flamenca y cité parte del prólogo que no tiene desperdicio. Abrí debate, turno de preguntas y luego, después de dedicar algunos ejemplares, comimos y bebimos brindando por la amistad y el encuentro. Me retiré agradecida a tomar un caldito de puchero con mi amiga Juani a casa de Ana, una almachareña increíble que regenta un bar al volver la esquina de la calle. Me dieron las diez y las once hablando con ellas, y me dieron las doce y la una, las dos y las tres...sin dormir: emocionada, agradecida, recordando lo vivido.


Al día siguiente estaba allí como un clavo. Había quedado con Miriam Sánchez y no podía faltar. Hasta acabar su vestido. Más tarde me fui a Bilbao, necesitaba pasear por el Casco Viejo, asomarme a la Ría, llegarme al Mercado de la Ribera y gozar de un vermut rojo y un pincho en aquel marco único, exclusivo, inevitable sí voy a Bilbao. Y eso hice, como la protagonista de un ritual mágico donde toda la esencia de la tierra viene a mí y me abraza. Allí, esperando el tranvía, frente a la Iglesia de San Antón, me despedí de Bilbao hasta otra y tiré para Barakaldo totalmente emocionada.
Llegué justo a la hora del almuerzo y les leí esta décima que había hecho en esos duros momentos de mi sentimental insomnio:

Hay momentos en la vida
que me ayudan a vivir,
los que puedo compartir
con mi gente más querida.
Arropada, comprendida,
rodeada de lo mío,
ese mundo en quien confío
que me roba el corazón.
Para todos, mi canción
agradecida, os envío.

Habían llegado ya el ganador de concurso, José Sánchez Cano, y su querida compañera Marisa, con quien hice migas desde el primer momento. Hablamos de muchas cosas, antes, durante y después de la comida, un almuerzo que despedimos los tres juntos y porque nos avisaron, de no haber sido así, todavía estaríamos allí y porque el acto comenzaba a las seis y media y había que arreglarse un poco. Eso hicimos todos, ponernos un poquillo guapos para asistir a la clausura. Lo intenté, al menos.

Llovía a la hora de salir del hotel, pero afortunadamente no habían más de cien metros hasta el Teatro Barakaldo. Presidido por la alcaldesa Amaia del Campo, el alcalde de Almáchar Antonio Yuste  y nuestro querido presidente Manuel Sánchez España, acompañados a su vez de ambas corporaciones municipales, comenzó el acto a la hora prevista. Presentaban, como en ediciones anteriores, Joseba Larrinaga y Cristina Zúniga y, tras dar la bienvenida, comenzaron las pequeñas del Grupo Malaka con su baile llenando de gracia el escenario. 


Siguieron las adolescentes y terminaron las brillantes actuaciones las más mayores, todas jóvenes y hermosas, responsables del Grupo Malaka.
Y comenzó la entrega de premios.

Los premiados de la XXXVIII edición del Concurso Internacional de las “Letras Flamencas”, con el Jurado formado por Salvador Pendón, José Martín Pérez y Luis Cabrera Sánchez, había otorgado  premiar, bajo el lema “Maresía”, a José Sánchez Cano de Lebrija, Sevilla, con el primer premio.
Bajo el lema “Misericordia”, el trabajo de Rafael Domínguez Villa, de Sevilla, con el segundo premio y el tercero, bajo el lema “Por amor al arte”, a Juan José González Aguilar de Conil de la Frontera, Cádiz.
Rafael Domínguez Villa consiguió el especial “José de la Picá” a la seguiriya, y los especiales al mejor verdial, la mejor malagueña, la mejor soleá y la mejor bulería fueron para  José Sánchez Cano. Se entregaron los premios en orden inverso y yo subí a recoger el segundo en nombre del compañero de la antología Rafael Domínguez Villa. Lo recibí  de manos de la alcaldesa Amaia del Campo. El último en subir y recoger su premio fue José Sánchez Cano, que lo recibió de Antonio Yuste, alcalde de Almáchar. Después de diez minutos de descanso, subieron al escenario la cantaora Nuria Martín vestida de un blanco inmaculado, dispuesta a ser el centro de atención, y el guitarrista Francis Hernández, deleitándonos con su buen hacer. Por cierto, he de decir a los organizadores y especialmente a los iluminadores, que fueron un acierto las luces cenitales, particularmente las azules... 

Comenzaron con un recorrido por Málaga, desde Andalucía de El Chino de Málaga para acabar por verdial, una letra que hace muchos años le dediqué a Nuria Martín y habla de sus abuelos fiesteros, ya que estamos emparentadas por mi vía materna, por mi abuelo José González González, de los Montes de Málaga, y el suyo Antonio Martín González “Raicero” y a su otro abuelo Andrés Rivera Torres “Cincorrales”.  Me dedicó unas palabras de agradecimiento que me enternecieron.

 Continuaron por tientos y tangos, por soleares -por cierto cantó la de La Niña de los Peines que cita Gaztelu en el prólogo:

Fui piedra y perdí mi centro
y me arrojaron al mar
y a fuerza de mucho tiempo
mi centro volvía a encontrar.

Después del solo de guitarra por granainas de Francis Hernández, donde encajó un recuerdo de la Suite Española de Albéniz, correspondiente a Asturias, se levantó la sala en aplausos. 


Nuria salió con nuevo look para cantarnos unos villancicos por campanilleros: “El rico avariento”. Y para acabar nos interpretaron “Hay que nacer en Jerez” recordando a Lola Flores. Pero no acabó aquí, y yo lo sabía, aún nos tenían guardado un fin de fiesta por bulerías. Nuria no se iba sin una pataita y descalza se marcó un baile que hizo las maravillas del público. Pude hacerle unas fotos que así nos la muestra, en pleno delirio.

Y para concluir, cerraron el acto las componentes del Grupo Malaka, esta vez todas juntas, las chicas y las mayores, poniendo el broche final una actuación redonda y emotiva.

Antes de despedirnos hasta el año próximo, los presentadores Cristina y Joseba llamaron al escenario a dos personas incondicionales, entregadas, imprescindibles, Paco y Leire, tan importantes en la organización, recibiendo de los presentes un fortísimo aplauso mientras bajaban el telón.
Se nos hizo corto todo, todo. 



Luego continuó la noche con un ágape en la sede, una comida generosa donde todos dimos buena cuenta de las delicias y del vino. Estuve sentada con Nuria -no podíamos estar más tiempo de pie-, con los hijos de Alba, recibiendo clases de guitarra de Francis Hernández, aprovechando los últimos minutos de mi estancia con gente querida... Me despedí uno a uno de cada amigo con el deseo de volverlos a ver pronto y con la esperanza de que ellos también puedan verme a mí y abrazarnos como en esta ocasión, estrecha y fuertemente.

 


Me fui a dormir con pocas ganas. Paseé hasta Los Fueros y por Elcano Kalea disfrutando las calles mojadas y el ambiente limpio después de la lluvia. Todo olía a Navidad. Tenía solo cuatro horas para descansar, pero no podía. Me acosté pensando, dormí un par de horas y a las tres ya estaba escribiendo, viendo fotos, intentando dejarlo todo bien guardado en mi retina para que nada se me escapara...

Recogí muy temprano mis cosas. Aún no había pasado el operario de la limpieza con su chorro de agua por Calle Nafarroa. La juventud seguía de marcha sin temor al frío, en plena calle... La juventud, esa edad que aún se cree inmortal, es totalmente envidiable.

Regresamos en el mismo vuelo Nuria, Francis y yo. Nos separamos, cada uno llevaba su billete sacado desde muchos días atrás y no pudimos ir juntos. Volvíamos cansados, aunque felices y agradecidos por el amable trato recibido. 

Vi amanecer sobre las nubes, volando por el cielo, entre el sol y una espléndida luna llena: la luna fría de diciembre. Y, como un milagro, como una primera vez, me sentí mecida sobre el aire, repleta de esperanza.

 Traje regalos. Volví más cargada que a la ida. Pero la rosa, el eucalipto y el trigo de Miriam, de Sandra, de Leire y de las niñas llegaron asombrosamente intactos y lucen en mi entrada con aires de para siempre, con intención de eternidad.

Desde este Garitón que dejé por unos días y que hoy me cobija con la ternura de mis padres,


Mariví Verdú

 Fotos:
Jagoba Cueto
Beatriz Núñez
y Mariví Verdú

 

 

 

 


lunes, 25 de noviembre de 2024

A MANUEL BENÍTEZ CARRASCO EN EL XXV ANIVERSARIO DE SU MUERTE, por Mariví Verdú

Hoy se cumplen veinticinco años de la muerte del poeta granadino Manuel Benítez Carrasco. Siento la necesidad, la satisfacción y el deber de dedicarle unas horas de mi tiempo para recordarlo, para hablar de él y llevar su nombre por estas redes como el que transporta una esencia, un tesoro, una joya de incalculable valor.

No he dejado de recordarlo porque no se me olvida. Su amistad me ocurrió como ocurren los milagros y su vida y la mía están ligadas a pesar de la muerte. Vive en mi memoria toda su obra poética y está ahí desde niña. Crecí oyendo sus versos, escuchando su voz, rapsoda único y magistral, y fue mi padrino, el que me lanzó al público bajo su mano protectora. Ocurrió en Calle Alemania, en el local que regentaban una pareja muy querida por mí; Ángel Montes, gaucho y trovador, y su esposa Lida, ante la presencia de grandes amigos y de mis tíos Gabriel González y Virtudes Guzmán que me avisaron de que estaba recitando Manolo. Tal y como estaba en la cocina, me quité el delantal y cogí un taxi para llegar lo más pronto posible. Estaba allí, delante de mis ojos, entrando por mis oídos, adentrándose en mi corazón. No dejó de mirarme desde que entré. Se ve que estaba comparándome con alguna foto mía que su amigo y compadre Joaquín González Medina le habría enseñado. O que se me notaba demasiado la adoración que por él sentía...

Nunca he sido imparcial al hablar de Manolo, el sentimiento no me deja ver con objetividad su obra poética: no se puede hablar con la razón y el corazón tirando al mismo tiempo. La cuestión es que me la sé de memoria, llevo escribiendo toda mi vida y me sé los poemas de Manolo pero no los míos.


Recuerdo lo que escribí al conocer su muerte: Ha muerto Manuel Benítez Carrasco, mi maestro. Él, que era todo un ser humano y una de las voces más singulares del alma poética, ya no está entre los que respiramos. Agotó su aliento luchando con una enfermedad que se rompe el corazón a si misma y a todos. Se ha fugado al silencio y en él está, de pié, con su exquisita figura, con su bastón, con su sonrisa mitad dulzura, mitad ironía y la tímida calidez de su mirada. Se apagó su voz de clavo y arrayán.
Manolo ha dejado un legado de versos navegables y redondos, sus magníficos poemas de  Mi barca, suya y nuestra, con la que iba y siempre volvía de México a Málaga, de Buenos Aires a Granada, de corazón en corazón. Dejó también el eco de su palabra niña, tierna y pasional, en el aire del Teatro Cervantes, en las aristas de cristal de Cofarán, en el barroco oxígeno de El Gaucho Argentino, en los últimos cañizos del Merendero Miguel, en la brea azulada de Huelin, en el marismo de Playamar, en las voces elevadas al siempre de Lola Flores, Manolo Caracol, Enrique Montoya, Gabriela Ortega..., en las de Rocío Jurado, Diego Gómez... y tantos otros ecos suaves y terrenales en los que leemos sus perfectas soleares, sus poemas de jazmín y clavel, todo perfume de oídos. Sus libros son árboles floridos, resueltos en trinos y amarguras. La luz de la pasión llevan por dentro. Esencia de agua y de muertes pequeñas son. Ahora, que la suya es una muerte grande y de verdad y sabiendo que Manolo ya estará donde siempre estuvo, en los libros, en el silencio, en el corazón de los amigos y en muchos sitios a la vez, yo quedo en Málaga echándole de menos, sin llegar a entender porqué se mueren mis dioses.

En Granada vio la luz
Manolo, por vez primera.
Por la señal de la Cruz,
con luz vino y con luz queda
el gran poeta andaluz.

He escrito muchas cosas sobre él y hablado en muchas ocasiones, en el Ateneo de Málaga, junto a Diego Gómez, uno de los locutores que más difundió la poesía de Manolo; en la tertulia que lleva su nombre dirigida por Fernando López, en Granada y junto a mis queridos amigos el pintor David González “Zaafra” y la bailaora María Guardia “Mariquilla”, Rafael Delgado Calvo, catedrático y biógrafo de Manuel Benitez Carrasco, el guitarrista José Manuel Cano y Fernando López en la presentación de las carpetas que realizó Zaafra con retratos de dos grandes granadinos y amigos, Manuel Cano y Manuel Benitez Carrasco y en mucho aniversarios que he organizado junto a la asociación de rapsodas que dirigía Juan Real en la Cueva del Tesoro y distintas asociaciones y peñas malagueñas. Le he rendido homenaje en cada rincón por el que he dejado palabras mías: una sección fija en la revista Calle del Agua y un especial titulado: Granada y Manolo, en la Revista Acordes de Flamenco, al que pertenece el siguiente texto:

“Recuerdo una Granada especialmente triste ese día de Noviembre. Entrar por sus puertas siempre es sobrecogedor porque esta ciudad está aduendada y es bella hasta el delirio. Sus patios cerrados, sus encalados cármenes llamando al silencio; sus cipreses, señalando las cumbres, cielo y nieve, y el eterno sonido del agua de sus fuentes…Todo desprende una poesía tan grata como triste, tan monótona como dulce, tan sutil que trasmina y se adentra finamente en el alma infundiéndonos su melancolía.
Corría una fría ventisca en la calle. Para ver al maestro Manuel Benítez Carrasco, habíamos llegado algunos amigos desde Málaga. Estaba muy enfermo. Llegué con su íntimo amigo Gabriel, mi tío, y nos movíamos por los pasillos del Hospital de la Inmaculada con los ojos como rastro, buscando al poeta. Yo me resistía a verlo doblegado, impotente, a él, tan altivo y hermoso, al poeta que poseía la arrogancia justa y el porte más cuidado.

Pasaba de largo cuando oí su voz. Podría decir de ella tantas cosas…Es una pena que sobre el papel no puedan dejarse los estímulos y las cadencias de aquella agradable entonación cuando, más que recitar, cantaba o reía, lloraba o penaba, rezaba o sufría, así era Manolo.”

No quiero dejar que el día, que amaneció nublado, lo convierta en algo triste, todo lo contrario: Manolo era un hombre vitalista, divertido, amigable, ocurrente, guapo, atrayente, especial. Fui yo la que ordené su habitación después de irse, quien tuvo la difícil tarea de lo mundano, de recoger sus cosas, su intimidad en la vieja casa frente  la playa, en el paseo de Playamar. Su amigo y el mío Joaquín González Medina me dijo que si conocía a alguien de confianza para esta tarea, a lo que le contesté: ¿Te valgo yo? No me lo pidió directamente pero sabía que a nadie ajeno le íbamos a permitir ese último momento. Me llevé la comida al apartamento y los dos echamos el día. Estas cosas no le interesan a nadie, pero las cuento para que se sepan porque lo más seguro es que mi nombre no salga en ninguna biografía. Ni que nadie escriba la de Joaquín, por lo que os comparto el romance que escribí en 1997 y que titulé Corazón malagueño y va sobre la vida de este emigrante, íntimo amigo de Manolo, que tiró de mi tío Gabriel para la Argentina y los tres fueron amigos hasta la muerte.

Allá en los años cincuenta,
con su ilusión embarcada,
Joaquín González Medina
se fue un día sin mañana.

Y se llevó su sonrisa:
puro jazmín de biznaga.
…Esa sonrisa tan pronta
de marfil, de cal y nácar.

Su nombre es tan familiar,
tan amigo, tan de casa
que pensando en Argentina
Málaga siente añoranza.

…Mi González compartido…
apellido de montaña,
de horizonte y verdial,
de abuelos, de orgullo y raza.

Medina, materno Islam
de soñadas Alcazabas…
Ciudad de un azul total
con jardín de agua salada.

Él encontró en otro mar
un amor fiel, que aguardaba,
que le ha dejado en herencia
tres hijos, nueva esperanza.

Todo lo que fue buscando
su Virgen se lo encontraba
perfumando con romero
el agua de la distancia.

Había un trozo de suelo
que de niña yo pisaba
con dos nombres y una fecha,
ya por el tiempo, olvidada.

Decía: Joaquín y Loli.
Bermeja letra grabada.
Dulces Portales de Gómez.
Alacena de mi alma.

Guardo poemas y fotos
de esa juventud, sin plata,
con los cabellos morenos
y un Gabriel que le cantaba:

Arcángel de malagueñas,
íntimo amigo en jarana,
por el que yo le conozco
en secretas confianzas.

Recuerdo cuando venía
con su familia a mi casa:
número sesenta y dos...
Calle que a Cádiz llegaba.

En la Feria Malagueña
yo nunca siento su falta,
que si no está su persona
en nuestra memoria anda.

Buena faena en los toros
de La Malagueta, aguarda
que hayan venido sus ojos
para poder admirarla.

Igual que el pintor, se fue…
como el poeta y su barca.
nuestro Benitez Carrasco:
el  agua  de  las  palabras.

Buenos Aires, aire puro
te llevaste de estas playas.
Del Palo a Torremolinos
corren brisas de nostalgia.

Joaquín, allá donde esté
y donde quiera que vaya
llevará Málaga dentro
de su sonrisa y su alma.

Hoy, años después de las tres despedidas, ya sin Manolo, sin Gabriel y sin Joaquín, los echo de menos y los tengo presentes. Y, como poeta, sigo pensando en Manolo y teniéndolo como referencia, sintiendo con él la llamada de la poesía, disfrutándola, sufriendo y viviendo por ella, y así seguiré mientras me quede un hálito de vida. Para su memoria vayan mis palabras. Por los tres, mi corazón.

Desde El Garitón, con el cuerpo cortado por el gris del día, a punto de lágrimas, Mariví Verdú

La primera foto está tomada en la Playa de La Misericordia.
La segunda, en su tumba, en el Cementerio de Granada, mi madre y yo.
La tercera, el día que le conocí personalmente en El Gaucho Argentino: 24-4-1998.
La cuarta, en el Mesón de mis hijos "Durán y Verdú" en Calle Ángel, junto a ellos, Peri y Cheche.
La cuarta, en Granada, presentación de los trabajos de David Zaafra.
La quinta, está tomada por mí en la Playa de La Misericordia. Manolo y Joaquin González.
La sexta, el hermano de Manolo, entre David Zaafra y yo.
La septima, en el Merendero Miguel, en la Playa de La Misericordia. Manolo, Joaquin y yo.
La octava y última, el día que le conocí personalmente en El Gaucho Argentino: 24-4-1998.

 



martes, 12 de noviembre de 2024

ANTOLOGÍA POÉTICA DE LA COPLA FLAMENCA, UNA APROXIMACIÓN AL FLAMENCO A TRAVÉS DE SUS LETRAS, por Mariví Verdú

 Desde el 10 de febrero de 2022 comenzó una preciosa historia compartida con siete personas más, entre ellos el ideólogo y coordinador, el profesor Domingo Giménez Cánovas, profesor de la Universidad de Murcia, en quien ha recaído el mayor peso de este libro: Antología Poética de la Copla Flamenca, una aproximación al flamenco a través de sus letras, una antología que pretendía ahondar y poner en valor la letra flamenca y que hoy, dos años y  medio después, la vemos materializada gracias a la Editorial Renacimiento de Sevilla y a disposición de un público diverso: entendidos, aficionados, estudiosos y artistas.

En él hemos colaborado José Cenizo Jiménez, profesor, experto en flamenco y poesía, crítico literario, escritor y letrista; Rafael Domínguez Villa, escritor, poeta y letrista;  Catalina León Benítez, profesora, escritora, estudiosa del flamenco y experta en su didáctica; Francisco Antonio Linares Lucena, profesor, escritor, investigador, poeta, letrista, lexicógrafo, dialectólogo y estudioso del flamenco; José Francisco Ortega Castejón, experto en música y flamenco, editor de la revista “La Madrugá”;  María del Mar Prats Yusta, profesora de baile, poeta y letrista y yo, que ya sabéis de mi trabajo sobre la poesía del flamenco, actividad a la que he dedicado mucho tiempo de mi vida, intentando dar al verbo en el flamenco la consideración que por derecho merece, añadir la cuarta vertiente -primera, diría yo- tan importante, básica y necesaria como el cante, el toque y el baile. Por este motivo fundé hace veintiún años la revista Calle del Agua, sobradamente conocida por la afición malagueña y fuera de nuestros límites.

El método de trabajo que hemos seguido ha sido totalmente personal, de hecho no nos conocemos personalmente la mayoría, y ha estado ordenado y dirigido por Domingo, a quien tuve el gusto de recibir en mi casa en septiembre de 2001. Vino a El Garitón junto a su esposa Mari Trini. Aprovecho para desearles desde esta tribuna todo lo mejor a la nueva criatura que está al nacer,  ya que pronto serán abuelos. Con Domingo, a raíz de aquella visita, surgió la amistad, porque ésta nace siempre del conocimiento y respeto mutuo. Sigo desde entonces su abnegado trabajo  dirigido a la investigación, recopilación y puesta en valor de la letra flamenca. La prueba la tenemos en este libro. Y le agradezco que pensara en mí, invitándome a participar. De mi aportación solo puedo decir que está basada en una experiencia personal, familiar diría yo, y una dedicación desde hace muchísimos años a la creación literaria, a la poesía, y concretamente a la poesía del flamenco. Colaboré con la revista Acordes precisamente con una sección así titulada: La Poesía del Flamenco.

Y siguiendo con el método de trabajo, os cuento un poco del proceso: cada uno de los participantes escogimos, según nuestro parecer, 150 letras entre las mejores, las mismas que enviábamos a nuestro coordinador en un correo común al que todos teníamos acceso. Las letras fueron escogidas individual y libremente, bajo nuestro criterio, bajo nuestra propia visión, conocimiento y gusto, añadiendo cada uno su particularidad, su personalidad, las letras que creímos ser dignas de estar en esta antología. Como hemos sido personas de distintas procedencias, de distintas enseñanzas y dedicadas a diferentes formas de estudio del flamenco, el resultado ha sido muy heterogéneo y positivo, como todo lo que nace de la libertad y el consenso. El amor común a este arte y el aliento de nuestro coordinador nos ha llevado a a trabajar casi dos años sin decaer. La recopilación ha sido el resultado, por un lado de mayorías, con letras del acervo popular, y por otro de novedades imprescindibles, letras de autores como José Antonio Muñoz Rojas, Manuel Alcántara, Benito Acosta, Carlos Murciano o Benítez Carrasco son un acierto que estén en este libro. Todo un trabajo en equipo, consensuado y bien dirigido el que presentamos al mundo.  Algunos meses de espera y ya está aquí,  gracias al respaldo y la confianza de la Editorial Renacimiento y la suma de conocimientos de tan prestigiosos compañeros más el valioso trabajo de coordinación que han dado como resultado esta Antología Poética de la Letra Flamenco, una aproximación al Flamenco a través de sus letras.


A cuatro días  de cumplirse catorce años de la inclusión del Flamenco por la UNESCO en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconocimiento internacional a la música más rica y fascinante, aprovecho para desearle larga vida al Flamenco, a los amantes de este arte y a cuantos de una forma u otra hacen que siga siendo el arte más representativo del pueblo español. Dar las gracias a la Editorial Renacimiento por hacer material la antología y a los compañeros que la han hecho posible. Me siento muy afortunada. Gracias, Domingo, por confiar en mí.


Mariví Verdú

* Portada del libro  (Próximamente se presentará en la peña "Rincón del Cante de Las Castañetas").

* Foto del pasado día 10 de noviembre en el programa "Compás y después gloria", con Lourdes Gálvez del Postigo, dentro del programa "Días de Andalucia" de Carmen Rodríguez Garzón. Gracias, Lourdes, por tu cariñosa invitación y a Adela Arroyo por tan bonita foto. Y gracias a Primi Sanz, empatía y cordialidad:

Cuánta importancia le damos
a un vasito de agua fresca
cuando lo necesitamos.


ANTONIO MONTIEL, ESCUDO DE ORO del Rincón Flamenco de Las Castañetas, por Mariví Verdú

Un día más la magia tuvo su cita en nuestra peña, en el rincón del cante más flamenco de Málaga, en Las Castañetas. Ayer se concentraron all...